diumenge, 11 de novembre de 2012

Otra moral es posible, Susana Moo


Desde que tuve a los gemelos no soy mujer para Enrique. Mi sexualidad genital está bajo mínimos y paso de forzarme. Ya sé, porque lo he leído, porque me avisaron las veteranas, que es una fase normal de inapetencia. Y todas insisten en que no me preocupe, que disfrute ahora de mi estado maternal, que se pasa volando. Eso hago. A piñón fijo. Como una auténtica mamá gallina con los polluelos bajo el ala, centrada en sus hoyuelos y en sus gorgoritos.

Enrique es un padrazo, pero sé que me extraña físicamente y creo que se está empezando a desesperar. Ya van 7 meses desde el parto y, muy a su pesar, nuestra vida sexual continúa en stand by. Por mucho que sé que es una fase normal, tengo un run run que me taladra la cabeza y cuando el lunes me encontré a Alicia, la vecina del 2º, se lo comenté porque no sé qué tiene esa mujer que me inspira tanto para desahogarme:
- Sexualmente estamos a años luz Quique y yo en estos momentos.

Alicia entendió al vuelo la situación y, sin pensárselo 2 veces, se me ofreció toda contenta:
- ¡Que se pase por casa, mujer! Me encargo un poco de él, si quieres.

-Gracísimas Ali, yo estaría encantada pero no sé si él se animará, es muy suyo para estas cosas.
- Anímale. Mira, el sábado viene a casa una pareja de Madrid y tenemos fiesta de pijamas quitados.
- Pero ¿no supondrá un incordio para vosotros?
- Qué va, es gente majísima. Enrique encaja en el ambiente seguro.
- Se lo comentaré, la verdad, nos vendría bien. A él ir y a mí que vaya, a ver si se me va un poco la culpa por tenerle tan desatendido.
- Pues no se hable más.

Y ya no hablamos más del tema, se lió besuqueándome a los gemelos, qué candor de mujer, qué generosidad innata.

Corrió la semana y con tanto tejemaneje de leche y pañales, se me pasó comentarle a Quique lo de la invitación hasta el sábado por la tarde, que le vi apoltronado en el sofá y…
 - ¡Ay Quique! se me olvidaba decirte, Alicia tiene esta noche una cena de pijamas quitados y dice que te pases.
- ¿Yo?
- Sí, tú.

Me miró escéptico, sé de sobras que Alicia le pone, es su tipo, una madura de cuerpazo y cariñosa al trato pero ¡ay, cuánto le cuesta a este hombre dar un paso sin mí!
- Bah, no sé si me apetece, dice.
- Vete hombre, te va a sentar genial airearte un poco, divertirte, descargar tensiones.

Me acerqué a él, le besé en la mejilla, que estaba rasposa porque no se había afeitado. Como quien no quiere la cosa, le puse la mano en el paquete, que no abultaba más de lo habitual hasta que oprimiendo en lugares estratégicos, comenzó a desperezarse el genio dormido. Y ya me venía Quique con la lengua a la oreja.
- Tienes que esperarme un poquito más ¿vale? Ya sabes que todavía me siento off.

Mientras le hablaba, me interrumpía con pequeños besitos en la comisura de la boca.
- Alicia es un sol, te va a tratar genial.

No sé si fueron mis palabras o el énfasis de mi mano, que por fin se convenció.
- Bueno. Me voy a duchar.

Salió del baño guapísimo, afeitado impecable, el pelo mojado y la camisa verde. Todavía se hacía el remólon haciéndole monadas a los peques -ellos se despiporraban-, y casi tuve que empujarle para que saliese al rellano.
- ¡Diviértete!

Intenté esperarle despierta pero me desmayé en el sofá con el facebook abierto. Al escuchar la puerta me incorporé:
- ¿Qué tal?

Bien: no había más que verle. Le brillaban los ojos y venía jadeando porque había subido las escaleras de dos en dos. Se fue a la nevera, se abrió una lata de refresco y se vino a mi lado con ganas de cháchara, dispuesto a retransmitirme en diferido las mejores jugadas. Que si la madrileña era la caña, simpatiquísima y muy muy elástica, que si el marido muy atento, pendiente en todo momento de que todo el mundo estuviese a gusto, que tenían un surtido increíble de preservativos variados, que él se probó uno extrasensitive y que le sentó fatal, incluso perdió la erección durante un rato hasta que luego, ya con otro de los normales, funcionó de maravillas.
- ¡Cómo en los mejores tiempos!, dijo hinchando pecho como un gallito presumido.
- Fíjate, bobo, qué bien te ha sentado y no querías ir.

Sonrió con su sonrisa, esa que me vuelve loca. Me acariño el pelo y me besó la frente.
-Y los enanos, ¿se durmieron pronto?

republicado de Erotómana

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