dimecres, 1 d’agost de 2012

Acracia y bollotransmariconeo, Distribuidora Peligrosidad Social



Texto publicado en ANARQUEER N.º 1
Fanzine dedicado a realizar una lectura revolucionaria y antiautoritaria de la sexualidad no heteronormativa canalizada a través de lo queer, así como para introducir estos preceptos dentro de la diversidad teórica libertaria.
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Mucho Anarqueer en la portada y muchas referencias a una cosa y otra en la introducción, pero que no se entiende nada, y como a sus autores nos gusta empezar cualquier tema desde el principio, hagámoslo pues con una introducción teórica. Así pues, ¿qué es la anarquía y qué es lo queer?

La anarquía (de an, en griego antiguo “no”, y “arjé, que quiere decir “poder” o “autoridad”) es un sistema teórico, político y metodológico que propugna la destrucción de cualquier tipo de autoridad, en especial la que ejercen las organizaciones burocrático-represivas o Estados contra la inmensa mayoría de los seres del planeta. Frente a esta latente opresión que vivimos día a día (en el trabajo con el patrón, en clase con el profesor, en la manifestación con el policía, en el juzgado con el juez, en el banco con el oficinista, en el salón de tu casa con la televisión o la publicidad del Internet…) y cuya única legitimidad reside en un ejército de policías y militares armados hasta los dientes capaces de reprimir a quien haga falta y con la fuerza necesaria, y en un bombardeo diario de mentiras desde los medios de comunicación, la propuesta anarquista es la de abolir cualquier tipo de autoridad y crear sobre las cenizas de la antigua sociedad autoritaria un modelo político basado en la igualdad, libertad plena y horizontalidad, una economía comunista gestionada colectivamente y una sociedad carente de prejuicios sociales frutos de la atrofia estatal. Esto es, a muy grandes rasgos y con el posible rebatimiento desde el propio anarquismo (pues es tan heterogéneo que ni mínimos pueden achacársele), los objetivos del llamado “movimiento libertario”

El anarquismo suele situarse cronológicamente en el tiempo desde mediados del siglo XIX, ya en el contexto del capitalismo y el perfeccionamiento de los medios de control y represión que éste concedió al Estado. 

No obstante, antiautoritarios y opositores al sistema con un programa casi idéntico al arriba comentado ya los hubo en la Antigua Grecia (Arístipo de Cirene, Zenón de Citio…), en la Edad Media (los milenaristas, los Hermanos Apostólicos de Dulcino de Novara…), en la Edad Moderna (los cuáqueros norteamericanos, los Diggers ingleses, pensadores como Étienne de La Boétie…). El actual, el anarquismo moderno, encuentra sus inicios en el antiautoritarismo del francés Proudhon y el ruso Bakunin, a partir de los cuales se diversificaría tanto cualitativa como cuantitativamente desde la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o I Internacional, agotada en 1872 tras la ruptura a perpetuidad entre marxistas y anarquistas por motivos metodológicos. Los lugares de más influencia anarquista serían Rusia, Italia, Francia y precisamente la Península Ibérica, en concreto el Reino de España. Desde finales del siglo XIX y hasta bien entrados los años 60’ del siglo siguiente el anarquismo iba totalmente ligado al sindicalismo, para hacer mayor incidencia dentro del proletariado urbano, primer damnificado por la industrialización liberal. Ello supondría que el único tema que interesaba a la mayoría de anarquistas, tanto masculinos como femeninas, eran el obrerismo o movimiento obrero. La AIT volvería a refundarse en 1922 ya en clave únicamente ácrata, en el contexto de ascensión de los fascismos y la traición del Partido Bolchevique contra todo el pueblo ruso, pronunciada por Stalin. El movimiento obrero quedaría descabezado, y por tanto también el anarquismo, que sufriría una mortal derrota en su bastión, la República de España, en 1937, cuando gubernamentales, socialdemócratas y estalinistas destruyeran a las fuerzas revolucionarias del bando antifascista durante la Guerra Civil Española, entre las cuales irremediablemente estaba la mayor parte de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Tal cuchillada sería completada por Franco, tras su victoria en 1939, y extrapolada a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

El anarquismo pasaría a recuperarse muy paulatinamente en el Viejo continente, mientras proseguía su reciente expansión en ámbito Sudamericano y asiático. En los años 50’ se produce una recomposición cuantitativa y estructural, pero las viejas teorías perviven aún pese al cambio radical de contexto que ha tenido lugar desde 1945. En los años 60’ nuevas generaciones anarquistas influenciadas por la Internacional Situacionista y hartas del viejo sindicalismo y las coordinadoras anarquistas no renovadas protagonizarían, entre otros, el mayo francés de 1968 y se sumarían a las acciones armadas antifranquistas y a los conflictos anticapitalistas en Francia, Italia, Reino Unido y la República Federal Alemana, en la llamada “autonomía obrera”, repunte obrerista asambleario y horizontal no únicamente anarquista, así como a respectivos grupos armados. Finalizada la experiencia autónoma y la lucha armada, en los 90’ tendría lugar otra reestructuración anarquista a gran escala, la última, en la cual florecen siguiendo la estela anterior multitud de colectivos descentralizados que abordan todo tipo de temas y desde nuevas perspectivas, a la vez que, una vez caída la Unión Soviética, el anarquismo tiene un repunte exponencial frente al desprestigio marxista que lo aumenta, además de cualitativamente, cuantitativamente. Prosperarán los colectivos tanto en la vieja Europa como en Grecia o Chile, donde en los últimos años el clima es digno de revuelta social en la cual las fuerzas anarquistas tienen un papel destacado.

