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divendres, 21 d’agost del 2015

El sexo heterosexual empieza a ser un asco, Utópica Anónima

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Mis amigas se rieron mucho cuando les conté que después de meses de sequía y algún que otro polvo nada memorable había por fin encontrado a un hombre que me equilibraba los chakras. Claro, era una forma muy simplificada de explicar cosas más complejas, y al leer hace un par de días un texto fundamental de Milagros Rivera, El Cuerpo Indispensable, sentí la necesidad de poner en claro a qué me refería.

El párrafo al que aludo es el siguiente:
Toda la vida me ha acompañado una sorpresa: oír decir, atribuirle a una mujer, que solamente se la amaba por su cuerpo. Como si esto fuera insatisfactorio, como si no significara apenas nada.
Como si el cuerpo fuera poca cosa, cuando es tanto, en sí mismo como sustancia, o como significante para muchos significados, o como vehículo de comunicación, de puesta en relación, de expresión de mensajes. Tiene mucho que decir el cuerpo, y sin embargo el cuerpo de las mujeres ha sido utilizado por el patriarcado para sus fines, y con ello mutilado real o metafóricamente, privado de sentido propio, de placer propio.

En el documental corto “El cuerpo de las mujeres” se alude a este uso que se hace en los medios del cuerpo femenino, un uso patriarcal, falocéntrico y capitalista del cuerpo de la mujer como reproductor de una cultura que marca unos estándares de belleza que nos transforman quirúrgicamente, mutilando nuestro rostro verdadero, el rostro de mujer que expresa su individualidad, convirtiéndolo en máscara sin personalidad. Y los cuerpos, recauchutados tras el bisturí, son cuerpos irreales que solo aluden al supuesto deseo masculino, deseo a su vez mediatizado por la pornografía, una industria al fin y al cabo y que sin embargo, industria y todo, coloniza lo cotidiano a base de moldear el deseo de los hombres alejándolo del sentir interno, en una maniobra aculturizadora basada en claves artificiales, misóginas y violentas.

divendres, 19 de desembre del 2014

Queridx heterosexual ofendidx, Stéphanie Papin


Queridx heterosexual ofendidx,
Durante la mani del orgullo crítico, publiqué en mi facebook una foto de una pancarta que decía «La heterosexualidad no es una práctica sexual, es un régimen político».  Al leer esta frase, te sentiste ofendidx, a lo mejor incluso pusiste un comentario para expresar tu desacuerdo porque « no se puede ser tan radical como para caer en la heterofobia ».  Quizás  no pusiste un comentario y solo pensaste que esta frase era poco inclusiva con lxs heterosexuales como me comentaste luego. La verdad es que te agradezco todo el debate que generó porque ha sido muy enriquecedor. Sin embargo, para ti se trata de un debate de opinión sin más, pero a mí me ha removido porque tu opinión me afecta, no solo porque eres mi amigx o mi hermanx, sino también porque tus opiniones tienen repercusiones en mi vida. Esta oposición que te parece excluyente en un frase lo es en la vida real para mucha gente.

dimarts, 16 de desembre del 2014

No son “amigas”, señores, se comen el coño (heterosexualidad obligatoria y educación) ; The Violet Balloon

Encuentro de hombres fans de los Pequeños Ponies, denominados "Bronies" (Washington DC, 2012).
Encuentro de hombres fans de los Pequeños Ponies, denominados “Bronies” (Washington DC, 2012).

Salir del armario no es fácil. Educar a un niño o a una niña para que no tenga que salir de ninguno es todo un desafío.

Cuando yo tenía la edad que tiene ahora el buen hijo, estaba enamorada de mi mejor amiga: Mariona Matagalls. Lo recuerdo perfectamente: su suave pelo rubio y liso, sus graciosas coletas, la visión de sus braguitas azul marino en una ocasión en la que, mientras jugábamos, se le levantó la falda. Tenía cuatro años. En prueba de amor eterno le regalé mi Pequeño Pony. Años después me he enterado de que los coloridos Little Pony se han convertido en un símbolo de la diversidad sexual y los unicornios de la bisexualidad. La vida te gasta este tipo de bromas. Mi madre cuenta cada Navidad cómo por esa misma época me acerqué a ella un día con expresión grave y le hice la siguiente ceremoniosa confesión: "Mamá, soy lesbiana". Y que ella, con la misma seriedad, me respondió que me querría igual, independientemente de a quién amara, que lo importante es que fuera feliz. Lo cuenta riéndose muchísimo de esa dramática y relamida niña, dando a entender que era una estrategia para llamar la atención. Un juego. No sé de dónde saqué la palabra "lesbiana", en todo caso está muy bien disponer de las palabras para decir las cosas. Es por eso que no escatimo vocabulario con mi hijo; la sangre menstrual es sangre menstrual y el pene es el pene, luego él ya se encarga de inventar "sangre mágica", "chorrilla" y otros imaginativos epítetos. Y esto no porque quiera que sea un pedante o por mi formación filológica, sino porque tener la palabra justa para liberar una realidad vivida, para comunicarla, tiene propiedades salvíficas, ensancha el mundo que habitamos y es el rasgo primordial de la lengua materna: una lengua en la que las palabras coinciden con las cosas. Una lengua tan poderosa que es capaz de hacer que se disipen los fantasmas, como hiciera Virginia Woolf con To the Lighthouse [Al Faro], que logró hacer que se desvaneciera el espectro de su madre; el exorcismo del arte y a la vez el más grande monumento a la obra civilizadora materna.