Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Sergio Sinay. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Sergio Sinay. Mostrar tots els missatges

dilluns, 27 de desembre del 2010

Carta abierta de un varón a otro varón, Sergio Sinay


Querido congénere:

Esta carta no podía tener otro destinatario que fueras tú. Nadie podría entender mejor de qué hablo, qué quiero decir. Querido congénere, tú y yo, varones ambos, estamos en peligro de extinción. Así como nos mandaron a vivir nuestras vidas de hombres, así como nos mandaron a relacionarnos con las mujeres, con nuestros hijos, con las cosas, con los seres, con el mundo, así no va más.

Te quiero contar cosas que escucho, que siento, que pienso, que vivo y que veo, cosas que nos involucran y que, quizás, no ignoras y te preocupan tanto como a mí. Veo mujeres tristes, desalentadas, resignadas a no encontrarse emocionalmente con nosotros, a no contarnos como compañeros de vida, digo como verdaderos compañeros de vida, como hombres dispuestos a explorar con ellas los espacios desconocidos del afecto, a confiar en que nuestras diferencias nos enriquecerán, dispuestos a mirarlas con cariño, con ternura, con humor, además de con deseo. Veo mujeres que no nos entienden ni se sienten entendidas por nosotros, mujeres que han hecho hasta lo imposible por comunicarse (y debo decirte, querido congénere, que a menudo hacen de más, se ponen demasiado ansiosas, sofocan, se adelantan a nuestros tiempos). Han hecho hasta lo imposible guiadas por la mejor, la más amorosa de las intenciones. Y hoy a muchas las veo y escucho resignadas a convivir con hombres que siempre serán extraños y lejanos o, directamente, a prescindir de ellos. Muchas mujeres prefieren compartir y su tiempo con otra u otras mujeres: reciben más afecto, más compresión, más compañía (aunque le falte el tipo de compañía, comprensión y afecto masculinos, que tienen otra energía, otra vibración, no opuesta sino complementaria). Hay mujeres a las cuales empezamos (sólo empezamos) a resultarles prescindibles. Y si prescinden de nosotros, ellas estarán sin hombres, pero los que estaremos verdaderamente solos seremos nosotros, te lo aseguro. Nosotros, los varones sabemos muy poco, o nada, de estar solos, salvo en las trincheras o arriba de un ring. Y aún así, nos damos el dudoso lujo de aislarnos.

dimecres, 19 d’agost del 2009

El buen amor, Sergio Sinay



Se casaron, fueron felices y comieron perdices. En esa consigna, en ese objetivo se fundamenta la educación amorosa de generaciones enteras de mujeres y de hombres. Hemos sido educados al revés. Las historias que nos contaban -y que se siguen contando con asombroso empeño- terminaban en el lugar exacto en el que deberían de haber comenzado.

Observemos toda la mitología amorosa de nuestra cultura. Encontraremos una y otra vez el mismo relato de las ilusiones frustradas, de los impedimentos, del sacrificio, del empeño y, por fin, del encuentro de los amantes, esta vez para siempre.

Y justo cuando queremos ver cómo viven juntos, cómo atraviesan lo cotidiano y lo inesperado, de dónde obtienen sus perdices, cómo se ponen de acuerdo para cocinarlas, quién es el encargado de hacerlo y qué pasa cuando hay veda de perdices o cuando se hartan de ellas, cuando pretendemos asomarnos a su convivencia, justo ahí, cae el telón.