El modelo queer no podría ser entendido si no nos remontáramos al menos un siglo antes de su aparición, en torno a finales del siglo XIX en el II Reich alemán. En 1869 el escritor húngaro Karl-Maria Kertbeny creó la palabra “homosexual” en un panfleto en el que se oponía a que la anexión inminente con Prusia de su región supusiera la entrada de las leyes “antisodomíticas” de ésta.

Antes, la “homosexualidad” había tenido varios nombres más: sodomía, invertidismo… Respetada y promovida por griegos y romanos (en especial la masculina), la concentración de poder de los Reinos Medievales, imbuidos por una institucionalización de la doctrina cristiana y un ansia de control sobre su población fomenta la penalización de la “sodomía”, que en el siglo XIII ya es total en todo el territorio europeo occidental, con vigilancia concreta por parte de la “Santa Inquisición” En la Edad Moderna la opresión consecuente fue similar, pero durante el siglo XVIII, con la llegada del libre mercado capitalista, la transformación política derivada endulza las penas por sodomía, como es el caso del Código Penal de la Unión (Estados Unidos) o el Código Napoleónico que Bonaparte extiende por toda Europa.

A lo largo del siglo XIX pensadores individuales de ámbito germano como Hössli, Ulrisch y el citado Kertbeny reivindican su invertidismo a nivel personal, preparando un caldo de cultivo para el movimiento homosexual que sobrevino en Alemania entre aproximadamente 1897 y 1933 que a poco estuvo de lograr su máxima reivindicación: la abolición del Artículo 175 del Código Penal, que condenaba so pena de cárcel la homosexualidad. Destacan cabezas como Magnus Hirschfeld o Adolf Brandt (éste anarquista), y organismos como el Comité Científico Humanitario y la Liga por la Reforma Sexual. Tal estela traspasó las fronteras alemanas; en ámbito británico serían destacables los escritores Oscar Wilde, Roger Casement (éste irlandés, fusilado por colaborar con el independentismo) y Edward Carpenter; en ámbito español podríamos citar a escritores como Luis Cernuda, Álvaro Retana o Antonio de Hoyos; y en ámbito sudamericano al chileno Augusto d’Halmar y al uruguayo Alberto Nin Frías.

El ascenso de los nazis al poder en Alemania supone el inicio de la represión contra dicho movimiento homosexual, sucediéndose los desfiles frente a sus sedes a lo largo de 1933, y finalizando con una persecución directa, cierre de locales, detenciones e internamientos en campos de concentración desde 1934. El Comité Científico Humanitario se traslada a Suiza con visión de seguir operando, pero la muerte de Hirschfeld en 1935 da al traste con tal objetivo, disolviéndose el movimiento homosexual alemán. Estos hechos y la Segunda Guerra Mundial suponen la cesura que separa una generación de reivindicación homosexual de la siguiente. Hasta 1968 la creación de otro movimiento homosexual será extremadamente lenta, destruidas las redes creadas antes de la guerra. Los intentos de resurrección del Comité Científico Humanitario llevados a cabo en 1949 y en 1962 por personajes destacados del mismo durante la República de Weimar serán un fracaso. No será así en EEUU, donde la devastación del conflicto mundial no ha llegado. Las redes en gestación antes de la Guerra Mundial se articulan en colectivos pequeños pero activos de liberación homosexual. En 1950, en plena Caza de brujas, Harry Hay, miembro del Partido Comunista, funda en Los Ángeles la Sociedad Mattachine, sucediéndose en la década siguiente su expansión territorial por Washington, Nueva York… En dicho contexto, entre 1948 y 1953 el biólogo y sexólogo estadounidense Richard Kinsey publica varios estudios sobre la conducta sexual humana, en los cuales concluye la existencia de diversas identidades sexuales, según él siete al menos, sin contar la asexualidad. Ello da un gran impulso a la lucha que reivindica derechos y reconocimiento para la comunidad homosexual al realizarse un estudio bajo los cánones científicos occidentales que establece las conductas no heterosexuales como algo normal y propio del ser humano. En la década de los 60’ surgen nuevos colectivos de mismos objetivos, colisionando este movimiento con el Estado cuando en junio de 1968 tienen lugar tres días de violentos disturbios entre disidentes sexuales y policías tras el intento de desalojo del bar Stonewall Inn, en Nueva York. 

Ello sería el pistoletazo de salida de un nuevo movimiento homosexual que a lo largo de los 70’ y 80’ consigue la despenalización de las prácticas homosexuales en todo el ámbito occidental tras un gran trabajo. Lo consigue mediante un pacto con los diversos Estados en los que este movimiento aparca su conflictividad y diversas de sus reivindicaciones a cambio de reconocimiento legal, lográndose pues integrar en el sistema capitalista, y desarrollando discurso eurocéntricos sobre ir a “evangelizar” la homofobia de otras regiones mundiales. El discurso homófobo penalizador es sustituido por el de “ahí están los raritos gays”, no llegándose a un reconocimiento homosexual real y social más allá que la versión carcomida que aporta el Estado, con leyes de matrimonio monógamo, adopciones y zonas de ghetto para lo homosexual. Además, ello se ha conseguido a costa de la relegación a segundo plano de las lesbianas, que como mujeres ante la sociedad ya tenían su represión y discriminación propias, y a costa de la invisibilidad de la transexualidad, cuando no transfobia pura y dura de propios militantes homosexuales masculinos. A ello se añade la mala solución del conflicto VIH-SIDA determinante en dicha domesticación, y las diversas condenas de otros modelos sexuales como la promiscuidad, el sadomasoquismo… A finales de los 80’ un nutrido grupo de exmilitantes de organizaciones ahora llamadas LGTB, varios seropositivos, trans y mujeres desencantadas con la igual institucionalización del feminismo se sienten descontentos, descontentas y descontentxs, y en EEUU crean en 1990 en colectivo Queer Nation, tomando como suyo el insulto típico homófobo del ámbito anglosajón (queer, “rarito”, equivalente a “marica”). Se inauguran con un panfleto a doble cara donde expresan cuán hartos están de la situación y llamando a la autoorganización marica, bollera y trans contra el capitalismo.

