dissabte, 21 de desembre de 2013

Cómo hacerme el amor yo misma, Anestesia


Siempre que el momento y la negrura sean propicias,
mis manos caminan solas; recorren todo mi cuerpo.
Acarician mi vientre, mis muslos y mi pecho,
mis músculos se hacen dúctiles.
Y siento cómo mis labios se agigantan,
y quiero darte un beso… O que me beses;
mi piel alumbra sudorosa.

Alguna vez traté, de pensar solo en mí,
ser únicamente la protagonista de mi propio placer;
pero algo debo advertir: y es que eres tú de mi mente el punto g.
Así que ya no trato.
Aunque en esa ocasión,
en ese duelo mental contigo,
lograra además placeres multiplicados;
descubrir nuevas zonas y maneras, y reconfirmar que
en cada lugar de nuestro cuerpo se esconde el placer.
¿Y luego? pues, hago preciso todo lo que tanto me encanta hacer,
evitando tratar.

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