dissabte, 9 de febrer de 2013

Amor libre o muerte, H.R.Herzen


Nihili est qui nihil amat, y así es como reparo mis zapatos empezando por quererme lo suficiente como para no necesitar a otra persona para ser feliz. Igualmente, reconozco que necesito a otros seres para que este tránsito donde lo ineludible es la muerte sea más dulce y tenga un buen ritmo; también confieso que tras cada luna necesito a menos gente para sonreír al sol. Sobre el título del texto, me explicaré: en esto del amor, o es libre o prefiero la muerte, paso de vivir de rodillas. Lo jodido es decidir qué significa para mí que sea libre y llegar a un consenso con quienes me late el corazón asumiendo el daño que nos hacen los siglos de autoritarismo que se nos adhirieron a la piel como lunares. Haz una encuesta en tu barrio, verás como hay dinámicas relacionales que parecen naturales e incluso instintivas por el hecho no menor de nacer con ellas y vernos rodeados de sus efectos. Las valoraciones sobre el bien y el mal te las dejo a ti, yo ya tengo bastante con lo mío.


El otro día me preguntaban qué necesito para vivir. Mi respuesta intentó ser lo más clara y honesta posible: «Solo necesito amor». Creo que me faltó precisar la sentencia. Vale, y también un cuadradito de chocolate de vez en cuando, calor agradable en invierno y una pizca de lento y tierno sexo cuando el cuerpo me lo pide —aunque también frenético y con las uñas en la espalda cuando menos me lo espero—. Con eso empiezo a tener de sobras ya que la cama me la hago en cualquier parte y alimento y agua me lo consigo como sea. Fácil, sin lujos ni manías estrambóticas (o eso pienso yo, claro). La vida ya me la gané cuando nací —me parece un chiste que me pregunten “cómo me gano la vida”—, no sé por qué me siguen poniendo pruebas. Si no me quieren aquí, que me lleven; yo no elegí nacer aunque ya que estoy me quedo con lo que me gusta; soy como soy. A la envidia y la hipocresía, les pongo un poco de menta; a las incoherencias, miel y limón; a los disgustos, lo que tenga a mano. Quizá pida demasiado, pero hace rato que dejé de quererlo todo sin límites y asumo los equilibrios del camino con sus contradicciones y sinsabores. Me subo a los árboles como trepo a los amores: mientras tengan raíces, tendrán frutos y flores.

Y por eso hay que seguir discutiéndolo, el debate no se acaba porque existe un malestar a veces sutil y otras muy evidente alrededor de cómo vivimos las relaciones sexuales, afectivas, amorosas, etc. Porque el debate sobre el amor y la libertad debe estar en las agendas políticas de todos los colectivos revolucionarios más incluso que la lucha de clases y al mismo nivel que el fin del patriarcado. Ya que un día decidimos salir del armario, ahora nos toca escapar del gueto, romper las alambradas y encender la lumbre del derecho a disentir para dejar de tener miedo al abismo, para salir del marco que nos aprisiona. Porque el primer carcelero somos nosotras mismas, eres tú contigo misma; no tiene sentido quejarse de la sociedad ni de los malos malísimos hombres-blancos-heteros porque en general también son víctimas que no saben ni qué bus hay que coger para salir de la confusión. En este camino del aprendizaje constante tenemos la llave de nuestra propia jaula y aunque esté en el fondo del mar, hay que arriesgarse e irla a buscar para no tener excusas. A partir de entonces nos podremos ir con el sol a otra parte y defender con mayor seguridad la supuesta obviedad: amor libre o muerte, en mi vida y en la tuya.

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