dimarts, 2 d’octubre de 2012

Quiéreme como yo te quiero, Raquel Diaz Illescas

Queremos que nos quieran, pero a nuestra manera.

Nos enamoramos, nos ilusionamos, nos decepcionamos, frustramos, y a veces incluso pensamos que eso del amor, de la pareja no debe estar hecho para nosotros.

Muchos de los conflictos que viven las parejas están motivados por la frustración que uno o ambos miembros sienten cuando esperan del otro que haga, diga o sienta en esta o aquella situación. Pero lo que acaba sucediendo es que nuestra pareja no hace ni dice aquello que nosotros esperamos que haga.

Interpretar e incluso adivinar los motivos o causas que han llevado a la pareja a reaccionar de tal o cual manera es una práctica al uso en todas las relaciones. Tendemos a medir las conductas y verbalizaciones o no del otro por nuestro particular patrón que no es otro que nosotros mismos, y desde ahí comenzamos a encontrar explicación a lo acontecido: “Dice que no le pasa nada porque seguro que está enfadado; me dice que le deje en paz porque lo que le ocurre es que ya no me quiere…; si no me ha cogido el teléfono seguro que es porque estaba con alguien que no quería que yo supiera; no me dice nada porque estará pensando que ya está harto de mi; no se fija en mi porque ya no le gusto; no me dice la verdad para no hacerme daño…” Y así un sin fin de pensamientos que acaban llevándonos a sentirnos tristes, rabiosos, frustrados y sobre todo generando mucha ansiedad que favorecerá el que nuestra actitud para con nuestra pareja sea de reproche.

Pensamos que conocemos al dedillo a quien comparte con nosotros techo, que sabemos cómo reaccionará ante esto o aquello; que el que ponga este o aquel gesto quiere decir que le pasa tal o cual cosa, porque el haber compartido tantos años juntos nos otorgan tal “arte” y curiosamente nada sabemos de sus deseos y preferencias dentro y fuera de las sabanas, aunque a veces sin nunca haber hablado del tema, algunos presuponen saberlo.

Lo cierto es que adivinos adivinos, no somos. Y que aunque creamos conocer a nuestra pareja tanto como para saber las motivaciones que esta puede tener para actuar de una manera determinada, posiblemente en la mayoría de las ocasiones nos equivoquemos.

Cada persona somos diferentes, y así lo son nuestros intereses, motivaciones y la forma de sentirlo y expresarlo. Esto todos dicen saberlo, pero lo cierto es que interiorizarlo y ponerlo en práctica parece estar algo más alejado. Realmente ¿resulta tan complicado limitarnos a escuchar lo que nuestra pareja nos dice sin que esto conlleve una interpretación de lo dicho o hecho?

Podemos pretender o exigir, que alguien que es introvertido, que le cuesta expresar sus emociones ¿nos diga lo mucho que nos quiere y nos echa de menos cuando no estamos a su lado?

No deberíamos, sin embargo lo hacemos basándonos en lo que para nosotros es lo normal. Esperamos que hagan un despliegue de sus emociones y nos las muestren tal cual nosotros lo haríamos, porque claro, nosotros es que sí lo hacemos… Y cuando por respuesta obtenemos silencios inciertos lo que interpretamos es que el amor se ha ido de la mano del deseo.

A expresar sentimientos también se aprende, pero esto no nos lo enseñan en la escuela y tampoco los padres suelen hacerlo, posiblemente porque a ellos tampoco les enseñaron.

Y entonces ¿qué hacer ante la necesidad de que nos cuenten, nos digan, hagan y nos quieran como nosotros queremos?

Seguiremos...

republicado de sexualidad positiva

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