diumenge, 16 d’abril de 2017

De la crítica al pensamiento amoroso al abrazo múltiple de los afectos, y sí, entendiendo que a veces somos la brillante estrella de todxs lxs perdedores. Diana Marina Neri Arriaga

Imágen por Oscar Jauregui
Imágen por Oscar Jauregui

  1. ¿Por qué es tan urgente hacer una crítica al pensamiento amoroso?
Es urgente porque quiero sugerirles que dejemos de colocar al amor como toda la solución, panacea o metafísica que resolverá los males de la humanidad ¿Con amor y una cadena de oración dimitirá Donald Trump o Peña Nieto? ¿Amándonos mucho saldremos adelante y haremos que ya no nos impacte el gasolinazo? ¿O con nuestra idea viciada de amor responsabilizaremos solo a las madres sobre la educación de las/os/es hijo/e/as y diremos que “hijxs amadxs, serán hijxs sanxs”? ¿la fórmula es realmente tan sencilla?   NO.
Es decir, todo el pasmoso conjunto de ideas que quiensabequé significa el amor, nos hace obviar elementos de vida cotidiana sobre los que podemos trabajar para construir constante y permanentemente en redes afectivas que pueden desarrollarse desde otros linderos, llamándolas aquí, las afectividades disidentes.
Es urgente la denuncia sobre los modos actuales que conocemos de la idea de amor construida en occidente, y que siempre nos remiten a conceptos que, si escudriñamos de fondo, están intrínsecamente relacionados con la violencia. Permíteme colocar solo dos ejemplos:
1)En este 2016 vivimos en las redes sociales un revuelo internacional que se dio por nuestra voz masiva en el hastag mi primer acoso. Millones de mujeres de Latinoamérica narraron horribles experiencias de acoso, abuso y violación. Experiencias que comenzaron a los 6 o 7 años (o antes) y que han sido repetidas y sistemáticas durante toda la vida. Y ¿saben quiénes fueron los primeros violadores, abusadores?
Nuestros familiares. Sí, todas conocemos o tenemos una historia con el primo, el hermano, el papá, el padrastro y ¿Saben que palabra acompañada con la idea tan carcomida de familia, nos confundió -en su momento- a grado tal, que en su espacio y tiempo es probable nos hundiéramos en la culpa y el nulo entendimiento del por qué estaba pasando eso? Esa palabra se llama AMOR y con esa palabra, nos dijeron que debíamos entenderlo o soportarlo todo… ¿Qué es el amor?

2) Ya mayores, nos empezamos a involucrar en relaciones amorosas con personas ajenas a la familia y “formamos nuestros hogares”. Seguramente sin saberlo, contribuimos con la idea de pareja, al sostenimiento de las relaciones económicas y políticas de nuestra sociedad, aún más si se consagra desde el matrimonio, satisfaciendo con ello, los ideales religiosos y morales que condimentan “la entrega y el ser para el otro”. ¡¡Caray!! Sin embargo, resulta que, de acuerdo a las estadísticas oficiales de la ONU más conservadoras, es México el país en el mundo con más asesinatos contra mujeres. Tenemos siete feminicidios al día y según el INEGI señala que 47 de cada 100 mujeres de 15 años y más que han tenido al menos un vínculo de pareja, matrimonio o noviazgo, han sido agredidas por su actual o más reciente pareja durante la relación.[1] Pregunto de nuevo: ¿Qué es el amor?
Lo anterior, nos permite mirar que el amor se viste de manto institucional que además va acompañado con la existencia de la propiedad privada patriarcal de los sentimientos: La monogamia.
¿Por qué nuestros modos de amar son acompañados por modelos hegemónicos?
¿Por qué en nombre del amor reproducimos jerarquías y mantenemos a cabalidad el orden social existente? ¿Por qué le hemos permitido participar al Estado, a la economía y en concreto al mercado capitalista de nuestros modos de relación inter subjetiva?