Su mensaje se extendió rápidamente por todo el ámbito europeo, siendo completado a nivel teórico por filósofas como Judith Butler y tomando textos de Michel Foucault o Jacques Derrida, hasta la actualidad.

Lo Queer es todo y a la vez nada si no se explica concretamente. Al no haber traducción literal al castellano la situación se complica. Queer es todo lo que se salga de la heteronormatividad. Desde el sexo anal hasta el sadomasoquismo, pasando por la prostitución, la promiscuidad o el bukake. La identidad de género se deconstruye frente a lo queer, pues ésta no es más que un convencionalismo social defendido por una retórica biologicista y cientificista más centrada en el control sexual que en la clarificación real. El término “homosexual”, institucionalizado y perpetuador del binomio hetero-homo queda, pues, insuficiente. Del mismo modo el binomio mujer-hombre, que no deja de expresar la asignación de un rol dependiendo si al nacer tenías sólo polla, sólo coño o tenías ambos o uno fuera de la normalidad y te mutilaron para asignarse un rol, como es recurrente en la intersexualidad. Lo queer viene a dotar de teoría la ruptura con los convencionalismos sexuales, dotando pues de contenido a la mal tratada identidad trans (tanto el travestismo como el transgenerismo o transexualidad, esta última palabra también desfasada por lo patologizante de su creación y uso). Queer puede ser cualquiera que entienda que el binarismo es insuficiente y procure cuestionarlo y alejarse de él, independientemente de que en su práctica sexual tenga tendencia hacia roles convencionalmente heterosexuales. Y queer no tiene por qué ser cualquier individualidad no heterosexual; de hecho la no heterosexualidad tiende al binarismo, al igual que el resto de la sociedad a la cual no dejan de pertenecer pese a su heterodoxia sexual. Y, para finalizar este resumen tan explicativo como necesario, lo queer lleva intrínsecamente un componente político partidario del anticapitalismo y con una retórica revolucionaria de cambio social real, sin participar de reformismos ni amarillismos, pese a los intentos en los últimos años de institucionalizar lo queer por parte de la socialdemocracia, hasta la fecha y afortunadamente aún no culminados, pero en curso.

Es por ello y por su comentada metodología asamblearia, horizontal, usando la acción directa cuando es necesario y el Do It Yourself (Hazlo Tú Mismx) de sus publicaciones fanzineras y demás materiales lo que nos recuerda a colectivos libertarios de liberación homosexual que efímeramente existieron en los 70’, así como a las propias dinámicas asamblearias y federalistas propugnadas por el movimiento anarquista. Es por ello aquella comentada calificación al movimiento queer de “anarquizante”. Pero en ello ya profundizaremos más adelante en este mismo artículo.

Establecer los fundamentos teóricos e históricos de la reivindicación no estatal y la antiautoritaria junto a la no heterosexual no es tarea fácil, pero igualmente nos embarcamos en ello. Sin duda son mucho más fáciles de establecer que si tratáramos de hacer lo mismo con el marxismo, topándonos con comentarios homófobos en la correspondencia entre Marx y Engels, en alguna de sus obras y en otros grandes “líderes” como Lenin, Stalin, Mao o Castro. No son falsos comentarios en defensa de la política sexual de socialistas utópicos como el francés Fourier los de la historiadora feminista estadounidense Saskia Poldervaart, que en su artículo “Theories About Sex and Sexuality in Utopian Socialism” la revista Journal of Homosexuality, 30 de septiembre de 1995, escribe:

Se renegó de la sexualidad y del problema de la feminidad/masculinidad como asuntos legítimos según el marxismo iba ganado terreno. Los método del socialismo utópico —cambio de las relaciones de producción, así como de las relaciones entre los sexos, estudiando como problema la sexualidad, la familia y la distinción entre lo público y lo privado— fueron reducidos por el marxismo a la lucha de clases; el fin del socialismo utópico —nuevas relaciones sociales entre las personas— fue restringido a un nuevo orden económico y una redistribución de los bienes materiales.

Sin pretender ahondar en la pronunciada homofobia marxista, a la que habría que dedicar un capítulo entero (al igual que la que tuvieron famosos anarquistas como Pierre-Joseph Proudhon, Federica Montseny, Camillo Berneri o Félix Martí Ibáñez, entre otros muchos), el anarquismo, pese a la homofobia reinante en el mundo en el que es creado, es la primera y durante mucho tiempo única ideología que da muestras de buscar la liberación sexual y muy tímidamente la no heterosexual u homosexual.

