dilluns, 21 de desembre de 2009

Bienvenidx a casa, Altimira

Anoche soñé que volvías. Nos encontrábamos en la plaza de la estación, donde solíamos quedar. Esta vez no estabas sentadx en el banco donde acostumbravas a esperar sino que de pie te mostrabas inquietx y cierta prisa te inundaba ... alguien te perseguía ... y yo te ayudaba a escapar.
Sin apenas disfrutar de nuestro encuentro empezamos a correr por el callejón que lleva hasta la puerta del parque, entrando para escondernos entre los arbustos sin tocarnos y casi sin hablar te quedaste escondidx mientras yo salía a caminar unos metros alejadx de tí para captar si había peligro alguno.
Hoy al recordarlo me pregunto de quién huías y cuestiono la utilidad de mi ayuda.
A veces nos vamos de este mundo sin conocer y aceptar a nuestro verdadero ser interior. Agarradxs a ciertas ideas o vistiéndonos con determinados comportamientos podemos llegar a pasar toda una vida sin disfrutar de quien realmente somos.
De entre todos los miedos existentes puede resultar aterrador el que produce reconocerse a unx mismx. Empezando porque no nos han enseñado a conocernos y acabando con el típico "¿esx soy yo?" ... amar a nuestra propia esencia nos ayuda a liberarnos de molestas huídas sin sentido que no hacen más que alargar el encuentro definitivo de una vida plena.
Gracias por ser mi espejo.

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