divendres, 3 de febrer de 2012

El coito no lo es todo en la vida…, Sylvia de Béjar

¿Cuántas relaciones sexuales se mantienen a lo largo de la vida? ¿Mil, tres mil, más? Saca lápiz y papel: aun sobrepasando los 80 años, teniendo en cuenta la sequía de la infancia, la escasez de posibilidades de la adolescencia y la juventud, y la bajada de frecuencia amatoria de la tercera edad, ¿qué nos queda? Y eso suponiendo, lo que es mucho suponer, que los adultos, enorme saco donde incluyo a quienes disponemos de techo propio y aún no estamos de capa caída, tengamos una intensa vida sexual. ¡Ejem!

Abiertos los ojos, sigamos: ¿Cuántas veces nos relacionamos para procrear? Si en la mayoría de los países tener más de un hijo es un milagro (económico), está claro que las mínimas. Pues bien, pregúntale a cualquiera, mejor aún, al señor o la señora que se comparte contigo -¿como excusa para iniciar una conversación demasiado tiempo postergada?- que te describa sus/vuestras relaciones sexuales y seguro que la respuesta será: unos minutos de juegos preliminares-coito-lastima que termino. Es decir, siempre lo mismo y, en ocasiones, con el agravante de que para ella las relaciones dejan bastante que desear. Por varias razones, es cierto, pero siendo la primordial que el coito no suele facilitar la estimulación del clítoris y muchas aún no se atreven a decir “tócame/sigue tocándome” o a tocarse a si mismas durante la cópula, porque “en las películas nadie lo hace”. ¡Malditas pelis! 


Si de cada 100 encuentros sexuales de pareja, no menos de noventa, ¡90!, acaban en coito, está claro que para la mayoría de los humanos decir sexo equivale a decir cópula. ¿Qué pasa con el abanico de posibilidades restantes? Léase, por ejemplo, la masturbación mutua (primero uno, después el otro o ambos a la vez), el sexo oral (ídem), la penetración con dedos para estimular el punto G femenino o P masculino, o cualquier otra forma de disfrutar que no implique pene dentro de la vagina, pero pueda ser igual de placentera. ¿Si esas prácticas son tan gozosas por qué relegarlas a la categoría de lo que se hace antes de? ¿Por qué no convertirlas en todo? ¿Acaso es menos sexo el gozo de que el otro te acaricie hasta hacerte tocar el cielo? ¿Acaso no es sexo el éxtasis que se le puede regalar a la pareja con un cunnilingus/una felación?

En definitiva, es un error considerar que sexo y coito son sinónimos. En nuestra capacidad de ampliar su definición –y nuestras miras- se encuentra una de las claves para que mujeres y hombres disfrutemos mucho más. El sexo no es algo puramente instintivo, tiene mucho de cultural, es decir, se aprende. Por lo tanto, aprendamos a nuestro favor. Lo mejor es superar las imposiciones culturales y agasajarnos según el día, las ganas, las preferencias de cada uno en cada encuentro, porque no se trata de cumplir un guión, sino de que las relaciones se desarrollen de forma satisfactoria para ambos.

Convengo que apenas disponemos de tiempo para reflexionar sobre lo que nos acontece a diario, pero si realmente consideramos que nuestra sexualidad, mejor dicho, ¡vivirla bien!, es importante, lo leído se merece un pensamiento… ¡y ciertas consecuencias en la práctica!

¿Alguien se apuntaría a suprimir el coito durante un par de semanas para ver qué sucede? Chicas, ¿si pudiérais elegir haríais otras cosas? Chicos, ¿es cierto que a veces -o muchas- apetece más una buena felación? Las experiencias de usuarios no heterosexuales nos aportarían mucha luz a quienes lo somos. Pienso, por ejemplo, en las parejas lesbianas: ¿acaso echan de menos la penetración? Y los gays: ¿me equivoco si pienso que la felación es tal vez más común que la cópula anal? ¿Me/nos puede ilustrar alguien?

Publicado en Sylvia de Béjar

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