dilluns, 20 de setembre de 2010

Amor y cerebro, El Pez Martillo


La neurociencia, a pesar de todas sus limitaciones y complejidades, no deja de dar resultados sorprendentes. Así, en una somera búsqueda en torno a asuntos que a todos nos ocupan y nos mueven, como son los del encontrar pareja y del sexo (a veces, viendo nuestro comportamiento, parece que todo se reduce a eso), arrojan, de modo esquemático, estos datos:

-Amor y Odio siguen las mismas rutas neuronales. Esto no hace sino confirmar (a la manera moderna) lo que desde hace algunos milenios ya nos contaron los sabios, que amor y odio son dos caras de una misma moneda, que el uno implica al otro.


-Amor y sexo no pasan por los mismos caminos. Es decir, el estar enamorado tal vez poco tenga que ver con la sexualidad, puesto que las zonas cerebrales que se activan en un caso y en otro son distintas y no están relacionadas. Así se explicaría que podamos sentirnos atraídos sexualmente por una persona sin sentir nada por ella, y que podamos estar enamoradísimos sin siquiera pensar en el sexo con el objeto de nuestros sentimientos. Además, las zonas que controlan el enamoramiento tienden a la monogamia, mientras que las zonas del sexo nos impelen a la poligamia. Las causas de la sobrevaloración del "sexo con amor" no parecen estar en nuestra biología, así que habrá que acudir a mecanismos culturales para explicarlo.

-Las zonas que se activan en el cerebro de las parejas van cambiando según el paso del tiempo. Así queda patente eso de que con las años la relación va cambiando.

-Las regiones del enamoramiento comparten numerosos circuitos neuronales con las regiones que dirigen las conductas adictivas. También lo sabíamos, el amor es una droga, con sus fases de euforia y depresión, sus "monos" (poéticamente disfrazados del "echar de menos"), y las conductas impulsivas e irracionales (que no acometeríamos si estuviéramos en nuestro sano juicio).

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