Cada vez que hablamos tanto de amor, sin contenido ni sustancia, le estamos arrebatando fuerza a la amistad, al cariño, al acompañamiento, al auto-apapacho, a la sororidad, a la acción directa, a los ejercicios efímeros de caminar con alegría junto al otro, al otre, a la otra. ¿Dónde la fuerza a la ternura radical?
Cada vez que solo nombramos amor, estamos edulcorando o tal vez sepultando, ejercicios políticos que propongo vitales para nuestra coexistencia, y que es importante re-pensemos, re-tomemos, re-construyamos. Hablo de revisar los procesos de autonomía, autoestima, el trabajo con la horizontalidad y contra el poder inserto en nuestra cotidianidad. Hablo de la radicalidad de ejercicios libertarios.
No quiero edificar nuevas metafísicas y ahora sumar al amor a la libertad, (Te contra amo Emma Goldman pero diste la pauta no la respuesta) sino propongo, que esos ejercicios como la autodefensa feminista, el acompañamiento para el aborto de una compañera, el abrazo a una desconocida, el replantear el modo de vivir nuestros acuerdos con las personas que convivimos, incluso la decisión de como nombrar a nuestros afectos, etc., sean también reflexionados desde la dimensión ética y política que ya tienen.
De ahí, que propongo dos ideas importantes desde el DESAPRENDER:
1) La Descolonización de nuestros senitres, pensares, acciones, buscar potencialidades de relaciones inter subjetiva con otras cuerpas. Dar cabida a la multiplicidad de afectos.
2) La des-idealización, des-romantización de todo lo idealizable y romantizable. ¿Qué si el macho de Paz decía que el mundo nace cuando dos se besan? ¿Neta? ¿Qué dice la Frida en una carta amorosa a ¿”Su Diego” (sí, si el macho comunista falso poliamoroso) “Dame ilusión, esperanza, ganas de vivir y no me olvides”?  y no, desde el contra amor propondría incluso revisar la carnita de conceptos como ilusión, esperanza, expectativas, incluso contra-amor. Porque esta propuesta, no es una propuesta, no es un páramo o una tierra, sino acaso un puente y una palabra incomoda que quiere preguntar, cuestionar, darnos permiso de mover nuestras certezas.
En resumen, el amor actual entendido como entramado cultural impuesto desde occidente, se ha construido como un gran mito que da plasticidad y cabida a grandes violencias, tales como la heterosexualidad, (el modo de vivir a través de roles impuestos y relacionarnos mediante los dictados de un sistema económico, político) la monogamia (idea de pareja, matrimonio, familia) y el pensamiento romántico (idealización, expectativas, sufrimiento, entrega total). En su conjunto nos limita a vivirnos en otros ejercicios de pluralidad e insisto: Afectividades.
Y no, no hablo de Poliamor, este también tiene actualmente tendencias a la institucionalidad, a la moda, a volverse un poliamor liberal. No afirmo que por lo menos en México ahora lo sea, sino que tiende galopantemente a…
No estamos enunciando desde las medias naranjas, ni de la blanquitud en el amar, o el amor cono energía, no hablo de pareja, triejas o de familias nucleares, no hablo de etiquetas o modos unívocos de relacionarse, hablo de la tarea de preguntar, y reflexionar en colectivo, a eso también llamo contra-amor:
¿Quién es la otra? ¿Quién es la otro? ¿Quién es la otre? Y en lugar de querer desde nuestra mismidad y atrapar lo inasible, propongo buscar desde algunos principios éticos como la amistad, el compromiso, el respeto, los acuerdos etc, el modo de caminar y acompañarse.
  1. ¿Afectarnos?
Y si no amamos ¿Qué nos queda? Nos quedan las conjugaciones con sustantivos, otros verbos, nuevos adjetivos, nos queda reconstruir (si eso nos apetece) al amor, pero no desde la unicidad, sino en lo plural, es decir amor-es. Propongo un vistazo a la creatividad y los gerundios que tienen en nuestra cotidianidad, más posibilidad y contundencia que la ineficacia de los infinitivos. Invito a sentí-pensarnos desde los afectos.
