dimarts, 6 de març de 2012

Carta del amante crucificado cabeza abajo, Pedro María Martínez


...Comienza marzo y tú, ¿dónde estás?, recuerdo tu cara entre mis manos y se me llenan los dedos del polen de tu sonrisa, apenas quiero hablar para no esparcir mi
emoción, la que me produces, esa maravillosa sensación de estar en las nubes, flotando, encantada, suspendida de un cordel anudado en el cielo, con las piernas colgando, moviendo los brazos como un muñeco italiano, pinocho que no dice mentiras, chata, muda para no cambiar nada, con autorización para ir a las viñas, bailarina sobre el río helado de tus ausencias, de tu particular sentido de esta pasión, de tus encantos que me atraen como si fueran salmos de ancianos sacerdotes con barba blanca, druidas en la noche tan negra, la madurez de las uvas, la lactancia de las vacas...

...debo escribir a tantas personas que me honran con sus cartas pero no puedo, no quiero, solo te escribo a ti, solo me salen palabras para girar a tu alrededor, como giran los ángeles, sólo cabeza y alas...

...olé las niñas bonitas, dice el barquero, olé las niñas que no pagan dinero al barquero, Caronte herido, tapándose un ojo con la mano derecha, la izquierda empuña el remo, de esta tempestad no salimos, olas que salpican a mil peces enterrados, con sus aletas dorsales sobresaliendo en la arena, esperando nuestros pies incautos, precioso mío, tú y yo sorteando el veneno, saltando como atletas etíopes, como antílopes suicidas sobre las fauces de los leones de la duda, quiéreme amor, quiéreme como si tu brazo pidiera ayuda...

...como tú que no protestas de mi mirada que te ve como si fueras de cristal, te veo las tripas, te oigo el corazón, te puedo decir cuántas costillas tienes, puedo dibujar tu sexo de memoria, con la mano izquierda, con lápices que no dejen sombras, que iluminen, que rayen el cielo, que dividan, en ese cuarto el paraíso, el limbo el resto, tú y yo un universo a escala, modelo C para armar, lámina recortable como la casa Gaudí, para nuestras tijeras de dulzura, para el pegamento de amarnos como papagayos ensimismados, sin saber siquiera si volamos o ha llegado el crepúsculo y este es otro plano y esas voces es que vienen a prendernos...

...me gustas cuando te vistes de señora, me gustas cuando te desnudas de niña, me gustas cuando me enseñas la diferencia entre un melancólico y un hombre triste, cuando me tiras de la oreja porque olvido un acento, cuando me corriges un por qué, cuando esparces tu pelo por mi espalda, cuando me das aceite entre los dedos de los pies, cuando me afeas que pasee ante ti con la evidencia erecta de mi pasión, mujer salada como el océano en el cuenco de tus manos, mujer palmera llena de pájaros, mujer imán para mis dedos de alfileres, para mi corazón de hierro, para mi cuerpo que se derrite en tu agosto en tu agosto constante, que estaría horas y horas trepando a tus balcones, bajando a tus sótanos, construyendo ladrillo a ladrillo el edificio de amor que nos cobija...

Fragmento adaptado de Carta del amante crucificado cabeza abajo, Pedro Mª Martínez  

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