divendres, 16 de desembre de 2011

Conversaciones con lxs maestrxs del amor, Relaciones


¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo.
Erich Fromm

Decían que bastaba con enamorarse para mantener una relación amorosa con otra persona. Lo difícil sería encontrar a quien nos enamorara y enamorarle, el resto sucedería solo: y fueron felices y comieron perdices. Con el tiempo y algunos desengaños descubrimos que aun sintiendo que nos queremos y deseando querernos es posible mantener relaciones que no calificaríamos precisamente de amorosas. Enamorarse de otra persona es experimentar un deseo, una atracción, una fuerza que nos impulsa hacia ella. Sonreímos tontamente, se nos alegran los días, fantaseamos con ella, nos derretimos, es simplemente maravillosa. Pero, pese al bello y prometedor canto que endulza nuestros días, puede suceder que nos estemos adentrando en una relación no-amorosa. Porque sentirse enamoradxs no necesariamente implica una relación amorosa. No es cierto que lo uno traiga, por su propia naturaleza, lo otro: es posible sentirse enamorada y hacerle la vida imposible a la otra persona, o hacérnosla mutuamente imposible.

Como señalara Erich Fromm en El arte de amar, amar es un arte y “el proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica”.

En lo que a la teoría se refiere, es sin duda cierto aquello de que cada maestrillo tiene su librillo. Seguro que nosotrxs también tenemos el nuestro, más o menos refinado pero propio. Y sin embargo suelen ser muchas las dudas y perplejidades que el amor nos provoca. En esta sección que hoy presentamos- Conversaciones con lxs maestrxs del amor- queremos reunir diferentes propuestas para una relación entre adultas efectivamente amorosa. Cuando decimos efectivamente amorosa queremos decir que no sólo existe un sentimiento amoroso sino que, además, es en la práctica una relación de buen trato. Mantener una relación amorosa- una relación en la que ambas personas sienten afecto y se tratan bien, cuidadosamente- no exige estar enamorada, ni tan siquiera experimentar atracción sexual. Pero en esta sección vamos a ocuparnos sólo de propuestas para relaciones amorosas con personas que nos enamoran.
Lxs actuales occidentales tendemos a pensar que el amor romántico, el amor con quien nos enamoró, es un imperativo de la naturaleza que no podemos desobedecer si pretendemos una vida realmente auténtica y plena. Tan fundamental nos parece que por amor, por ese amor, una persona debería quebrar el hogar de sus hijos, marchar al otro lado del mundo, abandonar proyectos, dejar atrás a los mayores necesitados de la familia. ¿Por qué? ¿Qué hay en este amor que pueda exigir de todxs y cada unx de nosotrxs semejantes rupturas y renuncias?

Quizás no sea más que una fuerza ciega, una locura, que nos demanda renuncias y rupturas mientras nos eleva a las más embriagadoras alturas. De las cuales un mal día caeremos para descubrir lo terrible de su embrujo: todo lo dejamos por él y ahora él nos abandona. Así existen sociedades que describen el enamoramiento como una perturbación peligrosa cuyo encanto es necesario resistir. También nosotrxs nos habremos resistido alguna vez a sus reclamos en la confianza de que el tiempo apaga cualquier arrebato. Pero, en la inmensa mayoría de los casos, no habrá sido convencidxs de lo perjudicial para una buena vida que pudiera ser dejarse llevar por los cánticos de cualquier enamoramiento sino al darnos cuenta de que nos habíamos enamorado de una persona poco recomendable, comprometida con otra, que no nos correspondía o con quien simplemente no nos cuadraban los planes. Porque nosotrxs, lxs actuales occidentales, creemos no tanto en el valor intrínseco del enamoramiento (vivamos sin más esta locura) como en su idoneidad para conducirnos a una vivificante y maravillosa relación íntima, de cuidado, tierna, cotidiana, cómplice, de compañerxs de ruta. Y por los motivos que sean- quizás sólo porque así nos lo contaron, o porque nos hicieron creer que en esa relación encontraríamos la gran dicha y plenitud de nuestras vidas, o porque nos sentimos muy solxs- la gran mayoría encontramos en el enamoramiento y su promesa de nuestra gran compañera de ruta razón y legitimidad suficiente para renunciar y romper otras relaciones, proyectos, compromisos. Aun cuando una y otra vez caigamos luego de nuestro anhelo con el cuerpo lacerado.

Algo hay de exagerado, de imposible, de fantasioso, de irracional en el afán de Occidente por el amor romántico. No obstante, hemos también desarrollado un proyecto que, lo escojamos o no, no deja de resultar sugerente:

Dado que somos animadxs hacia Fulana por una poderosa y seductora fuerza de dulces promesas que exalta nuestros pechos dejémonos llevar por ella, disfrutémosla, vayamos a donde Fulana. Y una vez con Fulana, ¿qué? Una vez con Fulana, decimos los occidentales, embarquémonos juntas en el proyecto de una gran relación amorosa. Porque ya hemos dicho que sentirnos enamoradxs no necesariamente implica que vayamos a mantener una relación que podamos calificar de amorosa. Una cosa es el sentimiento amoroso pero amar es, como dice Erich Fromm, un arte, y también un proyecto: ¿cómo vamos a relacionarnos con esta persona que nos enamora? ¿Cómo queremos tratarnos? ¿Cuáles son nuestras expectativas? ¿Qué queremos de la otra persona y de la relación? ¿Cuáles son nuestros planes de cara al futuro? ¿Qué quiere ella de nosotras y qué estamos dispuestas a darle? ¿Cuáles son nuestras habilidades? ¿Y nuestros defectos e incapacidades? ¿Cómo haremos para lograr los comportamientos y actitudes que queremos cuando resulta que así, sin más, no nos salen? ¿Qué lugar ocupará esta persona en nuestras vidas? ¿Qué podría suponer el fin de nuestra relación? Es respondiendo a estas y similares preguntas que iremos definiendo nuestro proyecto de relación amorosa: cómo queremos relacionarnos y cómo conseguir relacionarnos conforme a nuestras expectativas y pretensiones amorosas. La teoría que señalara Erich Fromm. El librillo de cada maestrillo.

Respecto a la práctica, continúa diciendo Erich Fromm que “una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aun no soy en modo alguno competente en el arte del amor. Sólo llegaré eventualmente a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia de dominio de cualquier arte”. Porque para aprender a amar es necesario que nos lancemos a intentarlo. Y tratando de amar, esto es, tratando de que nuestra relación con la otra persona sea a la manera amorosa que deseamos, a menudo nos descubriremos habiendo olvidado el propósito/compromiso y desviándonos hacia nuestros egoísmos, nuestras mezquindades, nuestros automatismos no-amorosos o simplemente hacia otros intereses. Enderezar el rumbo, aprender a identificar las piedras en nuestro camino y cómo no tropezarnos nuevamente en las mismas forma parte del aprendizaje.
 

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