Si bien no hay pruebas concluyentes, pudieron ser pareja homosexual el teórico anarquista Mijaíl Bakunin, cabeza del sector antiautoritario de la AIT contra el marxista, y su compañero Sergéi Nechéyev, deducible por la intensidad de su correspondencia. En la década de 1890 Robert Reitzel, anarquista alemán heterosexual, hizo una defensa de la homosexualidad en su periódico Der arme Teufel. Es por entonces cuando tiene lugar el proceso homófobo contra Oscar Wilde en Gran Bretaña, autocatalogado él de anarquista en más de una ocasión. En el mismo contexto geográfico y cronológico podríamos citar al anarcoindividualista John Henry Mackay y al mencionado escritor Edward Carpenter, que coqueteó con el anarquismo en alguna ocasión.

En las agrupaciones surgidas en el Nueva York alternativo de inicios del siglo XX comienza a debatirse el tema de la homosexualidad, en buena parte por la influencia de anarquistas y feministas de ambos sexos y géneros convencionales. Destacan la feminista abiertamente bisexual Edna St. Vincent Millay y la anarquista lesbiana Margaret Anderson, entre otras. 

Una vez fuera de la cárcel tras varios años en ésta por intento de asesinato, la famosa anarquista lituana Emma Goldman se pasaría por estos círculos, llevando a cabo una defensa abierta de la homosexualidad en público, al igual que su también encausado compañero, Alexander Berkman. El longevo anarcosindividualista Benjamin Tucker, uno de los primeros ácratas estadounidenses, también se adscribió a la defensa de las relaciones entre personas del mismo sexo.

Desde sus inicios, el movimiento de liberación homosexual solicitó ayuda a las fuerzas socialistas, pues veían sus reivindicaciones encajar con la redención del ser humano propuestas por el marxismo y el anarquismo. Karl-Heinrich Ulrichs escribió en 1869 a Marx entregándole textos sobre lo que él llamaba el uranismo (la no heterosexualidad, en general, incluyendo la transexualidad), que comentarían él y Engels como aberrantes. Pese a la sexofobia de algunos textos del líder del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) August Bebel, éste tomaría en cuenta las peticiones de Magnus Hirschfeld y en 1898 propondría ante el Reichstag la introducción de una petición de anulación del mencionando Artículo 175, siendo rechazada por el resto de la Cámara. Dentro del Movimiento homosexual alemán habría individuos no heterosexuales que no comulgaban con la línea oficialista y en buena parte reformista de Magnus Hirschfeld y su Comité Científico Humanitario (Wissenschaftlich-humanitäres Komitee, WhK) y la Liga Mundial por la Reforma Sexual, que adoptaba en diversas facetas una línea victimista, cientificista, psiquiatrizante y complaciente con medios burgueses aperturistas y su patologización de la homosexual para que se sometiera a tratamiento médico en lugar de a persecución legal. 

Destaca el grupo Gemeinschaft der Eigenen (GdE, “La Comunidad de los propios”), en torno a la revista Der Eigenen, (“El propio”), primera revista genuinamente homosexual, fundada en 1898 y casi prohibida en 1903 por mostrar desnudos masculinos e incluir un poema homófilo de Schiller. La línea política de este grupo era claramente anarquizante, pues estaba formado por anarquistas como Adolf Brand, director de la revista y seguir del pensamiento anacoindividualista de Max Stirner, o Benedikt Friedländer, sexólogo homosexual creador en 1906 de la efímera escisión del WhK, la Secesión del Comité Científico-Humanitario, disuelta con su muerte en 1908. Friedländer había escrito en 1904 Renaissance des Eros Uranios (“El renacimiento del erotismo uranio”), generando un gran impacto, pues rechazaba la línea oficialista y medicalizante del WhK y propugnaba la total normalidad con el deseo humano de la homosexualidad y el “amor entre amigos” (Freundesliebe), llegándose a considerar incluso superior a la heterosexualidad. Una corriente interna de GdE encabezada por el doctor Edwin Bab propugnaba la bisexualidad nata del ser humano y la alianza con el movimiento feminista frente a algunas líneas exclusivamente varoniles (eran muy pocas las militantes del GdE), sin llegar a la misoginia, como ha sido acusado en cierta ocasión este grupo. 

También fue una reivindicación el estilo de vida homosexual griego pederasta, el eros pedagógico que combinaba sexualidad adulto-adolescente con transmisión de conocimiento, defendiéndolo tanto Friedländer como el inglés John Henry Mackay, en lógico trato con este grupo. También mantuvieron estrecho contacto con el movimiento nudista, apostando no tanto por lo erótico, sino por la salud y la propia desnudez. Muy personalizado en Brand, el grupo tendría problemas cuando éste tuviera conflictos legales, como los derivados de practicar el outing (revelar la homosexualidad de cargos públicos importantes) contra el político centrista Kaplan Dasbach, que lo ignoró, y contra el canciller del Emperador Guillermo II Bernhard von Bülow, lo que le supuso un año de cárcel y el cierre de Der Eigene hasta 1919, ya declarada la socialdemócrata República de Weimar. Mientras, Brand se dedicó a editar postales de varones alemanes desnudos con caracteres nacionales y con nombres como Raza Alemana o Raza y Belleza, siendo exculpado en 1916 de la acusación de “divulgación de fotografías indecentes” alegando fin nacionalista, científico e higienista racial. El GdE quedaría disuelto con el ascenso de Hitler al poder, huyendo del Estado la mayoría de sus miembros. Brand evitó la persecución homófoba desatada por los nazis al abandonar la militancia y escribiendo una carta abierta para llegar a un acuerdo que fue ignorado. Moriría en uno de los muchos y poco conocidos bombardeos de las Fuerzas Aliadas contra la población civil alemana en 1945, finalizando la Segunda Guerra Mundial. 

