dimarts, 9 d’octubre de 2012

¿Esperamos demasiado del sexo?, Sylvia de Béjar


Ilustración de Agustina Guerrero
Su bloc (te gustará) y su facebook


Agachó la cabeza, bajo la voz y se confesó. Hace unas semanas, una mujer convaleciente casi se me disculpó por no desear. Me atenazó la culpa y, a raíz de ese encuentro, empecé a plantearme mi responsabilidad a la hora de propiciar algunas de las falsas y peligrosas expectativas que muchos albergamos en torno al sexo. ¡Vaya depre! Si a la pornografización de nuestra cultura (un hecho) le sumamos la porrada de consejos de manuales y supuestos gurús del sexo ordenando “vive”, “rétate” (la de veces que lo he dicho), “disfruta”… ¡no hay quien esté a la altura! Por descontado, ¡tampoco la que escribe esto!

A nuestra vida carnal le exigimos demasiado: pretendemos que día sí día también nuestra sexualidad de pareja sea una de pura lascivia; la single se da por supuesto que lo es… ¡Ya!


¡Qué poco humildes y qué faltos de memoria! ¿Acaso ya no recordamos lo poco que nuestros antepasados esperaban de su vida conyugal (¡y que sin ella no había sexo!*)? Solían contemplarla como una empresa para perpetuar el apellido familiar, salvaguardar el patrimonio, sobrevivir a las inclemencias de la vida… ¡Crear una pareja no tenía nada que ver con el amor y el deseo carnal y aspirar a tener una buena sexualidad no iban en el lote! Si coincidían, ¡pura chiripa!

Sin embargo, ¡ahora lo queremos todo y hasta eso -sea lo que sea- nos acaba pareciendo poco!

¿Necesitas pruebas? Somos tan memos (= burros de remate, pero dicho en plan fino) que muchos creemos, como verdad absoluta, que, por arte de biribirloque, nuestra vida sexual ha de:
- ser frecuente (siempre hay que tener plan, ganas y estar dispuesto);
- implicar coito (lo demás no es sexo… ¡tanta gente sigue pensando así!);
- acabar día sí día también en orgasmo;
- producirse de forma espontánea (llego a casa o doblo la esquina y ¡alejop!);
- ser en cada encuentro ¡y de principio a fin! apotéosica;
- no ser nunca igual;
- parecerse a lo que se ve en el cine o, peor aún, en las pornos, a lo que ahora hay que sumar lo que las mujeres leemos en las novelas Grey…

Vaya panorama, ¿no? Y eso que casi me dejo unas cuantas, como que él tenga que durar una eternidad o babear por cualquier fémina que se le ponga a tiro, o que ella le baste la penetración para llegar o tenga que tener un pasado impoluto (la de tíos que aún viven anclados en el diecinueve, tengo guardados algunos emails memorables).

¿Y quién es el guapo que arregla este desaguisado? ¿Por donde empezar? Toca recurrir a las sabias palabras de Gidé, “todo lo que necesita ser dicho ya ha sido dicho, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo”, y actuar en consecuencia. Digamos lo que sea que haga falta una vez más. Para empezar, repesquemos una verdad -esta sí- aparentemente simple, pero que solemos ignorar a pesar de sus enormes consecuencias:

El sexo no es solo una actividad. Es mucho más. ¡Es una idea que tenemos en la cabeza sobre cómo ha de ser!

¡Una idea! ¡Y es ahí donde empiezan la mayor parte de nuestros problemas! Cuando nuestra idea de cómo ha de ser no se corresponde con la realidad, ¿sabes como se salda la incongruencia? Obvio: ¡en INSATISFACCIÓN! Seguro que lo has experimentado en alguna ocasión… ¿quizás en demasiadas? ¡YO TAMBIÉN!

¿Nos vamos entendiendo?

Una idea.
Unas expectativas.
Y nuestra imaginación no tiene límites.
Y es difícil estar a la altura de algo que es, casi siempre, una quimera.
Y el césped del vecino siempre se ve más verde.
Y me creo todo lo que me cuentan.
Y no cuestionó lo que me dicen, solo me lamento porque lo mío no es así.
Y quiero que, como un regalo caído del cielo, mi sexo sea ¡la leche!
Y…

En estos momentos te estoy cogiendo por la pechera y si no la tienes, te la imaginas, porque si no te agarró de las orejas…
¿Cómo crees que ha de ser tu vida sexual?
¿Qué expectativas almacenas entre ceja y ceja?
¿Lo que pretendes tiene fundamento?
¿Te sirve para vivirte y/o compartirte bien?
¿Hasta qué punto no te estás dejando arrastrar por falsas creencias sin cuestionártelas y sin hacer nada para que tu sexo sea mejor?

Y ahora ya podemos retomar la pregunta que titula este post: ¿Esperamos demasiado del sexo? ¿Tú que crees? Sí. Rotunda y definitivamente, ¡sí! Quizás que nos lo planteemos e intentemos poner los pies en el suelo.

Podría seguir, pero como este blog tiene futuro (quizás renqueante, porque su dueña es imprevisible y desaparece de vez en cuando) seguimos con esto u otra cosa, otro día. Y respecto a lo que dije al principio de sentirme culpable, lo he superado: no soy responsable de las falsas creencias de nadie, solo de las mías. ¿Moraleja? Y tú, ¡de las tuyas!

* Vale, vale: antes la gente también se masturbaba y, evidentemente, había escarceos ilíctos y mujeres de pago… Jope, ¡cuán fino hay que hilar!

republicado de sylvia de béjar

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