dimecres, 1 d’agost de 2012

Todo lo que quiero hacerte, Anestesia



Recuérdame que eres de piel
mientras las voces escritas vienen y van
a la orden de la fibra óptica.
Alguna vez el resplandor del sol
atravesó la reja exterior;
entró porque sí,
porque amanece todos los días,
porque su luz no teme desorientarse
y menos a aclarar más temprano
o más tarde una jornada.
Esta alma negra
está hecha a cincel y a martillazos,
y sospecha de nombrar
fantasía a la realidad;
a la fantasía y a la coincidencia
—y a la erótica, tú—.

Hoy me sonaste
despertándome muy temprano;
salí al patio,
y te vi amanecer
entre lilas y rosas infinitos;
pensé sobre nuestros sexos:
mi sexo no tiene forma,
no es redondo ni rectangular;
en clase de lengua, en primaria,
me ocultaba sola debajo de las mesas
como hasta hoy.
Tu sexo tu sexo…
tu sexo es como el beso
que más me gusta que me dejes,
un apéndice del país de Alicia,
ilumina mi rostro;
me robó dos sonrisas y el aliento
—en dos ocasiones distintas pero no distantes—;
tu sexo hace que pierda la calma
y el ritmo respiratorio,
que me quede sin espacio en mi interior;
me deja sin palabras y sin poder;
sin poder hablar,
solo pasar a mejor vida.
Podemos ignorar tantas cosas
ahora que nos desconocemos peor;
pero yo me conozco mejor y sé que voy a equivocarme
en el momento oportuno:
y es que ya perdí la cuenta
de todo lo que quiero hacerte.

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