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dilluns, 8 d’octubre del 2012

¿Querer ser un hombre?, Virginie Despentes



¿Querer ser un hombre? Yo soy mejor que eso. No me interesa el pene. No me interesa ni la barba ni la testosterona, yo tengo todo el coraje y la agresividad que necesito. Pero claro que quiero todo lo que unx puede querer, como un hombre en un mundo de hombres, quiero desafiar a la ley. Frontalmente. Sin atajos y sin excusas. Quiero obtener más de lo que me prometieron al principio. No quiero que me cierren la boca.  No quiero que me digan lo que tengo que hacer. No quiero que me abran la piel para hincharme los pechos. No quiero tener un cuerpo longilínio de adolescente cuando me acerque a los cuarenta. No quiero huir del conflicto para esconder mi fuerza y evitar perder mi feminidad.

divendres, 27 de juliol del 2012

Teoría King Kong (frag.II), Virginie Despentes



Nací en 1969. Fui a un colegio mixto. Supe desde los primeros cursos que la inteligencia escolar de los niños era la misma que la de las niñas. Llevé minifalda sin que nadie de mi familia se preocupara por mi reputación frente a los vecinos. Empecé a tomar la píldora a los 14 años sin más complicación. Follé desde que tuve la primera ocasión, me gustaba muchísimo en esa época y, veinte años después, el único comentario que se me ocurre al respecto es: «mejor para mí». Me fui de casa a los diecisiete años y tuve derecho a vivir sola sin que nadie pudiera decirme nada. Siempre he sabido que trabajaría, que no estaba obligada a soportar la compañía de un hombre para que me pagara el alquiler. Abrí una cuenta corriente a mi nombre sin ser consciente de que pertenecía a la primera generación de mujeres que podían hacerlo sin depender de su padre o de su marido. Empecé a masturbarme bastante tarde, pero ya conocía la expresión después de haber leído libros muy claros sobre la cuestión: no era un monstruo social porque me masturbaba, en todo caso, lo que hacía con mi coño era asunto mío.

dimarts, 29 de novembre del 2011

Teoría King Kong, Virginie Despentes



Esta imagen precisa de la prostituta, que nos gusta tanto exhibir, una mujer privada de todos sus derechos, de su autonomía, de su poder de decisión, sirve varias funciones. Principalmente mostrar a los hombres que quieren hacérselo con una puta, lo bajo que deberán caer para conseguirlo. De este modo, también se les arrastra a ellos hasta la célula familiar: todo el mundo a casa. Es también una manera de recordarles que su sexualidad es monstruosa, que crea víctimas y destruye vidas. Porque la sexualidad masculina debe seguir siendo criminal, peligrosa, asocial y amenazadora. Esto no es una verdad en sí, es una construcción cultural. Cuando impedimos que las putas trabajen en condiciones decentes, atacamos directamente a las mujeres, pero también buscamos controlar la sexualidad de los hombres. Echar un polvo cuando tienen ganas no debe ser algo agradable y fácil. Su sexualidad debe seguir siendo un problema. De nuevo, doble imposición: en la ciudad todas las imágenes invitan al deseo, pero el alivio debe seguir siendo problemático, cargado de culpa.

La decisión política que consiste en hacer de las prostitutas víctimas también cumple una función: marcar el deseo masculino, encerrarlo en la infamia. Que se corran pagando, si quieren, pero que para hacerlo tengan que meterse en el fango, la vergüenza y la miseria. El pacto de la prostitución "yo te pago y tú me satisfaces" es la base de la relación heterosexual. Hacernos creer que ese contrato es extraño a nuestra cultura es pura hipocresía. Al contrario, la relación entre el cliente varón heterosexual y la puta es un contrato entre los sexos sano y claro. Por eso, es necesario complicarlo de manera artificial.

Descarga Teoría King Kong, Virginie Despentes, Ed. Melusina, 2008 

dimecres, 19 d’octubre del 2011

Teoría King Kong, Virginie Despentes (Fragmento)

Camille Paglia es, sin duda, la más controvertida de todas las feministas americanas. Propone pensar la violación como un riesgo inevitable, inherente a nuestra condición femenina. Una libertad increíble de des-dramatización. Sí, habíamos salido afuera, a un espacio que no era el nuestro. Sí, habíamos sobrevivido en lugar de haber muerto. Sí, estábamos en minifalda solas sin un tío que nos acompañara, de noche, sí, habíamos sido idiotas, y débiles como las niñas aprenden a serlo cuando las agreden. Sí, eso nos había ocurrido a nosotras, pero por primera vez comprendíamos lo que habíamos hecho: habíamos salido de casa, porque en casa de papá y mamá no pasaba nada interesante. Habíamos corrido el riesgo, habíamos pagado el precio, y más que sentir vergüenza por estar vivas podíamos decidir levantarnos y recuperarnos lo mejor posible. Paglia nos permitía imaginarnos como guerrilleras, no tanto responsables personalmente de algo que nos habíamos buscado, sino víctimas ordinarias de algo que podíamos esperar cuando se es mujer y se quiere correr el riesgo de salir al exterios. Ella era la primera que había sacado la violación del horror absoluto, de lo no dicho, de lo que no debe ocurrir nunca. Ella hacía de la violación una circunstancia política, algo que debíamos aprender a encajar. Paglia cambiaba todo: ya no se trataba de negar, ni de morir, se trataba de vivir con.

Por primera vez, alguien valoraba la capacidad de recuperarse de una violación, más que de largar un florilegio de traumas de forma condescendiente. El tema había sido tabú hasta entonces, tan minado que no nos permitían decir otra cosa que "qué horror" y "pobres chicas".

Descarga Teoría King Kong, Virginie Despentes, Ed. Melusina, 2008