diumenge, 4 de maig de 2014

sobre El Arte de Amar. manual ágamo de autodefensa, Israel Sánchez

El Arte de Amar, de Erich Fromm, publicado en 1953, reúne varias condiciones que recomiendan un análisis exhaustivo si queremos tanto entender el funcionamiento de la ideología del amor vigente como disponer de las herramientas necesarias para contrarrestarla y establecer relaciones libres y conscientes.

En primer lugar se trata, seguramente, de la principal referencia bibliográfica sobre la cuestión. Es significativo que un tema al que nuestra cultura y nuestra vida social y personal dedican tantas preocupaciones y esfuerzos no haya desarrollado, no ya una bibliografía, sino incluso una consciencia general sobre dicha bibliografía; un mínimo cuerpo ideológico con referencias de uso común cuyos títulos a todos nos resulten, al menos, familiares. A pesar de que las publicaciones son constantes y abundantes, apenas alguna alcanza a convertirse en un fenómeno circunstancial que renueva la estrategia editorial de “descubrimiento de la solución para un mal que ha durado desde siempre y al que hasta ahora no se había ofrecido solución alguna”.

No es éste el caso del texto de Fromm, que no sólo permanece en las estanterías de las librerías, sino que sigue alimentando su consumo del boca a boca, y considerándose uno de los libros, si no “el libro”, que se debe leer cuando se padece “mal de amores”.

La otra condición que convierte a El Arte de Amar en un texto particular entre aquellos con los que comparte temática es que, a pesar de haber cumplido ya los 60 años vida, no ha sido sustancialmente renovado por sus sucesores. Poco de original encontrará quien busque en las páginas de la última novedad editorial sobre inteligencia emocional amorosa, más allá de la referencia a algún sorprendente estudio que deberá conducirnos a las mismas conclusiones de siempre, que no hubiera podido encontrar en el texto del autor alemán.
Estas dos condiciones convierten a El Arte de Amar en la biblia del amor contemporáneo y, por ello, un lugar extremadamente sensible sobre el que elaborar una crítica.

Dado que el objetivo de esta crítica, como ya he dicho, es servir de herramienta práctica y cotidiana de refutación de los argumentos de la ideología del amor, en aras de liberar el desarrollo de la vida ágama, comenzaré señalando los rasgos que el texto que nos ocupa presenta en común con lo que ha sido posteriormente la ideología del amor hasta nuestros días. Estos rasgos son otras tantas críticas que engloban la integridad del discurso del amor, y frente a las cuales la ideología del amor tiene escasa defensa, se remita a las fuentes a las que se remita.

Manejar con soltura estas críticas es disponer de los mecanismos intelectuales y argumentativos adecuados para impedir que las veleidades sentimentales o demagógicas debiliten innecesariamente las posiciones ágamas.

Aunque estos puntos serán expuestos de manera algo prolija para el formato utilizado, destacaré las ideas básicas y los ejemplos que las ilustran de modo que el acceso a las mismas sea sencillo y su instrumentalización cómoda e inmediata.

Erich Fromm, en uno de sus gestos más "punsetianos".
    1_El amor es tratado como un fenómeno de cuya necesidad no cabe dudar, pues es un bien supremo, perfecto e infalible. Todo lo malo que tiene que ver con el amor es considerado una mala comprensión del amor o la realización de algo que no es el verdadero amor. Llamo a esta estrategia “divinización”. En algunos casos el amor llega a ser presentado como la solución definitiva a todos los problemas de la humanidad. Habría, entonces, que hablar de una tendencia a la divinización monoteísta que invertiría, por cierto, el dogma cristiano “Dios es amor” convirtiéndolo en “el Amor es dios”.
 

Observamos, tanto en el texto de Fromm como en cualquier discurso partícipe de la ideología del amor, que éste es tratado bajo la premisa apriorística de su bondad. En lugar de recibir un análisis socio-histórico, que mostraría sus luces y sus sombras, frente a las que se podría realizar una valoración crítica precisa, el amor es siempre tratado como un bien cuyos males son consecuencia de disposiciones equivocadas sobre dicho bien. Las abundantes explicaciones de Fromm sobre los amores erróneos tienen su correlato contemporáneo más destacado en el uso del concepto de “amor romántico” como aquello que debe ser excluido del amor para que éste conserve su bondad inmaculada.

