dimarts, 31 de desembre de 2013

Hombre bisexual y feminista, luego no existo, Jose S. Cabrera Pérez


Y ya con esto me siento doblemente invisibilizado, doblemente apolitizado, enajenado políticamente. A partir de ahora, más que nunca, me reafirmo en las identidades: Hombre, bisexual y feminista. Tres palabras que despiertan prejuicios y miedos cuando van en la misma frase mínimo dos de ellas, por lo que ahora más que nunca seré hombre, bisexual y feminista.
Los feminismos no se pueden definir como un movimiento identitario, en algún momento fue necesario que el movimiento feminista fuese propio de las mujeres, pero ahora existen múltiples formas de entender los feminismos, por lo que no podemos definirlos en sí mismos como un movimiento identitario, a diferencia del movimiento LGBTI que si es un movimiento identitario como su nombre indica. 
Muchos feminismos utilizan las nociones de “sexo” y “género” de manera diferente, obviamente, sexo haciendo referencia a si la persona es “hombre o mujer” (disculpen el binarismo) y el género a todas las características socioculturales asignadas a ambas categorías, entendiendo entonces que los hombres y las mujeres estamos generizados de manera distintas, donde los hombres se encuentran en una posición de superioridad frente a las mujeres. Pero la gran mayoría estamos de acuerdo que esos privilegios masculinos no forman parte de la categoría “sexo” sino de la categoría “género”, y por lo tanto se puede cambiar, y en ese camino nos encontramos.
Lo que oprime no son los hombres, sino la masculinidad hegemónica que por lo general la solemos encarnar los hombres. Entonces decir, “la violencia que ejercen los hombres” o decir “la violencia que ejerce la masculinidad hegemónica” son prácticamente sinónimos, y no me importa utilizar las dos expresiones. Lo que me preocupa es la diferencia de matiz que algunas personas (feministas o no) le dan. La primera frase se relaciona con la categoría “sexo” y la otra frase con la categoría “género o de roles de género”, por lo que la primera tiene un matiz biologicista o esencialista y la segunda, constructivista. La primera la encarna las personas con un cuerpo considerado “cuerpo masculino o de hombre/pene, testículos,…” (Visión cisexista y mayoritaria) y/o personas cuyo sexo es “hombre” independientemente de cómo este desarrollado su cuerpo, y la segunda expresión parte de los “roles de género”, por lo que lo puede encarnar cualquier persona, con cualquier cuerpo y sexo, pero con los roles de género asociados a esa masculinidad hegemónica. Pero insisto, veo bien que se hable de “hombres”, siempre y cuando no olvidemos desde donde partimos. Bueno, y si se les olvida tampoco pasa nada, ahora, no hay que imponer a otras personas sus capacidades de agencia políticas y activistas.
Otra cosa es pensar que ser “hombre feminista” significa hablar por las mujeres, representar a las mujeres o ayudar y apoyar a las mujeres. Ser hombre feminista, para mí, no tiene nada que ver con salvar a las pobrecitas mujeres del malvado sistema patriarcal. Ser hombre feminista, para mí, significa ser consciente de ese sistema e intentar no caer en sus sucias manos y no seguir representando ciertas formas de masculinidades. Ser hombre feminista, por ejemplo, es estar a favor de la autonomía corporal, decidir abortar o no, en el caso que tengamos esa capacidad, como algunos hombres transexuales e intersexuales, ya que no todas las mujeres tienen la capacidad de gestar y no todas las personas que sí tienen esa capacidad, son mujeres. Pero igualmente uno puede llegar a entender que se hable desde una mayoría cisexual que puede gestar y que constantemente relaciona la gestación o el aborto con las “mujeres”, pero el acto de poder decidir sobre mi cuerpo, es una lucha feminista y eso tiene que ver conmigo, y si no tiene que ver directamente, es justo que otras personas tengan ese derecho ¿Te imaginas el disparate de debatir sobre nuestros espermatozoides, si estamos o no matando, si tenemos o no el derecho a masturbarnos? 
Ser hombre feminista tiene que ver con disfrutar de tu sexualidad sin hacer daño a nadie, y esperar que todo el mundo tenga ese derecho y que se tenga esa política del cuidado. Ser hombre feminista es creer y hacer que las relaciones sean más igualitarias. Ser activista bisexual, me hace ser inevitablemente feminista, ya que quiero construir relaciones igualitarias con las personas de cualquier sexo/género con la que mantengo relaciones afectivas/románticas/sexuales. Y como las mujeres feministas tienen en sus agendas políticas muchos de estos temas, inevitablemente uno se une a esa agenda política feminista.
republicado desde la radical bi

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