En estos años también habría que citar ejemplos como el francés, donde el escritor anarcoindividualista francés Émile Armand, (seudónimo de Ernest-Lucien Juin) defendió la homosexualidad en su conjunto de la defensa de la libertad sexual en las décadas de los años 20’ y 30’, en su periódico L’en dehors. En estos años comienza a militar el historiador y filósofo político francés Daniel Guérin, por entonces colaborador con la CNT en plena Guerra Civil española, entre cuyos textos tiene relevancia especial el amor libre y la defensa de la homosexualidad, autocatalogándose él como bisexual. En el caso ruso-polaco, habría que citar a un anarquista emigrante alemán llamado Senna Hoy (seudónimo de Johannes Holzmann), partícipe en el movimiento homosexual alemán entre 1902 y 1905, además del anarquista, razón por la cual hubo de huir de Alemania buscado por la policía tras sus acciones armadas. Él mismo no era heterosexual, rechazando la categoría de homosexual por considerarla insuficiente. Tras algún tiempo oculto en Suiza, emigraría a Bialystok, ciudad polaca dentro del Imperio Ruso con un movimiento anarquista recalcitrante, en la cual organizó un grupo armado dedicado a la colocación de bombas contra el Zar Nicolás II. Capturado y condenado a años de prisión, moriría en la cárcel enfermo de tuberculosis en 1914. Por último, cabría citar a individualidades del anarquismo ibérico que propugnaron el ideal libertario bajo una condición de heterodoxia sexual y frente al heterosexismo típico del movimiento, como el escritor y militante de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) Antonio de Hoyos y Vinent, o la poetisa Lucía Sánchez Saornil, lesbiana y militante del colectivo anarcofeminista Mujeres Libres, vinculado a la CNT.

Pese a los nutridos ejemplos que he narrado de vinculaciones entre la lucha homosexual y el anarquismo, la tendencia imperante hasta la Segunda Guerra Mundial fue generalmente una sexofobia homófoba desde varios puntos, desde el estigma social hasta la calificación de “enfermedad” de tal tendencia sexual y la cristiana búsqueda de su cura. Pasa ésta, tal concepción no se alteró, pero la lucha antifascista y el reforzamiento de los Estados capitalistas y socialistas deja al anarquismo como una fuerza residual hasta su resurgimiento paulatino desde inicios de los años 60’. Es lógico que el relevo socialista de la reivindicación no heterosexual lo tome el marxismo pese a su remarcada homofobia, teniendo lugar a la vez colectivos como la filo-comunista Mattachine Society, la expulsión del director Pier Paolo Pasolini del Partido Comunista de Italia o la negación de entrada al Partido Socialista Unificado de Cataluña del escritor Jaime Gil de Biedma. Tras el fenómeno contracultural estadounidense (que da lugar a versiones tan antagónicas como el movimiento hippie y el punk) y el mayo del 68 francés, junto a los Disturbios de Stonewall de 1969, suponen un repunte de ambos movimientos. Frente al marxistizante Gay Liberation Front de EEUU, surge en el Estado francés el Front Homosexuel d'Action Revolutionnaire, (FHAR; “Frente homosexual de acción revolucionaria”), más anarquizante y con marxistas revolucionarios. Aparece al arropo de mayo de 1968, vorágine en la cual se cuelga un cartel firmado por el Comité d'action pédérastique révolutionnaire (“Comité de acción pederasta revolucionario”, apropiándose del insulto típico francés homófobo de “pederasta”) en el epicentro de la agitación, la Universidad de la Sorbona. Con posteridad se juntan feministas del Mouvement de Libération des Femmes (“Movimiento de Liberación de las Mujeres”) y lesbianas escindidas de la moderada asociación homosexual Arcadie (“Arcadia”), hartas de la invisibilidad lésbica. A ellas se unen gays varones en 1971, formándose FHAR. Entre éstos últimos estaba Daniel Guérin, por entonces muy enfadado por el trato que la identidad homosexual había tenido lugar en los medios marxistas y anarquistas, censurándole en los periódicos y revistas anticapitalistas estudios como el de la Escala Kinsey aplicada a la opresión homófoba de la Francia de finales de los años cincuenta; reconociendo su bisexualidad en 1965, diez años después y ya habiendo militado en el FHAR escribió en un artículo del movimiento homosexual: “No hace muchos años, declararse revolucionario y confesarse como homosexual era incompatible”. 

Hasta 1974, año de represión policial e inicio de primeras escisiones, realizaron acciones vistosas normalmente pacíficas (no siempre) consistentes en reventar actos antiabortistas, emisiones de radio, congresos internacionales de sexología, varios mítines del Partido Comunista Francés (ante las palabras de su militante tradicional, Jacques Duclos: "¡Váyanse a que les curen, banda de pederastas, el PCF está sano!”)… En 1976 el grupo desaparece definitivamente ante su división lésbica, Gouines Rouges (“bolleras rojas”) o las Gazolines, lesbianas feministas radicales antiautoritarias famosas por reventar el funeral del militante maoista Pierre Overney, militante maoista muerto a manos de un vigilante de la Renault, hecho que indujo a Guérin, anarquista de ideas cercanas al marxismo, a abandonar el FHAR, muriendo en la década posterior.

