dimecres, 19 d’abril de 2017

El Poliamor será Feminista o no será, Nuki

Nos están vendiendo la moto. Nos ha pasado más veces: nos sucedió con la liberación sexual. Que sí, que fue un cambio a mejor, pero que muchas mujeres sintieron que pasaban de la obligación de decir que no, a la obligación de decir que sí [1]. Y muchos hombres eran y son los que te comían la oreja con eso de “que te liberases”. Mmmh ya, acorde a tus gustos, ¿verdad campeón?

Porque libertad es decir sí, no, ahora sí, ahora no, contigo sí, contigo no, así sí, así no. Somos igual de libres las que follamos sin necesidad de especial intimidad y afecto que las que necesitan especial dedicación y confianza para sentir esa apetencia. Incluso las que no follan, nunca, porque son asexuales, que también existen. Porque que seamos libres es decidir lo que NOSOTRAS deseamos hacer. NO lo que a vosotros os gustaría más.


Ahora empezamos a follar más pronto y podemos hacerlo en la primera cita. Podríamos decir que ahora follamos más, pero no parece que mejor: sólo un 25% de mujeres experimentan el orgasmo en cada relación sexual frente al 90% de hombres [2]. Aunque desconozco si el dato se refiere sólo a sexo heterosexual, porque podría ser que en ese 25% hubiese bastante lesbiana contestando que sí orgasma con cada experiencia, pero es que el sexo lésbico suele ser más efectivo para eso [3]. Básicamente viene a decir que lo tenemos más fácil para conseguir coitos, que nos metan la polla en la vagina, pero ¿y para que nos estimulen el clítoris hasta corrernos? Eso no parece tan fácil el universo hetero. Sucede además otra cosa: ese porno que consumen les enseña que nuestro coño es un rasca y gana, y están en realidad más empeñados en convertirte en SU fantasía sexual, que en que tu te corras. A mí llega a encabronarme mucho, porque si una primera vez dices “oye que yo soy más delicada” y bajan ritmo pero a los 10 segundos vuelven al rasca y gana, a la siguiente a mí ya me sale echar la bronca: déjalo, no me toques porque no es que no lo hagas bien, es que me resultas molesto. ¿Esto lo haces para que yo me corra o hasta cuando me masturbas a mí sólo piensas en ti y en ser como el prota de las jodidas pelis?; te recuerdo que aquí la experta en cómo me corro, soy yo, así que deja de pensar que sabes mejor que yo lo que me gusta y obedece mis malditas órdenes, mentecato… o mejor ya no, porque se me han ido las ganas por el cabreo”.

Todo esto viene a significar que por norma general nos corremos menos, o en muchos casos, que igual daría masturbarnos en casa que tener un encuentro con un maromo. Ah, y precisamente es a raíz de salir estos datos que empiezan a salir en revistas femeninas todos esos artículos de que el orgasmo no es para tanto. Ya, pero eso no se lo cuentas a ellos, ¿no? Yo no digo que el único fin de una relación sexual sea siempre el orgasmo. Pero una cosa es que la propia persona decida si le apetece o no llegar al orgasmo y centrarse sólo en las caricias o momentos de intimidad, y otra muy distinta es que sepas que va a ser por desatención y egoísmo puro de tu partenaire.

Por eso me mosquea mucho cuando un tío viene hablándome de liberación sexual femenina. O que clasifiquen como liberadas a las que follan más. Puede ser igual de liberada una que decide incluso el celibato temporal, por aquello de decidir nosotras, ¿recordáis? Me mosquea porque veo claro que lo que me está diciendo es que nos convirtamos más fácilmente en un objeto para su placer. Nuestra liberación real se la pela, o incluso en algún momento le causará problemas, pues atentará contra sus privilegios a la mínima que nos empoderemos y exijamos lo que merecemos.

Pues ese mismo resquemor me producen tantas hordas de hombres comiéndole la oreja a sus parejas femeninas sobre las virtudes del Poliamor, que son liberadoras y que tenemos que romper con celos y amor romántico y todo eso. Ya lo sé, querido, ya lo sé que tengo que romper con el amor romántico y los celos. Cuando os ponéis tan pesaos con el tema, yo levanto cubilete: lo que muchos de vosotros queréis es deslegitimar nuestros enfados cuando notamos que vuestros cuidados descienden con cada nueva amante que incorporáis a vuestra lista, y que parece que queráis montar un harén de tías que compitamos entre nosotras por vuestro tiempo y atenciones. Porque alimentáis con vuestras actitudes, frases y egoísmos, esa competición entre nosotras, diciéndonos lo que queremos oír, no lo que realmente sentís, deseáis, pretendéis, pensáis. Incluso cuando nos recomendáis que busquemos otros amantes, pero eso sí, en cuanto perdéis tiempo, atenciones, etcétera, cuando sois vosotros los que queríais quedar con nosotras pero no, porque hemos quedado con otro, ahí vuestras quejas sí son legitimadas, las disfrazáis de quejas racionales, mientras las nuestras son “puros celo que debemos trabajar” y entra en “lo emocionales y dependientes que somos”. Eso, queridos, es convertirse en polifakes, y no sois uno ni dos, estáis empezando a covertiros en plaga.

