dimecres, 8 de juliol de 2009

El sol ya no me quema, H.R.Herzen


Así como una chispa basta para prender un fuego, el aleteo de una mariposa es capaz de desencadenar el huracán más demoledor. El fuego depende de la leña que encuentre alrededor y el huracán será posible si dejamos a la mariposa que aletee con todo lo que ello comporta. Es por eso que la vida empieza con la semilla más pequeña, siempre que se riegue con agua, alegría y amor y las flores escampadas por el mundo protegen a los árboles más robustos. Hay que pensar que las mariquitas protegen a las flores y a las mariquitas sus vivos colores que mantienen alejados a sus depredadores que piensan que son venenosas. ¿Necesitamos evadirnos para deshinibirnos o el retorno al inconsciente es más fácil que lo consciente retorne? La vida no vale más que la muerte, porque vale el momento, el resto es como la ropa en verano, pura costumbre, ahogo moral. ¿Cuantas veces decidimos dar un paso del que nos arrepentiremos toda la vida? ¿Y cuantas veces lo sabemos de antemano? ¿Y... cuantas veces negamos la dirección de una brújula? El impulso del deseo y el calor del momento son suficientes para dejar sin peldaños una larga escalera si no estamos preparadas para afrontar las consecuencias de nuestros actos. Las aventuras sin rumbo fijo son mi mayor placer, pero últimamente ojeo mapas antes de descalzarme y siempre compruebo que no hay escorpiones en mis botas. No es por mí, el sol ya no me quema y el veneno acompaña mis platos, es por no chafar al animal.

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