Personalmente esto es todo lo que deseo: mi amor, tanto mi sentimiento como la persona que amo, además de amarlos sólo de la manera que me gusta, los dejo libres para amar de la manera que a ellos les gusta, hasta incluso más allá y a pesar de mí. Busco personas que también aman así. Es difícil, pero termino siempre por encontrarlas. Es fascinante, maravilloso, doloroso, placentero, nuevo, imprevisible, incontrolable, rico, poético, loco, romántico, caótico y aventurero.
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Pero aquellos que logran dejar sus sentimientos y sus objetos amorosos libres para ir a donde les plazca, sin dejar de amarlos y sin que estos los amen menos, descubren, como yo, las infinitas posibilidades del amor y las formas diferentes, originales y únicas con que el amor puede presentarse en cada persona, o en la misma persona en cada momento, dependiendo del lugar y de la circunstancia emocional en que pueda ocurrir. Además —y para mí este es el descubrimiento más grande—, cuando el compañero desiste de seguirnos en ese viaje, por miedo a los riesgos o porque ha descubierto mejores compañeros para viajar, he aprendido a aceptar, aunque de inicio contra mi voluntad, su derecho a esa libertad, como la deseo igualmente para mí. Es más, descubro en esta secesión algo de sabio a mi favor, pues si inicialmente la separación me parecía incomprensible, cuando vuelvo a sentirme bien con otra compañía (que vive la misma ideología y tiene coraje para su práctica libertaria en la relación amorosa), queda claro que yo estaba siendo autoritario y capitalista en la relación anterior, intentando conservarla a pesar de todo.

