divendres, 13 de novembre de 2015

El amor según Barthes (a propósito de Happy Valentine, de Paul B. Preciado); SrChinaski Nuncalohizo

Dice Paul B. Preciado que el amor es un dron. Lo dice aquí, en estas líneas, y lo dice después del amor. O mejor, después de que éste haya dejado oquedades y grietas horadadas en su ánimo. "Otro corazón roto", leía muy certeramente al pie de esta noticia. Pero yo leo en las palabras de Preciado, más bien el deseo frustrado de no haber podido amar para siempre. De no haber podido amar de ese modo en que nos dijeron, en que nos contaron que era amarse, eso que debía, forzosamente, ser el amor. Leo las palabras de Preciado y pienso en mí a los 8 años renegando de la fe un gélido cinco de enero y, de algún modo, claro, renegando del amor. Pienso en mí odiando a mis padres, odiando la ficción de los camellos y los reyes, cada regalo, la pantomima de las tres copitas de champán, la mascarada del turrón y las pastitas, la crueldad que conlleva saber, llegar finalmente a saber, ese momento, que la esperanza es una farsa y la ilusión una mentira. La decepción, la pérdida de la fe, el descreimiento. Descreer es doloroso, mucho más que no haber creído nunca, mucho más incluso que seguir creyendo, o fingiendo que se cree, bajo la sospecha o la certeza de que no hay nada más allá de la llaga en la que Tomás pudo y quiso hundir el dedo.
Leo este texto de Paul B. Preciado y me parece un texto descorazonadoramente tierno, como si asistiera, mientras lo leo, a una especie de antiepifanía, a un hallazgo desgarrador al que más valiera no haber asistido nunca. Ese momento frente a los juguetes, al pie del árbol y de rodillas sabiendo, contra todo pronóstico, contra todo deseo, que el árbol y los juguetes son mentira, después de todo. Leo este texto de Paul, tan candoroso, y me veo a mí, tan candoroso, y realmente quiero abrazarnos.

A la mierda el amor, la familia, el romanticismo, las cenas con velas… ¡TODO!; Golfxs con principios


https://www.flickr.com/photos/bobbivie/15151561722/

 A veces da impresión que con alguna ideas se produce una bola de nieve ideológica, que se hace un pack inmenso en el que se incluyen tantos conceptos relacionados, que al final no queda nada donde agarrarse. Se acaba arrasando con todo y a veces incluso nos encontramos sin un solo concepto debajo del que tener algo de sombra, porque se han dinamitado todos.

Eso sucedió con el “amor romántico”, sea a partir de la clasificación de esos mitos hecha por Carlos Yela o la versión resumida de Luengo y Rodríguez, sea una de las mil versiones de ese listado que corren por internet o sean las  fundadas críticas de Brigitte Vasallo. Tiene mucho sentido reflexionar sobre qué consecuencias reales y dolorosas puede tener en nuestra vida asumir los mitos del “amor romántico” como referentes de nuestras relaciones sin ser conscientes de su existencia.Pero tanto acaba llamando la atención el concepto del “amor romántico” que se le acaba considerando “el enemigo”, equivocando la diana, que estaba enfocada a LOS MITOS, no el amor romántico. De todos modos, ese “amor romántico” en realidad es otra manera del llamar al “amor fusión”, o como lo esquematizan Luengo y Rodriguez, el amor que se resumiría en 1+1= 1.