Resulta, por supuesto, más que evidente que el amor, como realidad social, como hecho humano y, por tanto, cultural, carece de naturaleza sobrehumana que avale su perfección. Esta estrategia universalmente empleada en el tratamiento del amor, a la que llamo “divinización” (en el sentido judeocristiano de tradición parmenidea, que entiende al ser máximo como la síntesis de todas las perfecciones) impermeabiliza al amor contra toda crítica y anula, precisamente, por ello, la validez de cualquier análisis.

                2_Para legitimar el discurso contradictorio del amor, se refuerza el prestigio intelectual de la paradoja. Ideas como “dar es, en realidad, recibir”, “dos se hacen uno y a la vez siguen siendo dos”, “el pensamiento correcto lleva al acto incorrecto y el pensamiento incorrecto lleva al acto correcto”, se presentan como grandes verdades cuya sabiduría sólo es accesible para quien esté dispuesto a aceptarlas sin someterlas a juicio.

El segundo rasgo que los textos posteriores a El Arte de Amar comparten con, y, en gran medida, recogen de él, es la fundamentación argumentativa en la paradoja o, por decirlo en términos más claros y flagrantes, el tratamiento de la contradicción como si se tratara de una no contradicción.

La batalla que, desde sus mismos orígenes, y debido a su localización geográfico-cultural, la doctrina cristiana se ve obligada a mantener con el pensamiento lógico griego y aristotélico, da con Santo Tomás los primeros síntomas de extenuación y derrota. A partir de él, cada nueva versión de la lucha intelectual entre el pensamiento humano y la doctrina revelada reducirá más el prestigio y ámbito de aplicación de ésta última hasta llegar en los siglos XIX y XX a posiciones más testimoniales que significativas. Dios seguirá siendo considerado existente a priori y superior a todo lo humano, porque esas son las premisas mínimas de su sustancia, pero completamente trivial desde el punto de vista intelectual. Nada digno de ser empleado como pensamiento práctico podrá ya dimanar de la fe. Este Dios exiliado carece de poder para seguir legitimando el pensamiento paradójico: los argumentos serán razonables, o no serán.

Fromm toma buena nota de esta derrota: Si la lucha contra la lógica está perdida de antemano, es decir, si las afirmaciones deben ir siempre acompañadas de razones suficientes, la divinización del amor tiene también los días contados. Es necesario cambiar de estrategia. Fromm echa mano, por ello, de la inmaculada tradición del pensamiento de las religiones orientales, cuyo desarrollo al margen de la filosofía occidental permite proyectar sobre ellas un halo de pureza inmaculada: si la sabiduría de oriente no entra en liza con la lógica hemos  de atribuirlo a que no se ha dignado a ello; se sabe tan superior que se conforma con insinuarse, como si usara una nueva mayéutica, dejando al pensamiento occidental el trabajo de descubrir una verdad para la que ahora tiene más pistas. El concepto de “paradoja” cobra ahora un nuevo significado. La paradoja no aparece descrita en términos lógicos, es decir, no aparece localizada y determinada por la lógica, sino que conserva la indeterminación en todos sus aspectos. La paradoja no es sólo la manifestación de que el hombre es tan inferior al objeto deificado que se muestra incapaz de comprenderlo; la paradoja viene a ridiculizar al hombre en su pretensión de comprender, recordándole que el hecho mismo de comprender es erróneo.

Por supuesto, toda esta estrategia no resiste el análisis , y no constituye más que la enésima tentativa de una entidad conceptual decadente por conservar su vigencia. Debemos entender que el uso de la paradoja es simplemente el reconocimiento de un punto muerto argumentativo y, como tal, una debilidad de la teoría expuesta.

 

                3_La reflexión crítica sobre el amor se sustituye por una técnica para conservar la pareja, es decir, para realizar el “gamos”, o unión sagrada paramatrimonial con vocación reproductiva. Un primer bloque de técnicas se presentarán como virtudes a poner en práctica en todo tipo de amor (cuidado, responsabilidad, respeto, conocimiento) y serán complementadas después con un segundo bloque adecuado para alcanzar cualquier tipo de objetivo (disciplina, concentración, paciencia, preocupación). En lugar de resolver las contradicciones de la materia tratada, se prepara al lector para hacer frente a dichas contradicciones, asumiéndolas como necesarias.


