Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Santiago Alba Rico. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Santiago Alba Rico. Mostrar tots els missatges

dimarts, 25 de setembre del 2012

Los genitales y las estrellas, Santiago Alba Rico

Se ha discutido mucho sobre el rasgo específico que define la condición humana: la risa, la razón, la tecnología, el lenguaje. Probablemente todas estas tesis tienen fundamento, como también las que pretenden retener hacia abajo las pretensiones olímpicas de la humanidad o borrar hacia arriba la escala evolutiva de los primates. Pero permítaseme la provocativa y paradójica afirmación de que existe una diferencia neta, presupuesto de todas las demás, donde menos se la buscaría o donde nadie querría en realidad hallarla: lo que distingue al ser humano de los animales -digamos- son los genitales.

dimecres, 2 de maig del 2012

Sexo y pereza, Santiago Alba Rico

Hace unas semanas, un documental emitido por la televisión española revelaba una realidad insospechada para los que amamos la cultura japonesa: el 70% de los habitantes de Japón no mantiene nunca relaciones sexuales: parejas casadas que llevan veinte años sin hacer el amor, novios castos que evitan tocarse, ejecutivos solitarios que pagan por poder acariciar... un gato. Podríamos pensar que se trata de una cultura puritana y reprimida o de una sociedad de disciplina “protestante”, volcada en el trabajo, que ha dado la espalda a los placeres del erotismo. Pero es mucho más complicado e inquietante. Porque resulta que este Japón monacal, de pocos hijos y menos abrazos, cuenta con la más floreciente industria del sexo del mundo, con unos ingresos de 20.000 millones de euros al año que representan el 1% del PIB del país. Aún más: no se trata sólo de la industria más potente sino también de la más refinada, la más variada, la más imaginativa y la menos púdica: las calles de Tokio ofrecen sin tapujos toda clase de reclamos publicitarios y toda clase de servicios; y sus ciudadanos los reciben y los usan con la misma naturalidad con la que comen sushi o compran el último modelo de iPhone.