Amar significa conceder al otro, con
nuestro total consentimiento, plenos poderes sobre nosotros,
significa volverse dependiente de sus caprichos, ponerse bajo la
férula de un déspota tan antojadizo como encantador. Con una
palabra, con un mero súbito cambio, el amado puede hacerme tocar el
cielo o morder el polvo. Encadenarse a aquel o aquella del cual ya
nada se saber a fuerza de adoración significa colocarse en estado de
vulnerabilidad, descubrirse desnudo, cautivo, sin defensa. El ser
amado no sólo se transforma en un extraño a medida que nuestras
relaciones ganan en intimidad; representa sobre todo la posibilidad
del éxtasis pero también del hundimiento. Escucharlo, venerarlo,
esperarlo significa someterse a un veredicto absoluto: soy admitido o
rechazado. De la persona que nos es más querida podemos por lo tanto
temer lo peor: su pérdida o su huida significarían mutilación de
una parte esencial de uno mismo. El amor nos redime del pecado de
existir: cuando fracasa nos aplasta con la gratuidad de esa vida. Lo
atroz del sufrimiento amoroso estriba en ser castigado por haber
querido colmar al otro con todo el bien posible amándolo; se trata
de un castigo no por una falta, sino por una ofrenda rechazada. Y el
no que reciben quienes suspenden en el amor no admite apelación; no
pueden acusar a nadie más, son devueltos a su propio desamparo.
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dissabte, 29 de setembre del 2012
dijous, 26 de gener del 2012
La historia más bella del amor, Dominique Simonnet y otras autoras (Fragmentos)
... La locura de nuestro tiempo es querer vivir el amor de manera permanente, con toda su intensidad, sin sombras y sin nubes. El amor se ha sobrevalorado. En cuanto al sexo, se ha convertido en nuestra nueva teología. Sólo se habla de eso, y se habla mal, con vulgaridad y complacencia. La única arma de que disponemos hoy contra todo ello es la risa. Sí, más vale reír.
El amor no es democrático, no responde ni a la justicia ni al mérito. Sigue siendo del orden de las preferencias, es decir de la elección inducida por un ser en detrimento de otro. ¿Por qué enamorarse de una y no de otra? Porque una te hace temblar y en cambio otra te deja fría? Y es posible enamorarse de una basura que te volverá loca de dolor. En el 68 murió el angelismo del deseo y del sentimiento, la idea de que todo lo relacionado con el sexo es maravilloso. Hoy sabemos que el amor conlleva dependencia, abyección y servidumbre tanto como sacrificio y transfiguración. Tenemos que volver a descubrir esta complejidad del amor.
Pascal Bruckner
¿Desear es amar? ¿Se puede amar sin deseo? ¿Desear sin amar? ¿Debemos creer en el gran amor que se inscribe en la temporalidad? ¿O hay que resignarse a vivir en la incertidumbre acerca de los sentimientos propios?...
El amor sería ese modo de relación que nos permitiría comprender mejor al otro, sentirlo interiormente, una especie de poder mental, una manera de borrar la frontera entre el sí mismo y los otros, una manera de hallar una forma de armonía.
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