En otros lugares ocurrirían en los años 70’ luchas parecidas, sin tanta presencia radical y anarquista, si bien existiendo ésta. En el caso de Alemania podríamos citar a la Homosexuelle Aktion Westberlin (HAW; “Acción de los Homosexuales, Berlín Occidental”), fundada en 1971 y en declive desde 1977, luchando contra el vigente Artículo 175 (no eliminado hasta 1994, año de la despatologización de la homosexualidad por la Organización Mundial de la Salud) desde ópticas antipatriarcales y feministas, llegando a contactar con el crecido movimiento okupa alemán desde finales de los 70’ hasta su disolución total en 1994, por la comentada despenalización. 

Tendría mismas escisiones lésbicas, así como grupos descentralizados en otras ciudades importantes alemanas. También habría que citar en Cataluña a la Coordinadora de Col·lectius d’Alliberament Gai (CCAG, “Coordinadora de Colectivos de Liberación Gay”), estructura creada por militantes escindidos del Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC, Frente de Liberación Gay de Cataluña) hartos del reformismo y coqueteo con las instituciones que destacados militantes suyos llevaban a cabo, en 1978. Ésta resistiría hasta su disolución en 1980 fruto de discrepancias internas y la desmovilización producida por la despenalización de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, y tendría entre sus méritos ser la primera organización de este tipo en albergar en su seno un colectivo dedicado a la transexualidad, el Col·lectiu de Travestis i Transsexsuals, creado en 1979 en el contexto de exacerbada transfobia dentro del propio movimiento homosexual. Se presentaban al público con estas anarquizantes declaraciones:

Nos enfrentamos al sistema como un todo, no intentamos buscar únicamente soluciones a la problemática homosexual (...), buscamos analizar la vida cotidiana para transformarla: este es el camino de un movimiento de liberación. Un camino que debemos emprender ya todos los que no soportamos más esta sociedad y este modo de vida.

Mismas palabras podrían decirse del Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC), creado en 1978 y autodisuelto en 1983 tras grandes escisiones relativas a metodologías e invisibilidad lésbica, de cuyo portavoz saldrían declaraciones sobre ésta en el contexto de la legalización de las primeras agrupaciones gays:

A lo mejor es que no había que pedir la legalización a ningún ministerio, sino a los homosexuales y lesbianas en general, a los currantes a las amas de casa, a las feministas, a las prostitutas y a los presos de Carabanchel. Es decir, no pedir la legalización a nadie: quienquiera que nos escuche y quien esté de acuerdo con lo que decimos, que nos apoye.

En las organizaciones tradicionales anarquistas, como eran las anarcosindicales, la introducción de la liberación homosexual fue un debate intenso entre el sector rejuvenecido surgido del repunte ácrata tras mayo de 1968 y entre el sector más tradicional que arrastraba tras sí la homofobia. Por mera ley de vida, la victoria la obtuvo finalmente el sector homófilo, por el mero relevo generacional (sin que por ello dejara de existir mágicamente la homofobia ácrata, aún latente, salvo que refundada y/o en militantes ya mayores) y por la fragmentación del movimiento libertario en una ristra de colectivos incontable, desde grupos barriales y estudiantiles hasta asociaciones de estudio y asambleas por la autonomía obrera anti-sindicales. En un inicio, en los años 80’ y 90’, se introduce el debate dentro de la lucha antipatriarcal, impulsado por una correlación de fuerzas entre las mujeres feministas y los gays libertarios, hecho favorecido en ambientes novedosos e inexplorados, como la prontamente recalcitrante okupación. Es por esta época cuando al anarko-punk le surge un apéndice: el Homocore, publicación homónima en San Francisco en 1988 del fanzine Homocore por Tom Jennings y Deke Nihilson, éste último por entonces militante de Industrial Workers of the World (IWW, “Obreros Industriales del Mundo”, organización internacional socialista de tendencia ácrata). Ello fue fruto de la entrada en contacto con el pornógrafo gay punk canadiense Bruce LaBruce en el Anarchist Survival Gathering (“Encuentro Anarquista en Vivo”) de Toronto en 1987, donde éste le ofreció su fanzine J.D.s, de subtítulo “queer punk zine” y realizado junto a músico punk también canadiense G.B. Jones, publicado entre 1985 y 1991. 

En Homocore, de vida también hasta 1991, aparecieron publicadas entrevistas a grupos anarco-punks como el británico The Apostles o la cantautora Donna Dresch, trabajos fotográficos como el del fotógrafo y activista gay Dan Nicoletta, así como escritos y demás trabajos de Bruce LaBruce y el escritor gay ex-punk Dennis Cooper, amenazado de muerte por la propia comunidad homosexual “decente” de EEUU por el contenido crudo, explícito y sexualmente sádico (punk, “basura” en general) de sus libros.

Lo Queer nace en buena medida del punk, hecho a estas alturas peligrosamente olvidado. Punk en inglés significa “basura”, “escoria”, cuando se le dice a una persona. Al ser algo que se les decía a los posteriormente llamados punks, éstos hicieron una apropiación de insulto y lo convirtieron en su símbolo de identidad, justamente el mismo procedimiento que emplearía Queer Nation con la etiqueta queer. En la segunda década de los 80’, en plena crisis del VIH-SIDA, de la lucha feminista y del movimiento homosexual, algunos punks no heterosexuales comienzan a catalogarse como queer siguiendo la estela de la reapropiación del insulto, dando lugar a los fanzines J.D.s y Homocore, ya comentados. Ello explica el gusto por el fanzine de los primeros colectivos Queer, así como su organizaciones y sus formatos en panfletos y logos (¿a quién no le ha recordado alguna vez el logo de Queer Nation a la firma de los Sex Pistols, y más concretamente a su sencillo God Save the Queen!?). Cuando Judith Butler escribe y publica en 1990 El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad, ya existe un importante caldo de cultivo tanto militante como teórico que posibilita la aparición de lo que ha venido llamándose “movimiento queer”.

