divendres, 7 de desembre de 2012

Carta Abierta, Pablo (Pluma y Marrasquino)


Querido, no quise ser impuntual pero no se a qué dirección escribirte, ni siquiera cómo he de nombrarte. Me demoré 22 años en encontrar la estampilla indicada, porque siempre dudo si estás ahí.

Te he confundido más de 100 veces, pero cierro los ojos y las piernas y sé que no eres tú. Incluso te confundí con un pintor callejero que me dio dos orgasmos y tres suspiros, pero ambos sabemos que no eras tú. Te he extraviado tantas veces, como cuando mis dedos como tijeras fingían por mí los orgasmos o aquella revolución cuando yo era Scarlette O'hara y tú solo fuiste viendo.

No sé tu nombre, ni tu número, ni tu facebook, no sé si lloraste conmigo cuando Esteban muere atropellado al principio de la película mientras perseguía ingenuo el auto de Uma Rojo.

Que límbico es no saber tus culpas ni tus pulsiones, o si eres diabético, vegetariano o te crees anarko feminista; si te gustan las humitas con azúcar o culiar paradito, sin condón y en las esquinas oscuritas.

"Porque no nos conocemos ni tampoco nos queremos" ni siquiera puedo culparte por plantarme frente al bellas un domingo patético y nublado, no puedo culparte por las ladillas de hace tres años, ni encarar tus actitudes de maricón alfa frente a tus compañeros de epistemología 2, ni siquiera patearte un viernes para reconciliarnos un domingo.

Te espero en cada terminal que piso y todos los trenes a los que subo te busco para encontrarte por casualidad como en una mala película holliwoodense, has visto, querido, que en esas películas los buenos siempre ganan y terminan juntos; por qué nosotros somos los buenos, ¿verdad?
También te he buscado impaciente en todos los cuartitos oscuros y entre bosques púbicos, pero nunca estás ahí.
Y yo sigo siendo la leprosa que teme ser tocada para no contagiar mis vergüenzas a alguien que no seas tú.

Aún no se cómo nombrarte y no me atrevo ni siquiera a hacer especulaciones, solo a armar monosílabos en búsquedas de perfiles, que siempre termino por borrar rápidamente.

Pero te confieso algo, eres el único al que esperare hasta volver a usar pañales y los polvos sean solo un recuerdo para contarle a los nietos que nunca tendré.

La verdad no sé cómo despedirme de alguien a quien nunca he saludado.
Y aunque no espero respuesta, solo te pido que si has de venir te quites la capucha, traigas 42 grados en el termómetro y un par de vinos, porque la cama y el culo los pongo yo.

con amor e ignorancia, para nadie y ninguno.

Pablo

republicado de pluma y marrasquino

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