dimecres, 19 d’agost de 2009

El buen amor, Sergio Sinay



Se casaron, fueron felices y comieron perdices. En esa consigna, en ese objetivo se fundamenta la educación amorosa de generaciones enteras de mujeres y de hombres. Hemos sido educados al revés. Las historias que nos contaban -y que se siguen contando con asombroso empeño- terminaban en el lugar exacto en el que deberían de haber comenzado.

Observemos toda la mitología amorosa de nuestra cultura. Encontraremos una y otra vez el mismo relato de las ilusiones frustradas, de los impedimentos, del sacrificio, del empeño y, por fin, del encuentro de los amantes, esta vez para siempre.

Y justo cuando queremos ver cómo viven juntos, cómo atraviesan lo cotidiano y lo inesperado, de dónde obtienen sus perdices, cómo se ponen de acuerdo para cocinarlas, quién es el encargado de hacerlo y qué pasa cuando hay veda de perdices o cuando se hartan de ellas, cuando pretendemos asomarnos a su convivencia, justo ahí, cae el telón.

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