dijous, 6 d’octubre de 2011

Contemplar la belleza



"Quiero que mi almohada sea tu cuerpo". Hasta la humilde almohada, tan callada y compasiva, es llamada por el cantante apasionado para ser la sustituta de la amante esquiva. El cantante en otro momento dice
... eres el mismo perfume
pero con otra fragancia
solo pa hacerme sufrir.

indicándonos así que, aunque la ha descubierto, sigue preso en las garras de su pasión.
En fin, historias de confusión y pena que me indignan porque se repiten desgraciadamente a lo largo de la historia y de la geografía, sabiendo, como sabemos, que los amores apasionados terminan mal. Y tenemos la demostración científica.
Einstein nos dijo que ninguna línea, si se prolonga lo suficiente, es recta, todas las líneas acaban curvándose sobre si mismas. ¿Qué nos quiere decir Einstein? pues que ningún amor, si se prolonga lo suficiente, puede seguir siendo amor, y menos amor apasionado, todos los amores acaban curvándose hacia si mismos convirtiéndose en egoísmos angustiosos.
Las enseñanzas de Einstein tienen que servirnos para algo más que para conocer la teoría de la relatividad o para saber que la energía y la materia son formas distintas de la misma cosa.
Y cuando el amor termina entra en función otra regla científica, dos cuerpos que están juntos pueden ocupar diferentes espacios e instantes si vibran a distintos ritmos. O sea, déjala. Ella o él ya está en otra parte. Usa la almohada para su prístina función y dormirás mejor.

Gabriel Eloguiaga



Hay otra canción que dice que alce la mano quién nunca cayó, y yo no alzo la mano, yo también he caído y por eso puedo hablarte con conocimiento de la situación y el momento. La fórmula para no caer es no poseer, o, al menos, no intentarlo. La posesión o su intento solo te traerá problemas y contratiempos.
Mi consejo es que cambies la posesión por la contemplación, la contemplación de la belleza es una forma de posesión sin los inconvenientes que la posesión conlleva. Ya sabemos que no es lo mismo pero las ventajas de la contemplación: ausencia de ataduras, compromisos, celos, obligaciones etc. son muchas y variadas.
En el agobio de la selva los leones no encuentran las hembras adecuadas pero la ciudad es un zoco, un intercambio en el que el hombre y la mujer se encuentran sin problemas y sin necesidad de poseerse.

Luis de Paula Gil

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