dilluns, 27 de desembre de 2010

La infidelidad, ¿un comportamiento humano o de deslealtad?, Ángela Marcela Ramírez Sanabria



A través de los años, la palabra infidelidad siempre ha estado marcada por diferentes razones culturales que en algunos casos ha llevado a la humanidad a cometer actos como lapidar, ejecutar o desterrar, sobre todo en el caso de la mujer y aunque actualmente existen castigos de otro tipo dependiendo del grupo social, igualmente estos traen consecuencias desfavorables para la sociedad.

Pero a parte de las razones culturales, también existen razones evolutivas y emocionales que hay que tener en cuenta a la hora de evaluar un hecho de tal magnitud que puede traer los resultados y las consecuencias más inesperadas.      

Los términos, infidelidad y adulterio, frecuentemente son confusos en la sociedad. Para hablar de las razones evolutivas que hacen parte de la infidelidad hay que tener claros estos dos conceptos: “Infidelidad: falta a la lealtad u observancia de la fe que alguien debe a otra persona”, "“Adulterio: Ayuntamiento carnal voluntario entre una persona casada y otro de distinto sexo que no sea su cónyuge.” La aclaración de estos dos términos marcará posiciones para entender el papel de la evolución en la infidelidad y en el adulterio.

Las características evolutivas que inciden en la infidelidad y en el adulterio humano, se dan desde el análisis de los primates más cercanos al hombre, hasta la evolución social y cultural que han sufrido las tendencias originales presentadas en ellos, esto para fijar los parámetros que hoy rigen a los diferentes grupos sociales.

Los cuatro primates mas cercanos al hombre de los que se han tenido en cuenta las tendencias de comportamiento original son: los chimpancés (con los que compartimos el 98% del material genético), los gorillas, los orangutanes y los bonobús, siendo estos últimos una subespecie de los chimpancés, más proporcionales en sus extremidades en relación al hombre y con actitudes como postura y ademanes muy similares, de hecho, es la única especie, a parte de los seres humanos, que mantiene relaciones sexuales cara a cara.

En el caso de los orangutanes que no establecen relaciones de pareja y viven completamente solos, únicamente tienen relaciones sexuales instintivas en el momento de un encuentro con cualquier hembra de su especie, sin que esto los ate de ninguna manera a la hembra.

Los gorillas, viven en grupos de 20 o 30 miembros. Cada grupo tiene un macho dominante el cual tiene prelación con todas las hembras, esta prelación se da casi siempre por su tamaño corporal; pero ocasionalmente otro u otros machos pueden establecer relaciones sexuales con las hembras a escondidas del macho dominante.

Para los chimpancés y los bonobús no hay parámetros instintivos tendientes a la prelación o a encuentros con una sola hembra, son muchísimo más permisivos en las relaciones sexuales. En las 4 especies predominan dos factores, la no colaboración en la crianza de las crías y la copulación en público.

En la especie homo sapiens, según estudios biológicos, evolutivos y estadísticos, existe una leve tendencia hacia la poliginia: hombre con varias compañeras sexuales; entre 2 y 3 parejas del sexo opuesto por hombre, y esta ha sido mas frecuente que la poliandria: mujer con varios compañeros del sexo opuesto; y esto se da (coincidencialmente en los gorillas), a causa de su tamaño corporal.

En cuanto a la evolución social, la raza humana se ha encargado de cambiar los parámetros originales evolutivos para crear compromisos consigo mismos, con su pareja y para la crianza. Actualmente a parte del tamaño corporal hay tres factores que cuentan principalmente en las tendencias de preferencia por una pareja: la generosidad, el futuro y la capacidad de proveer; estos factores se presentan sobre todo en las mujeres hacia los hombres.

Otra forma que ha surgido en la raza humana es el establecer relaciones monogámicas, en contra de la propia naturaleza según las tendencias presentes en los primates, pero a favor de una óptima crianza, lo que conlleva a establecer también la asociación. A diferencia de los primates, la postura erguida de la raza humana, ha hecho que su descendencia nazca más pequeña e indefensa que en el caso de los primates.

También en los humanos se ha establecido una constante receptividad sexual lo que aparentemente ha proliferado la infidelidad, esta receptividad también se da en los chimpancés y en los bonobús incrementando las relaciones heterosexuales y homosexuales.

Otro factor que ha cambiado, son las relaciones sexuales en privado, al establecer esta forma o tipo de relaciones y la constante receptividad, combinadas con los demás factores evolutivos, se da por hecho que la raza humana tiene tendencia a las relaciones premaritales y extramaritales, las cuales se consideran un comportamiento innato, pero no por esto,  moral, ética y emocionalmente se puede justificar la infidelidad.

Esto lleva a la raza humana hacia otra conducta evolutiva, los celos, mediante los cuales se evidencian las diversas tendencias y temores de los dos sexos.

El hombre siempre estará preocupado porque sus rivales tengan más recursos y la mujer se preocupará por las amenazas físicamente atractivas de sus rivales. La mujer, siempre buscará una relación duradera que supla sus carencias amorosas. El hombre buscará experimentar y conocer más, pero no buscará relaciones duraderas. A partir de esto se pueden establecer las diferencias entre adulterio e infidelidad, el hombre tiene más tendencia hacia el adulterio y la mujer hacia la infidelidad, pero en cada uno hay excepciones.

Los patrones de personas adúlteras o infieles, se presentan en aquellas que no han tenido relaciones de apoyo y confianza con sus padres cuando eran niños y en la edad adulta, buscan relaciones que les proporcionen mayor autoestima, intimidad y autonomía, representado en varias parejas.

El hecho de ser o no ser adúltero o infiel es una posición en la que intervienen fenómenos evolutivos, emocionales, culturales; es un hecho que exista una tendencia normal a sentirse atraído por otras personas, pero la decisión trae consecuencias de las cuales el hombre debe ser consiente y tomar responsabilidad, más aún si ha optado por el compromiso serio que es una realidad, al igual que las relaciones extramatrimoniales; sicológica y científicamente las relaciones sexuales no deben estar sometidas a una sola relación de pareja, a diferencia de las relaciones sentimentales, pero emocionalmente el respeto y la lealtad van por encima de todo, hasta de los instintos naturales.

Prohibir las relaciones de adulterio es una tarea difícil, pero hay que considerar como factor principal en la raza humana que todos necesitan y buscan de una relación sentimental estable y para esto hay que estar comprometido consigo mismo y con la pareja, si se quiere llegar a una meta consiente emocional y racionalmente.

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