diumenge, 21 d’octubre de 2012

El amor, un hilo y dos yogures, H.R.Herzen

Ilustración de Agustina Guerrero
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Nos rodeamos de pantallas que nos roban el tiempo. Queremos huir de ellas pero nos aferramos; las criticamos constantemente y las necesitamos. Son nuestro amor de culebrón. No nos alejamos de nuestro nuevo teléfono con infinidad de aplicaciones así como tampoco lo hacemos de aquella persona a la que decimos querer: obsesivamente. ¿Amamos o creemos amar? La próxima temporada de invierno, los pijamas llevarán bolsillo para el móvil y batería incorporada. No sabemos medir, nuestras madres y padres nacidas en la postguerra nos mal acostumbraron: lo queremos todo, ahora, rápido, en abundancia y sin demora. Queremos consumir cuerpos y desear aquello que no podemos tener, dramático y placentero a la vez pues en los escaparates siempre hay más de lo que te puedes llevar. No nos sirve lo que siempre nos ha funcionado, queremos lo último del mercado, el ansia de novedad es insaciable.

Nos hemos acostumbrado a que la gente esté interconectada las 24 horas del día, nos parece raro que una amiga apague el teléfono o un amigo no responda una llamada: ¡a mí nadie me hace esto! Buscamos cobertura en la playa y la montaña y la buscaremos con la cabeza inclinada y una mano a la altura del pecho en una fiesta llena de gente para expandir nuestro límite relacional mientras lo limitamos: más gente, relaciones más pobres. Esperamos a llegar a casa para colgar las fotos de esa fiesta y hacer los comentarios que entre el alboroto y el alcohol no nos pudimos hacer. 700 amistades en el face, cambio mi estado cada 40 minutos, pero nadie me saluda en mi barrio y no sé cuáles son los problemas del vecino ya que bastante tengo con aguantar el volumen de su televisor que enloquece mis escasos momentos de silencio. En la calle nos nos miramos a la cara, centramos nuestra atención en la pantalla y los obstáculos del camino. En el bus nadie mira por la ventana ni le guiña un ojo a la vecina; estamos leyendo las noticias o jugando a cualquier bobada gastando nuestras yemas dactilares.

La sociedad de las pantallas nos da seguridad; no necesitamos comunicarnos directamente y podemos decir lo que nos plazca gracias a la mezcla de anonimato y virtualidad; siempre fue más fácil decir las cosas a la espalda y no a la cara. Nos dan miedo las relaciones afectivas y los domingos ya no buscamos a la gente en la calle, antes escudriñamos enchufes para no perder el último suspiro de nuestra batería.. Ahora mismo tengo 1.269 amistades en línea, paradoja del amor monógamo y heterosexual que por lo menos ya no piensa en príncipes azules ni sapos encantados. La pantalla no nos libera de la angustia, solo la hace más soportable.

Las relaciones nos dan pereza porque son lentas, requieren paciencia y esfuerzo; preferimos velocidad, rapidez, cosas fáciles y cómodas. Follar y punto, pasármelo bien siempre, orgía cada día, non stop party. El amor languidece a pesar de los mensajes con emoticonos que intercambiamos. En realidad no siempre nos queremos ver, solo queremos mantener la apariencia del interés: el sexo todavía nos atrae y no sabemos cuándo necesitaremos a aquella amiga a quien no vemos hace meses. La actual sociedad “pantallizada” nos ubica en la inmediatez y la impaciencia y es incompatible con valores que requieren una concepción de la vida y el mundo a largo plazo como la confianza y la amistad. ¡No tenemos tiempo para eso!

El panorama no es tan decepcionante, hay grietas, resistencias y perspectivas constructivas. Hay que aprender la naturalidad de la vida y descubrir la generosidad en el aliento de nuestros amores. Si tras el análisis racional de una pasión no hay dudas, pisa el acelerador sin miedo; déjate llevar, la vida es una fiesta y tú eres la invitada principal. El amor diverso, libre y plural ha de resistir al embate del alejamiento interconectado; la estrategia será comunicar el deseo con un hilo y dos yogures, con las manos y la sonrisa.

2 comentaris:

  1. Totalmente de acuerdo. Y siguiendo la antigua estrategia de "lo que no se ve no existe", no estando o estando de forma difusa e intermitente en ese sistema de simulación social (o como quieran llamarlo: redes sociales,...)empezamos a "perder cuerpo" (irónicamente).

    La metáfora del hilo y los dos yogures me ha sacado una sonrisa, de esas que te calientan el corasonsito ^^

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    Respostes
    1. Mira por qué sitios más bonicos te encuentro, romita... un beso de yogur a yogur desde córdoba, mujer pez... y poco más que no quiero que el yogur se convierta en pantalla.

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