En tercer lugar, se encuentra el rasgo que fue, seguramente, la gran aportación de Fromm o, al menos, lo que Fromm consideró que debía serlo. Sin duda se trata, en cualquier caso, de la verdadera alma de su doctrina, lo más imitado de ella y lo que los lectores van aún a buscar a su texto. Me estoy refiriendo al contenido disciplinario; eso que Fromm llama “el arte”.

El discurso religioso en defensa de la institución tradicional del matrimonio siempre se había fundamentado en un componente de sacrificio resignado. Todo sometimiento a una ideología opresiva va acompañado del discurso del sacrificio enajenante: se debe sufrir porque así es la vida, porque estamos hechos para sufrir, porque queremos cosas que no se nos pueden dar y adquirir la madurez, e incluso la santidad, es aprender a dominarlas  y remplazarlas por el seguimiento de la norma. Pero, ante el descrédito de la pareja tradicional, Fromm da un paso más allá e intenta, con cierto éxito, elaborar una técnica disciplinaria. La resignación no será un simple empeño de la voluntad. Ese empeño aumentará sus posibilidades de éxito si se atiene a las reglas de la técnica. La primera escaramuza será publicitaria, y consistirá en embellecer el producto sustituyendo el término “técnica” por el de “arte”. La técnica de la resignación a la pareja gámica pasará a llamarse “arte de amar”.

Bajo los dos bloques de cuatro claves cada uno en los que Fromm estructura este nuevo arte, subyace la noción de que el amor es un objetivo preestablecido que a toda costa debe ser alcanzado y en ningún caso puede ser puesto en duda. Dado que es un objetivo bueno (recordemos la divinización), dichas claves serán siempre la puesta en práctica de una virtud ética, la cual requerirá siempre de la realización de un esfuerzo.

Amar es, por lo tanto, concebido en su esencia como un trabajo que, a diferencia de un verdadero arte, carece de la libertad de establecer sus propios objetivos. Estaríamos, en el mejor de los casos, ante una artesanía, es decir, un oficio consistente en la producción hábil y estetizada de un objeto meramente funcional. Pero en realidad se trata de un trabajo enajenado, pues la descripción plenamente realista de los esfuerzos que acompañan a la realización del arte va seguida de una descripción idealista de sus recompensas. Así, nos encontramos perpetuamente en la posición de trabajar en el arte, y nunca de sus consecuencias a un nivel que resulte compensatorio. La retribución del arte de amar es, en gran medida, virtual: el discurso de la idealización del amor; la reiterativa descripción exaltada de un paraíso que sólo llegará más allá de la vida posible.

No entraré aquí a valorar la eficacia de las técnicas propuestas por Fromm. Lo verdaderamente clave es que El Arte de Amar no es un texto sobre el amor, sino sobre cómo llevar a cabo eso a lo que se llama “amor”, es decir, el gamos, o unión heteronormativa mediante un vínculo de naturaleza matrimonial. La conveniencia o no de dicho gamos, o su comparación con otros modelos, reales o posibles, queda fuera de toda discusión.

La bibliografía posterior sobre el amor, desde las críticas al amor romántico hasta las descripciones de amores tóxicos, de mucha menos repercusión individual, aunque voluminosísima en su conjunto, es una colección de manuales técnicos en los que las claves dadas por Fromm se combinan y recombinan con la intención de adaptarse a las crecientes tensiones a las que las corrientes críticas contemporáneas someten al gamos.

En toda ella el amor no aparece como una materia cuyas contradicciones deben ser resueltas y, de ese modo, superadas en la práctica, es decir, como una reflexión que ayudará a transformar la realidad en una realidad más feliz. Muy al contrario, el amor es presentado como un objetivo problemático que, a pesar de todo, debe alcanzarse, pues constituye la realización última de la naturaleza humana, que se sentirá a sí misma en plenitud una vez acceda a dicho objetivo.

Por supuesto, si, como sucede infaliblemente, su alcance no acaba ofreciendo esta plenitud, debe interpretarse simplemente que, en realidad, el camino no se ha completado todavía.

encontrado en contra el amor

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