Si propugnamos que somos capaces de amar a varias persona a la vez, lo cual es auténticamente posible, por supuesto, ninguna debería notar un descenso en tus afectos y atenciones. Ni sentir que estorbamos. Porque en ese caso estás disfrazando de poliamor tus “atávicos impulsos” de monogamia secuencial. Te interesamos secuencialmente, pero es interesante dejar a chicas de reserva en la chorvagenda. Eso es lo mismito que ir saltando de una a otra que hacíais toda la vida, lo que pasa es que ahora pretendiendo que ellas sí mantengan la relación contigo como siempre y disfrazándolo de moderno y feminista. Y como nosotras tenemos esa tendencia a la autocrítica, esa obsesion y complejo por “no seros pesadas”, ahí que nos ponemos a trabajarnos los celos y a cuestionarnos, hasta que decimos “¿pero qué coño?, ¿yo quiero esto? ¡Y una mierda!”. Pero hasta que llegamos a ese punto, ya nos hemos hecho un recorrido culpabilizante y emocionalmente agotador. Porque, queridos, ¿y vosotros, cuándo os cuestionáis?. Por eso, queridas, porque llevo tiempo de relaciones abiertas y algo de tiempo en eso que se llama relaciones poli, que os pongo sobre aviso y exijáis ciertas cosas a vuestros compañeros: “Muy bien, querido, ¿quieres abrir la relación? Fenómeno, pero ¡despatriarcalízate primero!”.

Porque es algo muy masculino, seguro que muchas lo habéis experimentado: saber que esa frase de “si está contigo es porque te quiere” es más falsa que el brillo en los ojos de Espe en sus carteles de campaña electoral. Que hemos vivido esa experiencia de que te digan que te quieren y que no quieren romper contigo, pero que no te hagan ni puto caso pero sí a la(s) otra(s), o el caso justito para que permanezcas, confundida, o incluso boicoteen la relación para que seas tú quien dé el paso. Así que compañero-que-tanto-sabes-sobre-liberación-femenina, si esa es tu liberación, no la quiero.

Me parece más importante para luchar contra la desigualdad en relaciones hetero el despatriarcalizarse comportamientos que andar abriendo relaciones. Si cada una de las relaciones que establecemos es injusta, y como dice Silvia Federici [4], le sale mucho mejor a un hombre en economía de cuidados, pues obtiene más de lo que da, multiplicarlas no va a resolver ningún problema. Porque no está en el número, está en el tipo de vínculo en sí.

Frente al amor incondicional que nos venden como propiamente femenino, incluso con arrechuchos budistas, propongo cuidar pero a cambio de que nos atiendan y nos cuiden. Porque no dudéis que todo cambio, si realmente es liberador para el grupo oprimido, suele ser muy incómodo para el grupo opresor. Si es el grupo opresor el que pretende liberarte, desconfía, aquí hay gato encerrado.

Y con esto no quiero deslegitimar el Poliamor para nada. Tengo relaciones abiertas desde que tengo 15 años, aunque siempre he sido más afín al término amor libre, pues ¿qué otra cosa podría ser el amor sino libre?, se preguntaba Emma Goldman. Estoy encantada de que salgan a la luz nuevas posibilidades relacionales, desde la anarquía relacional, al poliamor, y a muchas otras cosas que aún no tienen ni nombre, e igual no tenemos que obsesionarnos en que lo tengan. Lo que intento es limpiarlo de moderneces y poner sobre el tapete que se están dejando de lado cuestiones de género, y por supuesto de etnia, raza y clase, que son muy relevantes para este tipo de relaciones. Que tengamos cuidado, que puede ser una nueva forma de camuflar opresiones atávicas. Que no estamos haciendo esto para que ahora los maridos puedan tener esposa y amante sin plantearse nada más sobre afectos y cuidados.

Que los errores que cometen ellos suelen ser unos, que los que cometemos nosotras, otros, por socialización. Y que aunque transitemos el género, va a pesar mucho aquel del que vengamos. Que habrá que repensar estas cosas en estos términos.

Lo que estoy es dando un toque de atención: chicas, ya nos ha pasado otras veces, que nos la han colao con lo de la liberación. Que no nos vuelva a pasar.

PD: Me he centrado en el binarismo y en relaciones heterosexuales porque tanto mi experiencia mayoritaria como la de muchas mujeres con las que he compartido pensamientos sobre este tema, se enmarcaban en esto. Es en el Poliamor hetero donde yo detecto problemas de desigualdad graves, lo cual no quiere decir que en relaciones donde no cabe heteronormatividad ni binarismos se produzca, pero no me considero legitimada a hablar de ello.

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[1] Informe Hite, Shere Hite.
[2] Lauman, E. O. Gagnon, J. H. y Michael S. (1994) The social organization of sexuality: sexual practices in the United States. Chicago, Univeristy of Chicago Press. En Biaggio, M. y Hersen, M., (Eds) Issues of Psychology of women. Kluwer academic publishers
[3] Justin R.Garcia MS, PhD1,2,*, Elisabeth A. Lloyd PhD1,3, Kim Wallen PhD4 y Helen E. Fisher PhD1,5 . (2014) Journal of Sexual Medicine, vol 11, pages 2645–2652.
[4] Federici, S. (2012) Revolución en punto cero. Ed. Traficantes de sueños.


republicado desde pikara magazine

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