dimecres, 8 de juliol de 2009

Hablamos de veneno, H.R.Herzen



Y sí. Hablamos de veneno. Pero no de ese grave tóxico que ingerimos quizá en el día a día cuando caminamos por la calle, pedaleamos por la ciudad o comemos lo primero que nos apetece. No. Tampoco es de ese que la gente usa para volar, evadirse o irse de viaje al otro mundo, aunque bien mirado se le parece un poco. Veneno con mayúsculas. Repito: VE-NE-NO. Hablamos de veneno que se huele, se percibe, se absorbe, se desprende, se lame, se muerde. En cada mirada, en cada gesto, en cada contacto, en cada caricia, en cada poro de la piel. ¿Te gusta? ¿Lo odias? No lo queremos y lo ansiamos. Idealizamos una droga y luego la maldecimos. La queremos sudar, y cuando ya no hay, por algún lugar la hacemos salir, y muchas veces la lloramos. Ese veneno también mata, como todos, como todo. Vivir mata, ése es su propósito. El veneno no es bueno si queremos vivir ad eternum porque corroe cuerpo y mente. Es asumible si vivimos al filo. Es el alimento básico cuando se vive al día. Se necesita gente para desaparecer del mapa y dejar recursos para quien quiera seguir viviendo en este planeta destrozado, se buscan personas voluntarias que no le tenga miedo al veneno y vivan al día. Esto no es una secta, es la vida. Hay animales que si carecen de libertad, se dejan morir no comiendo. Tampoco nos quedan muchas expectativas de vida (mala distribución alimentaria, de agua y recurso; crisis y escasez) y eso que vivimos en una parte donde todo sobra (de momento). ¿Qué harías hoy si fuera el último día de tu vida?

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