dissabte, 30 de maig de 2015

Compersión: Lo opuesto de los celos; Nicole Abrahão

¿Reconocés las siguientes escenas? 
Una pareja va por la ruta tranquilamente, cuando una mujer atractiva pasa frente a ellos, surge el despelote porque el joven se dejó llevar por la belleza de la mujer y se dio vuelta para seguirla con la mirada. Otra pareja está en un bar, divirtiéndose con amigos, cuando de repente ocurre que uno de los componentes del grupo le tira onda a uno de los componentes de la pareja. Si la noche no termina en una pelea al menos termina con uno de los dos malhumorado por el resto de la noche. Observás la foto de una mujer (u hombre) bonita y resolvés hacer un elogio. En poco tiempo recibirás una respuesta nada agradable de alguien que se presenta de la siguiente forma: "Ella ya tiene dueño". Todo el mundo ya pasó por eso: se llaman celos.
Lo que da en llamarse "condimento de la relación" en la mayoría de las relaciones monógamas es un tabú para las relaciones poliamorosas. Las personas deben pensar que somos maestros en no tener celos ya que aceptamos que nuestras parejas liguen con otras personas, ¿cierto? Errado. Incluso para nosotros eso es complicado. Pero no queriendo colocar el carro por delante de los bueyes, vamos a parafrasear a Jack el Destripador, e ir por partes. 

El grotesco y controvertido erotismo de Jan Saudek


El grotesco y controvertido erotismo de Jan Saudek

Jan Saudek es un extraordinario fotógrafo checo. Nacido en Praga en 1935, Saudek cultivó el sueño de convertirse en un fotógrafo siendo ya un adulto. De formación autodidacta, visceralmente independiente y rehén del régimen comunista, trabajó como fotógrafo durante años en el sótano de su casa, consiguiendo enérgicamente normas morales y sociales para perseguir su pasión. 

A través de la fotografía ha liberado su delirio, sus indignaciones, sus fetichismos.
Sus fotografías en blanco y negro (las cuales empezó a colorear a mano en 1977) son de un erotismo grotesco e inquietante.   

diumenge, 17 de maig de 2015

Silvia Federici: “Lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”

11146349_10152977153837663_150337313261014392_n
Conversaciones con Silvia Federici (I/II)
Por Gladys Tzul Tzul[1]

Silvia Federici. Teórica y militante feminista italiana. Autora de Calibán y la Bruja (Pez en el Árbol, 2013); la Revolución Feminista Inacabada (Calpulli, 2013); la Revolución en Punto Cero (Traficantes de Sueños, 2013). Federici participó y acompañó luchas de las mujeres por la defensa de las tierras comunales en Nigeria; en los años setenta realizó una campaña por el salario al trabajo doméstico. Sus reflexiones abordan de manera histórica las luchas políticas de las mujeres por producir lo común, con una fértil mirada sobre la reproducción de la vida. En esta conversación que sostuvimos en Puebla, México, nos presenta elementos teóricos para interpretar de manera más amplia el funcionamiento de lo que ella llama el patriarcado del salario. La conversa nos dota de una serie de detalles de la historia del capitalismo que sirven para comprender nuestras luchas.

GTT. Tú has reflexionado sobre las distintas formas de explotación de las mujeres, por ejemplo nombras Patriarcado del salario como una forma específica de dominación, ¿puedes hablarnos sobre ello?
  1. El patriarcado es una institución muy larga y no ha sido universal. Debemos de rechazar esa afirmación que dice que las mujeres siempre han sido oprimidas, primero porque en muchas comunidades las mujeres tenían poder. 2 mil años atrás había formas de matriarcado, yo no puedo aclarar ampliamente como se establecía un matriarcado, pero es importante comprender que la historia ha sido destruida. La idea es entender que el patriarcado ha tenido formas diferentes, las relaciones no se estructuran de la misma manera en todos los sistemas sociales; también el patriarcado no se transmite automáticamente, no es un asunto que continua de forma natural y automática de un siglo a otro, de una sociedad a otra. Las investigaciones históricas han demostrado que con el desarrollo del capitalismo, es decir con el paso del feudalismo al capitalismo, hubo un pasaje violento, porque el desarrollo del capitalismo fue como la contrarrevolución en un momento de crisis del feudalismo. El capitalismo dio una nueva fundación a las relaciones patriarcales; el capitalismo se ha apropiado de los elementos de la relación patriarcal del feudalismo, pero lo ha transformado y ha dado nuevas funciones para sus fines sociales y económicas. Por ejemplo, una diferencia muy grande entre el patriarcado del feudalismo y el patriarcado del capitalismo, es que en el primero, para las mujeres prevalecía un sistema de uso comunitario de las tierras, es decir, las mujeres y los hombres usaban las tierras. En Europa por ejemplo, las mujeres no fueron dependientes económicamente de los hombres, su alimentación no dependía de los hombres. Tampoco en la sociedad feudal estaba la diferencia del tipo de poder entre hombres y mujeres, que en la sociedad capitalista se generó. La relación desigual de poder entre hombres y mujeres en el feudalismo no tenía raíces materiales. La diferenciación venía, por nombrar dos casos, de la formas del uso de la violencia, porque los hombres hacían parte de los ejércitos del poder feudal, los hombres componían los ejércitos y las mujeres no; otro caso es el de la diferencia de poder que estaba justificada en la religión, pues ésta tenía una función de diferenciación. Todos los sistemas sociales que han explotado el trabajo humano, han explotado a las mujeres en una medida particular, porque las mujeres son las que producen trabajadores, cuando hay un sistema social que explota el trabajo humano, éste cerca e intenta controlar el cuerpo de las mujeres, porque el cuerpo de las mujeres genera riqueza, mano de obra, cocinan. El capitalismo es una forma de explotación específico que tiene relaciones diferentes.