Con el estallido mundial repentino de los Queer con epicentro en Nueva York con Queer Nation, los planteamientos de acción directa asamblearia anti-patriarcal y contra el heterosexismo son fáciles de asumir por una nueva generación de anarquistas que han vivido la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, y con ella el desmorone de la vía oficialista marxista-leninista. 

Individualidades ácratas entran en este nuevo movimiento, ofreciendo las perspectivas anti-estatales y antiautoritarias respectivas en un movimiento que ya usa procederes tradicionales del anarquismo, así como de corrientes más residuales como el comunismo consejista, el situacionismo o la autonomía en buena parte influenciadas por lo ácrata. No hay, pues, una “anarquización” de lo Queer, pues los métodos son ya los antiautoritarios pese a que el discurso no suela serlo tanto. Pero sí se dan los primeros pasos para la “queerización” del anarquismo, proceso en el que estamos en la actualidad.

En el ámbito punk de la autogestión y el Do It Yourself (Hazlo Tú Mismx) surge ya a mediados de los 80’ y consolidándose en los 90’ el Queercore, adoptándo también el nombre del fanzine Homocore, movimiento dentro del anarko-punk que propugna el rechazo tanto de la heteronormatividad y homofobia insertas tanto dentro del movimiento punk y ácrata como de la institucionalización y reformismo de los colectivos oficialistas LGTB Entre sus directores de cine está el ya citado Bruce LaBruce o Derek Jarman, y entre sus artistas musicales a bandas como God is my Co-Pilot, Pansy Division o Sister Division

Entre los grandes fanzines, muy presentes en los 90’ y con algo de bajón con la llegada de Internet (quedando informatizados, pero sin dejar de imprimirse), podríamos destacar al clásico J.D.s, Jane and Frankie, Shrimp, Fanorama, Outpunk o Chainsaw. Combinan la temática y las bases ideológicas del anarko-punk junto a temáticas queer, produciendo un resultado cultural óptimo. En el Estado español su influencia musical se vería en letras anti-homófobas del grupo Me Cago en Dios o en el Queerpunk vegano y libre de drogas Oskar con K.

A nivel militante, tendría lugar la aparición de diversos grupos de activismo queer con un ideario libertario de fondo, en ocasiones más explícito y declarado que en otras. Son remarcables Queer Fist (Puño Queer), de vida en Nueva York entre 2004 y 2006, muy crítico y activamente hostil contra las organizaciones LGTB reformistas; Bash Back, grupo similar en Chicago activo desde 2007; Queer Mutiny (Motín Queer), organización británica con varias secciones confederadas en el Estado (al estilo anarcosindicalista), opuesta a todo tipo de jerarquías, Estados, al capitalismo y a la heteronormatividad, combinando su activismo con talleres de autodefensa, Do It Yourself (dildos, condones…), publicación de fanzines, jornadas de índole política y tejer redes sociales con otros colectivos queer radicales, entre otras cosas; Queer Ekintza (Acción Queer), grupo queer vasco próximo a ideas ácratas, creado en 2005 en Vizcaya y funcionando hasta la actualidad, convocante de respectivos actos contra la heteronormatividad y la institucionalización de los grupos LGTB, colaborando con gaztetxes… así como su participación en la Coordinadora 28-J de Bilbao, al margen del Orgullo gay institucional vizcaíno. A nivel internacional, la fiesta del Homocore que ha tenido diez ediciones hasta la fecha es el Queeruption, encuentro supraestatal de activistas queer radicales en el que se suceden manifestaciones, conciertos, talleres DIY, asambleas… 

Queeruption ahora se encuentra en un parón momentáneo desde 2007, fruto de las acciones legales emprendidas por el Estado español contra el encuentro a raíz de los disturbios en su VIII Encuentro (2005) contra estandartes del capitalismo rosa del Gaixample, el barrio gay de Barcelona, proceso que a día de hoy sigue abierto. En Madrid habría un intento a finales de octubre de 2009 que compaginara anarquismo con liberación sexual en el Colectivo D-Género, que tras convocar alguna acción y alguna jornada quedaría en una aparente inactividad. Y en septiembre de 2011 se crearía el colectivo Rebelión Consciente y la distribuidora Peligrosidad Social que escribe y edita este fanzine, participando en el KOALA a la espera de que este proyecto sea duradero y dé sus frutos.

La teoría política que compagina el anarquismo con el modelo queer no es algo que suene nuevo e iluminador, sino que es fruto de la propia lógica de ambos movimientos. Ambos surgen en el momento de desprestigio de los modelos de lucha anteriores, tanto el feminismo y la lucha homosexual como el marxismo-leninismo. Ambos apuestan por una futura sociedad anticapitalista no consensuadamente definida (no, la del anarquismo tampoco; con derribar el Estado no es suficiente).

Mientras que lo queer tiende a propugnar la auto-organización asamblearia, la autogestión sin subvenciones ni aportaciones “benéficas”, la horizontalidad y la acción directa (independientemente de su intensidad), el anarquismo ha procurado desde prácticamente sus inicios dar una respuesta a la problemática sexual que asola las mentes y actos humanos fruto de la opresión sexual reinante. De ello, los anarquistas fueron la primera fuerza amplia socialista en darse cuenta, empezando a operar en tal camino, y sembrando pues un caldo de cultivo para comenzar a abandonar en el último cuarto del siglo XX los cánones machistas y heteropatriarcales, proceso aún abierto.

