dimecres, 22 de juny de 2011

Bruja para seguir siendo herejía


En noches de luna llena pienso en ti, en los que miran la luna al igual que los lobos en el desierto, aquí en el desierto de los corazones que olvidaron amar. Y es entonces que vuelo sobre los pensamientos de quines aspiramos nuevas formas de construir el mundo, de admirar lo que el dinero no puede comprar, de sentir el mundo con cuerpos deseantes de otras realidades…
Me recuesto en la historia y vienen hacia mí las alquimistas, brujas de la ciencia y del amor, ésas que aún habitan cuerpos de hombres y de mujeres irreverentes como irreverente y cambiante es la luna. La miro y sé que ella une miradas herejes de ahora, de ayer y siempre mientras much@s la atravesamos para ver más allá, para encontrar el sol que en mi país pareciera estar de duelo, mientras brujas en hombres y mujeres seguimos tratando de rescatar la alegría de su luz, buscando el calor perdido en una noche de luna llena.
Seguimos irremediablemente siendo brujas construyendo siempre la herejía en cada acto de la cotidianidad, buscando exorcizar lo oprobioso del sistema, buscando enamorar siempre.
Dicen que fueron las mujeres las que enamoraron a seres tan maravillosos como el maíz de nuestra América. Gracias a sus hechizos y bajo las poses de la luna, él se enamoró también y nos acaricia la lengua con múltiples sabores, nos brinda su vida para volverse energía ondulante en nuestros cuerpos encantados ya en la resistencia, en las grandes batallas y en las inmensidades de las pequeñas victorias y derrotas cotidianas. Las mujeres hechizaron el maíz y a muchos otr@s en múltiples años de amor pleno de ofrendar el corazón como territorio pintado de herejía.
Sentirse, saberse bruja, es algo de verdad plural, es sentir la memoria genética de las mujeres que fueron incineradas en múltiples hogueras, las de fuego y las otras, las políticas... las sociales, por el solo hecho de encontrar sus propias verdades sin necesidad de dios, amo o marido. Vuelo igual que ellas sobre los techos castrantes y explotadores de los que quieren acabar con mi pueblo, mi escoba sigue siendo la de ellas; los afectos libertarios que no requieren de promesas eternas o de papeles descoloridos…
Como ellas, desafío las instituciones y a ciertos hombres. Mi caldero es la política, mi vocación de amante, de amar siempre sin esperar o pedir nada, amar a todos a todas, amar es mi mejor acto político. Mi genotipo es inevitablemente brujo y vibra cuando preparo las pócimas que buscan conjurar el odio, la indiferencia, la injusticia o el desamor con el sortilegio del poder popular, soñando con la magia del amor universal que conjure por fin el Leviatán de Hobbes.
En el concilio de Trenton mis antepasadas fueron declaradas enemigos públicos, condenadas a la hoguera o simplemente ignoradas y borradas de la historia para pintar de oscuro el sistema patriarcal. En la actualidad hay nuevas brujas y por ende nuevas abadías y cofradías para las cuales seguimos siendo peligrosas, peligrosas por querer destruir el orden establecido por amar inmensamente, sin medida ni cuantía ni miedo a perder la vida por amor. Viven en nosotr@s las alquimistas desde el hambre de África hasta la resistencia de América, desde Oparin a la palabra y sé que los monjes de las abadías capitalistas buscan quemar brujas cada día, en sus múltiples hogueras, pero la energía bruja no se destruye únicamente, fluye por el universo, se vuelve brisa y caricia; abrazo y suspiro; cadencia y ternura; resistencia y sonrisa…Miro la luna y pienso en ti y en las brujas:
las que desafían la inteligencia irracional y autodestructiva de un sistema que gasta grandes cantidades de dinero para aniquilarse mutuamente,
las que habitan la tierra y los cuerpos de hombres y mujeres hechizadas por el amor;
las que la historia ignoró;
las que caminan conmigo sin estar;
las que resisten a pesar de las hogueras, la tortura o la muerte;
las que vieron morir a sus mejores semillas y siguen volando;
las que no necesitan ni dios ni amo ni marido;
las que se jugaron y se juegan la vida para que hoy yo pueda escribir en el papel y en la piel;
las que miran la luna y vuelan sin fin.

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