dissabte, 17 de novembre de 2012

Matemática elemental del amor, H.R.Herzen


Explorando las exquisiteces del amor entiendes que sumar y restar no es lo mismo a menos que lo que restas sean cuadraditos de chocolate y lo que sumes, caricias en el vientre. El amor es pura geometría de la pasión, el sexo juega en círculos concéntricos, el futuro es tan impredecible como el ahora mismo, el margen de error no se fracciona: las semillas crecen si las riegas en terreno fértil.

Nuestros cuerpos son como los números, son naturales y nos parecen normales, pero resultan complejos mientras crece en paralelo; a veces les falta rítmica y otras les sobra aritmética, hace falta menos cálculo y dejar de creer que son racionales. Fundirse para multiplicarse es como dividir el camino que separa las diferencias cotidianas para derivar en una exponencial infinita que soporte las quebradas. Sumar personas en la cama es y será divertido, lo más bonito del mundo, kamasutra puzzle. No hagamos caso de las raíces cuadradas, aberración de la naturaleza, pues el tejido de la red es infinito, va por donde quiere absorbiendo nutrientes esenciales: amor, calor, alimento, comprensión, empatía y así hasta llegar a la música y un buen cojín que nadie te robe en la noche. El círculo es el mejor aliado porque los cuadrados no son muy adecuados a menos que se conviertan en grandes rectángulos y sean la cama ideal para los tríos más esperados —seguro que caben más— tal y como imagino, deseo y sueño aunque nunca haya disfrutado sus mieles.

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