¿Afectarse? ¿Trabajar, sentir desde lo que me afecta? Cierto. Afectarse es una de las pasiones de ánimo para el compa Spinoza, que implica una inclinación, “(…) en cuya virtud el alma afirma de su cuerpo o de alguna de sus partes una fuerza de existir mayor o menor que antes, y en cuya virtud también, una vez dada esa idea, el alma es determinada a pensar tal cosa más bien que tal otra.”[2]
Lo anterior implica una afirmación, una claridad sobre el estar vivx que además da cuenta que, desde el cuerpo/la cuerpa estamos frente a la naturaleza exterior. Que tenemos la potencia de obrar a través de la fuerza de existir, y que esta, aumenta o disminuye si es favorecida o reprimida. Y si “el alma” está determinada a pensar tal cosa más bien que tal otra, esto sería saber de los vaivenes de nuestro ánimo, de nuestra participación con el enojo, la tristeza o la melancolía, pero también con una entrega ante el asombro, la alegría, la embriaguez y la consternación. Y en ese vaivén está la naturaleza del deseo.
Las tensiones son las dinámicas de las afecciones: alegría, tristeza, deseo.
Somos seres en potencia, somos personas que nos afectamos en las ideas y en los sentires de otros cuerpos que estén cerca o no. Esto nos hace no poder ser/estar indiferentes a lo que nos rodea. Se vuelve impacto, estar/sentirse unido por un momento con el mundo, el paso del existir, la caricia de la mirada breve, el autocuidado que nos salva la vida, la atención y la solidaridad que implica sabernos parte del todo, pero… ¿si nos sabemos parte del todo?
Lo sé, parte de nuestras angustias existenciales.
El mundo se nos presenta desde mundos diferentes, todo en un mismo espacio de aparente realidad, pero desde lugares de enunciación distinta.  La realidad se presenta desde el cuerpo/la cuerpa y el modo en que esta accede a lo que nos rodea, particularmente a aquello que permitimos entre a nuestra subjetividad.
Apetito para Spinoza es la potencia misma, la fuerza contundente desde el alma[3] y el cuerpo y la idea de ese apetito es lo que conforma el deseo. Un apetito consiente. Seres deseantes que aumentamos nuestra potencia con la alegría, el baile, la risa desparpajada, el maravilloso canto desafinado, pero somos también una potencia que a veces disminuye cuando con claridad miramos los horrores del mundo, y de pronto el nihilismo o la pastosidad nos atrapan en la pasividad de la tristeza.
  • Sí, me reconozco como la brillante estrella de todxs lxs perdedores.
¿Qué lugar ocupan los afectos en nuestra vida? ¿Cómo trabajamos nuestra paradoja de la otredad?
Digo paradoja, porque sin duda ese otra/e/o es un semejante complejísimo y ajeno, “atascado” de contexto, historias y experiencias que a veces nos conectan entre afinidades y ganas, pero que, en la mayoría de ocasiones nos coloca lejísimos de sus ideas/expectativas/caminos/deseos. No puedo reconocer a esa otredad desde mis ojos, el espejo de nuestro narciso se atraviesa.
Abrirse es también un rompimiento. A veces jugamos a una puesta en escena, donde asumimos conscientemente o no, personajes que están en la dialéctica del poder, sin embargo, se nos escapa siempre un poco o un mucho, de eso que hace, que seamos lo que somos y fuimos, aunque ya no queramos ser.
Dicho de otro modo, la ética de la existencia se abre al rompimiento del yo, en una apuesta por compartir, con el deseo de que esa otredad deje de ser ajena y nos demos juntxs espacios para el acompañarnos, para volverse nosotrxs, o al modo de Bataille, alcanzar, aunque sea por un momento a la continuidad.
Nuestra fragilidad, aunque disfrazada de múltiples artilugios nos acompaña tímida y voraz y a veces nos pide a gritos no involucrarnos, no abrirnos, no conjugar la risa, no afectarnos, porque le teme a la perdida, le teme al fracaso, le teme a la soledad.
