dissabte, 28 de desembre de 2013

Sexodelia, Mafalda Martínez

«El amor es la pornografía extrema y los placeres de sus males deben extenderse en un proceso de desnudez continua»
WARBEAR
Inspiración por pura desesperación: estoy cachonda a nivel espiritual.
Me he enamorado de ti y me he dado cuenta de que he llegado a la frontera de mis posibilidades. Porque en ocasiones tus 'hard limits' son las cosas más absurdas que te puedas imaginar. Un flechazo que pasan los -muchos- meses y ahí continúa, por ejemplo. Porque, en ocasiones, los flechazos y otras emociones fuertes y tontunas no vienen cuando una mejor está; porque a veces una, simplemente, no está para flechazos.
Te he visto desde el borde de mi periferia, se me han caído los esquemas; no sé a qué aferrarme: el pánico me ha paralizado. Todavía no entiendo por qué algunxs ven belleza donde yo sólo veo locura; por qué otrxs ven amor donde yo simplemente visualizo una vía de escape basado en el apego a mis proyecciones.
El amor -decía Pablo d’Ors- es pura y llanamente confianza. Y práctica, claro, porque la confianza también se ejercita.”
Tengo miedo a mis emociones de amor/enamoramiento porque en otras ocasiones en que he confiado lo he hecho por pura necesidad de tener un suelo bajo mis pies, he confundido confiar por necesitar pertenecer, y han abusado de mí de una forma poco poética, psicológica, física, brutal y genital. No me gusta caer en victimismos: simplemente no he sabido qué hacer a una edad en la que no sabía ni qué sentir en relación a mí misma, en relación hacia una orientación manchada por la misoginia.
Cuando tienes hambre, hasta la mierda te comes. El amor no es violencia, pero tragas cuando te has acostumbrado a una de cal y otra de arena. Porque crees que para fertilizar necesitas abono de lo peor que te traigan la vivencias.
Cuando te enseñan que el amor es pertenencia, y te has lanzado y quedado clavada en un anzuelo durante un tiempo, y has vivido en la creencia de que amor era sufrimiento y vejación constante, y que el dolor era el síntoma de que ibas por el buen camino, todo lo que se le parezca a tal palabro con el significado que culturalmente se le ha adherido, con todas sus ejemplificaciones y demás monstruosidades que hacen que dejes de existir en pos de otrxs, te causa náuseas, te narcotiza. Repites, y comienzas a cuestionar. Entiendes. No quieres volver jamás al punto en que estabas. Te metes dentro de ti, sientes hacia el amor pura agorafobia: más que miedo a la otra, tienes miedo a ti misma. A ese punto en el que flaqueas, ese punto ciego en que todo tu trabajo personal y transpersonal se va al garete y simplemente te dejas llevar por la pertenencia para el derecho a existir y autorrealizarte como mujer. Todos los discursos de género en el váter. Todas las lecciones aprendidas por el sumidero. Todo el progreso en la papelera de reciclaje. Temes volver a coserte la vieja piel de anaconda sometida. Temes que se te vuelva a domar y domesticar ahora que eres libre siendo una vagina salvaje.
Temes porque te temes. Temes volver a ser menos tú, y más como era tu madre.
Tienes, en fin, miedo al miedo. Si no te autocontrolas y trabajas justamente ese punto, algunas cuestiones no tendrán sentido. Porque estar experimentada no es haber tenido experiencias, sino haber sacado conclusiones de una misma y de sus circunstancias. Y ‘de libro’ no vale: las conductas se ponen a prueba actuando. Creer que no puedes andar después de que te hayan partido las piernas no te imposibilita a hacerlo ahora que estás perfectamente cicatrizada. Poco a poco; paso a paso. No te juzgues si te tiemblan las rodillas. Algunas emociones son simplemente humanas, y no sólo las patológicas.
No importa cuánto hayas aprendido de la ira, del miedo, del patriarcado, de Psicología Emocional, de cimentación de la autoestima. Cuando el miedo actúa no lo hace desde lo racional, sino desde esa parte herida de una. Desde la sombra. Pero tú eres más fuerte que los prejuicios sobre ti misma.
Esto no tiene que ver con la otra persona, sino contigo.
Personalmente, todavía no sé qué quiero, pero sí qué no quiero.
Lo importante realmente es crear la propia definición de amor, tras una deconstrucción de lo establecido. Y así sé que para mí:
  • amor no es limitar a la otra persona, sino ser libre y dejar que la otra persona lo sea.
  • amor no es miedo, sino el subidón de echarle ovarios siendo una misma acorde a lo que sienta en cada momento.
  • amor no es culpa, sino autocuestionamiento
  • amor no es una relación de poder, sino ser simplemente diferentes y disfrutar de esas distinciones sin necesidad de reforma
  • amor no es prostitución emocional: dejarse follar por tener a alguien que te abrace por las noches no es amor, y tampoco es sexualidad
  • amor no es negociar los límites de la otra persona por propia conveniencia, sino compartir conjuntamente puntos en común
  • amor no es cambiar para hacer que tú te sientas mejor, sino permitirnos compartir el momento mientras estemos bien, y nos desapeguemos cuando ya no tenga sentido seguir viajando juntas
  • amor no es regalar materialmente, sino con mimos; que realmente no regalas, sino que simplemente expresas lo que sientes
  • amor no es servir, ni aceptar infravaloraciones ni humillaciones, ni solas ni ante nadie
  • amor no es ni que mi tiempo ni que mi cuerpo estén disponibles cuando tú quieras, y menos sólo para ti
  • amor no es dar por supuesto que la expresión del amor de otrxs ha de ser como siento el amor dentro de mí.