Partimos de una premisa que consideramos tan obvia como lógico, y de la que no negamos su influencia del freudomarxismo de los años 20’ alemán (concretamente del sexólogo Wilhelm Reich): la opresión sexual y el capitalismo han de ir de la mano, pues el capitalismo desea seres atrofiados sexualmente para ser así más fáciles de manipular. Nosotros cambiamos la palabra “capitalismo” por “Estado”, pues el Estado y el capitalismo son las dos caras de la misma moneda, no pudiendo vivir el uno sin el otro, pues el Estado creó el capitalismo en el siglo XVIII para seguir en el proceso expansivo que había iniciado ya en los siglos XIII y XIV, en los que, pese a lo que se intenta decir, había más libertad que en la actualidad. En el siglo XV y en el XVI comienza la entrada masiva del cada vez más poderoso y dominador Estado en la vida sexual humana, escudándose en la llamada “Ciencia”, hecho potenciado en el siglo XIX con la articulación de los Estados liberales, mucho más eficaces represivamente hablando que los anteriores. Y, leyendo a Reich, también cambiamos el heterosexismo reinante en su obra por la opresión sexual a todo tipo de identidades sexuales y de género, pues en caso contrario no optaríamos por el modelo queer en este ámbito.

Lo deducible de estas palabras en sencillo: lo queer no puede existir con Estado, como pudieran propugnar algunos neomarxistas o reformistas, pues, al ser el Estado quien lleva a cabo la opresión sexual en sus diversas formas (opresión sexual a la mujer, a la no heterosexualidad, binarismo de género transfóbico…), ésta intrínseca a su existencia, la aceptación de lo queer no sería tal, probablemente quedando a un lado su anti-binarismo y prosiguiendo otras formas de opresión como la propiamente autoritaria del Estado, además de seguir la opresión sexual de otra forma parecida a la de la reelaboración de los discursos machistas y homófobos a la vez que el movimiento feminista y homosexual iban abriéndose paso, sin desaparecer nunca del todo estos comportamientos. Lo que expresamos aquí no son ideas teórico-filosóficas nuestras, pues ejemplos de ellas existen. La primera, dejando al margen la característica homofobia que cualquier Estado ha implantado mediante leyes a su población y la relativa aceptación de tales prácticas en contextos en que éste no estaba lo suficientemente articulado como para erigirse como poder (como ocurrió en las sociedades europeas pre-estatales, o en la mayor parte del territorio medieval desde la caída del Imperio Romano hasta el siglo XIV), cabe destacar la homofobia reinante en los países “socialistas” legitimados por una lectura interesada del marxismo. Hablamos en especial de la URSS, China y Cuba en un inicio, pues Corea del Norte tiene la no heterosexualidad en una “alegalidad”, Vietnam no la penaliza y Cuba sustituyó su homofobia exacerbada por matrimonios homosexuales en menos de una década. Reich fue expulsado del KPD por criticar la política sexófoba de Stalin desde su toma del poder en la Unión Soviética a finales de los años 20’, tras la cual volvió a penalizar la homosexualidad al estilo zarista, eliminar el aborto y demás “avances” realizados en la primera década de la Revolución Soviética en este ámbito. Reich no entendía bien cómo una utopía socialista camino hacia el Paraíso Comunista estaba repitiendo la sexofobia de los Estados capitalistas y del fascismo italiano, terminado finalmente desencantado tras su expulsión. 

La respuesta era sencilla: Stalin, al igual que su contemporáneo Hitler y el Estado liberal, necesitaban producir una atrofia sexual para dominar mejor a sus súbditos. Otro ejemplo también podría ser la institucionalización del modelo queer que lleva teniendo lugar en al menos el último lustro, con coqueteos entre activistas y “teóricos” queer con líderes de partidos socialdemócratas e instituciones del Estado. En este planteamiento se disipa la lucha anti-binarista de la lucha queer en pro de nuevas vías de lucha no heterosexual un poquito más radicales que los clásicos movimientos LGTB, y por tanto fáciles de asumir por el sistema; retórica en la que, con tristeza creemos, ha empezado ya a entrar al menos una parte aún no mayoritaria del calificable como “movimiento queer”.

Así pues, para confluir por fin este punto, nuestra propuesta concluyente es la siguiente: creemos que la Revolución Sexual y la Revolución Social deben ir irremediablemente juntas, pues una se complementa a la otra. La Sexual en clave queer complementa a la Social de un componente superador de la distinción entre sexo, género y patrones de comportamiento sexual, lastre que no debe arrastrarse al buscar un orden social nuevo, además de superar con ella todas las fobias aún inherentes en las mentalidades tanto ácratas como no ácratas, tales como la homofobia o el machismo.

La Social complementa a la Sexual en que la segunda quedaría coja si no se enmarca dentro de la Revolución Global del individuo y la sociedad en su conjunto, pues la sexualidad es un tema francamente importante, definitorio de buena parte (por no decir casi todo) del comportamiento humano cotidiano, y si ésta queda atrofiada o no dotada de las suficientes herramientas de liberación global, no sería más que una barca sin remos en mitad del océano. Una Revolución Queer bajo un Estado superviviente no haría más que repetir los roles autoritarios de éste, y una Revolución Anarquista sin lo queer repetiría los roles binaristas y sexuales creados por el Estado. Así pues, nuestra propuesta ya mencionada desde un principio no es otra que la conjunción y asunción de nuevas filosofías y luchas. Por una Revolución Anarco-Queer.

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