Hace algunos meses, dieciocho minutos en un documental japonés, fueron un parteaguas sobre las ideas sociales de fracaso y derrota que tradicionalmente asumimos. En la lógica capitalista del ganar/ganar, competencia y patrañas de la supervivencia, nos han enseñado hasta el cansancio -y nuestros afectos- no se salvan, que nos sintamos (suceda o no) personas de éxito, personas ganadoras. Y Haru Urara[4] un caballo de carreras (tristeza aparte por el especismo) se convierte en un símbolo nacional japonés al vivir con interesante dignidad una racha de derrotas. Mickey Duzyj documenta la historia de un caballo que jamás gano una carrera, que jamás estuvo en un pódium, que en más de 300 competencias siempre quedo en casi último lugar y, sin embargo, desde el principio hasta sus últimos días, asumió la algarabía de un caballo querido, de un caballo placido, que contrario a sus colegas incluyendo ganadores, vivió con una actitud alegre y en la comunicación con quien lo entrenaba, nunca le intereso “involucrarse” en la dinámica del hacer/correr/demostrar/ganar. Tan inspiradora resulto la historia, que millones de personas iban a conocerlo, a verlo correr, le mandaban cartas y otros etcéteras, reconociéndose también desde sus contextos, perdedores, fracasados, pero no por ello, menos entregadxs a lo que hacían y querían lograr. «La Brillante Estrella de Todos los Perdedores» es la historia también de mi vida, y no porque me ubique en el dualismo o el victimismo del perdedor, sino porque es una interesante analogía que me ha dado pauta para entender que no quiero competir con nadie, ni por nada, que no quiero apegos y finales bonitos de televisión. Quiero des-aprendizajes y nuevas experiencias, quiero sentír/pensar también, desde la perdida, el desapego.
No podemos no afectarnos, no podemos no sentir, pero podemos desaprender y buscar desde el fuego personal y colectivo, modos de renunciar al consumo efectivista del deseo, de la necesidad/necedad de aprehensión.
Desaprender a pensar en términos de teleología, desprendernos de nuestro interés por el resultado y/o el final de las cosas, sin renunciar a la intención ni al deseo, sino sumergiéndonos en lo desconocido, adentrándonos en el campo de todas las posibilidades.
Disfrutar aquí y ahora, todo fluye dice Heráclito, lo único que permanece es el cambio. Rompamos expectativas, no poseamos, seamos compañeros/as/es. Bien dice Heidegger que nuestra relación con el otro/e/a primero es afectiva y luego racional, por lo que, la apuesta es que ya una vez que tenemos ese reconocimiento desde nuestras potencias, conjuguemos el sentí/pensar de los actos y las decisiones.
Dice la chulísima Pizarnick: “Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma”. Eso quiero, afectar a otrxs, que esxs otrxs me afecten, pero quiero desde la ternura radical, afectar los pedacitos del todo que soy.
Hagamos acciones directas de nuestro actuar cotidiano.
[1] El Inegi destacó que la violencia de pareja está más extendida entre las mujeres que se casaron o unieron antes de los 18 años (52.9 por ciento) que entre quienes lo hicieron a los 25 o más (43.4 por ciento). En 2011, 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más declaró haber padecido algún incidente de violencia, ya sea por parte de su pareja o de cualquier otra u otras personas. Entre las mujeres con dos o más uniones o matrimonios el nivel de violencia es mayor (54.6%), que entre aquellas que solo han tenido una unión o matrimonio (48.7%). Tomado de: Reyna Quiroz Julio,”Inegi: 7 mujeres asesinadas diariamente en 2013 y 2014” en Periódico la Jornada,  lunes, 23 nov 2015,   http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/11/23/inegi-7-mujeres-asesinadas-diariamente-entre-2013-y-2014-1824.html
[2] Spinoza, Baruch. Ética demostrada según el orden geométrico. Fondo de Cultura Económica
[3] Para nuestra tradición actual atea y/o libre pensadora es muy difícil pensar en esta categoría, pero propongo nos demos espacio para pensarla desde el contexto Spinozista.
[4] Mickey Duzyj La brillante estrella de todos los perdedores / The Shining Star Of Losers Everywhere, 2016 Categories: Official Selection Short Documentary, Selección Oficial Cortometraje Documental


republicado desde hysteria

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