Amor es libertad. Yo me hago el amor a mí.
Libertad es escoger aquello que sientes que es mejor para ti ante determinadas emociones, teniendo el suficiente criterio propio como para no andar buscando respuestas en lxs demás y cuestionando aquello que se ornamenta como desbordante rebajándolo a lo que es.
Amar tiene personalmente más que ver con tener la posibilidad de soltar, de perder el control, de poner la carne en el asador, aún a sabiendas de que en alguna ocasión algún meteorito se va a cruzar imprevisiblemente y me va a hacer perder la paz de mis esquemas. Es echarle ovarios abandonando la esperanza de que las cosas vayan a ocurrir como quisiera, y abrirse a lo que haya. Esto, por supuesto, implica trabajo personal.
Y sé que es con la práctica como podré sacar conclusiones de cosecha propia.
¿Un consejo? (Yo odio cuando las personas me dan consejos)
Deconstruye el amor romántico y desestigmatiza la soltería: no necesitas a nadie para ser feliz, o autorrealizarte. Más aún, las vinculaciones no tienen por qué llevar implícitas ninguna clase de relación/contrato psicológico.
Además, las personas que amas son las que son, no las que quisieras que fuesen. Si quieres ser algo, constrúyete a ti misma de forma cariñosa y minuciosa: te aseguro que es un proceso maravilloso y muy gratificante. Y, además, eres la persona dentro de la cual irremediablemente vas a vivir el resto de tu vida.
Búscate, investígate, escúchate, intenta entenderte y comprenderte. Conquístate, cuestiónate, expresa tus sentimientos y emociones. Acéptate, constrúyete y reconstrúyete tantas veces como creas necesarias. Decide sobre tu cuerpo, más allá de las etiquetas, haciendo aquello que sientes y luchando para no tener que vivir en una continua pugna para ser y permanecer libre en el placer de la existencia de tu cuerpo.
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Nunca te rindas. Resiste, rehazte, imagina, crea y cuídate.
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Trátate con cariño, y sé flexible contigo misma.
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Y nunca jamás te dejes de explorar. En todos los sentidos

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