dissabte, 3 de novembre de 2012

¡Pídeme, cuerpo!, Cristina Méndez Iglesias


Un cuerpo desnudo, saliendo del agua del mar; la piel mojada sintiendo cómo poco a poco se va secando con el calor del sol y una suave brisa…

La sensación del agua fría en contacto con la lengua, el paladar, refrescando la garganta… cuando una boca se muere de sed…
El cuello, y unos labios que se posan sobre él, que suavemente se abren, presionan y dan un cálido beso…
El agua caliente de la ducha bajando por la nuca, la espalda, los brazos, los muslos, los genitales, los pies…
El olor del café recién hecho….
El sonido de una de mis canciones preferidas, mientras saboreo ese café tan oloroso de antes…
Unos ojos vivos que me sonríen cuando me ven…

El recuerdo de aquella noche en la que disfruté tanto de mi cuerpo… y del tuyo…
La hermosura de una puesta de sol, en silencio, desde lo alto de una montaña…
Placeres y más placeres que mi cuerpo puede sentir a través de cada centímetro de piel, a través de cada sentido, a través de mis pensamientos… Solo tenemos que escucharlo, que aprender a atender a cada cosa que puede despertar placer en mí…

El modelo sexual imperante en la actualidad da mucha importancia al coito en las relaciones sexuales, es un modelo “coitocéntrico”, centrado en la penetración como la práctica sexual por excelencia para obtener placer. No niego que sea una práctica placentera, pero si miramos las encuestas, muchas  nos dicen que las personas nos centramos en el coito y el sexo oral. ¿Y el resto del cuerpo? Nuestra piel está llena de terminaciones nerviosas que piden a gritos un estímulo placentero para transmitir al cerebro, nuestros oídos están ávidos de escuchar erotismo, nuestros ojos deseosos de ver lo bello, nuestra boca curiosa por probar otras partes de la piel… ¿Le damos el gusto?

Para mí, en una relación sexual no existen los preliminares. ¿Preliminares a qué? Vosotros diréis: “Pues a la penetración”. Y sí, pero implícitamente volvemos a valorar esta como LA PRÁCTICA SEXUAL del placer. Estos preliminares, ya son la relación sexual en sí misma, porque todo estímulo erótico que me haga sentir placer es una relación sexual: una caricia, una sesión de lametones, mordiscos, miradas… ya es una relación sexual.

Si trabajamos en nuestros pequeños placeres, escuchamos y cumplimos las apetencias de nuestros sentidos, tendremos unas relaciones sexuales más satisfactorias, y es más, estaremos entrenando al cerebro para atender al placer cotidiano, el que está por la calle, el de la brisa fresca,  el de caminar descalzo por la hierba, el de la voz sensual de alguien al otro lado del teléfono…

Depende de ti crear placer en tu vida: párate, escucha a tu cuerpo,  escucha qué te pide… y dáselo.

republicado de a vueltas con el sexo

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