dimarts, 18 de gener de 2011

La bicicleta inspira sexo, Carlos F. Pardo

El título da risa. Podría terminar de fracasar con este artículo comenzando a hablar de las razones médicas por las que montar en bicicleta genera mayor potencia sexual, enumerar los estudios en los que se ha demostrado que quien anda en bicicleta tiene erecciones más largas. Esa sería la versión insípida, de la cual me alejaré lo más posible (primordialmente, porque esas razones son las que menos importan al resaltar la sexualidad de la bicicleta).
Voici des Ailes


La bicicleta inspira sexo y es verdad. Desde que se inventó, la bicicleta se ha tomado como abanderada de la libertad, del desenfreno, de la velocidad y, en varios casos, del sexo más allá del breve coito. Piénselo: cuando va a su oficina por la mañana en su carro y maldice el trancón mientras oye la misma emisora con los mismos comentarios y las mismas llamadas a los mismos políticos, para después oír un Bossa-nova barato o un Acid Jazz mal seleccionado, ¿Se siente libre? ¿Se siente liberado? ¿La velocidad se apodera de usted? No lo creo.  Ahora piense ese recorrido en bicicleta y sea sincero consigo mismo al responder las mismas preguntas.

Hay tres escenas que hacen explícita esta relación de la bicicleta con lo sensual y lo sexual.

La primera, tal vez demasiado rosa, es la escena en que Meg Ryan finaliza su vida levantando las manos del timón de la bicicleta en medio del éxtasis que le trajo un ángel caído del cielo con quien hizo el amor la noche anterior. Murió por descuido, dirían algunos. Pero en realidad murió por la sensualidad que la había envuelto durante horas enteras de sexo.

La segunda escena es la de la novela del siglo diecinueve “ Voici des Ailes!” de Maurice Leblanc.  En ella, dos parejas van en un paseo por bicicleta por Francia. En el clímax de la novela, una de las mujeres en medio del recorrido levanta sus manos, se rompe la blusa y destapa sus tetas al aire. Lo hace porque sí, porque le da la gana, porque la bicicleta es el perfecto vehículo del placer que quiere mostrar al destapar su pecho y sus brazos y al demostrar, en conclusión, su liberación sexual.

Y una escena que no necesita referencia en cine ni en literatura sino en sus propias vidas: cualquier momento en que ustedes se montaron en una bicicleta y pedalearon hasta más no poder se dieron cuenta que ésta máquina sí simboliza velocidad, libertad y potencia. Saber que nuestro propio cuerpo ha generado tanta fuerza quinésica nos envuelve en éxtasis y nos entrega un poder que rivaliza al que poseyeron los héroes griegos.

Ustedes, los que están leyendo esto, tienen una plétora de excusas para decir que no montan en bicicleta: porque sudan, se despelucan, se les daña la ropa, les llueve. ¿Eso los ha detenido para querer tener sexo? ¿Dejarían de lado una noche de desenfreno (incluso en la lluvia) por conservar su blower o por evitar arrugas en el saco o para no sudar? No me jodan. Piénsenlo, y mañana móntense en la bicicleta.

¿PRUEBAS?
Publicado en soho

2 comentaris:

  1. Excelente y doy fe de ello, soy mujer, monto bicicleta todos los dias, a mi trabajo , a mi universidad y en realidad la sensacion de libertad e independencia es incomparable. Y bueno, mi novio tambien es ciclista y pues un par de cuerpos atléticos hacen más que dos sedentarios no?

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  2. Qué buen artículo, nunca me preocupó sudar un tanto, o ensuciarme mientras voy en mi bicicleta, pues de hecho concuerdo en que para mí es bastante placentero, y con ése placer viene también un júbilo de juventud en cuerpo y alma......

    Y deseo, encontrar una chica que comparta dicho placer conmigo.......

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