dijous, 26 de gener de 2012

La historia más bella del amor, Dominique Simonnet y otras autoras (Fragmentos)

... La locura de nuestro tiempo es querer vivir el amor de manera permanente, con toda su intensidad, sin sombras y sin nubes. El amor se ha sobrevalorado. En cuanto al sexo, se ha convertido en nuestra nueva teología. Sólo se habla de eso, y se habla mal, con vulgaridad y complacencia. La única arma de que disponemos hoy contra todo ello es la risa. Sí, más vale reír.

El amor no es democrático, no responde ni a la justicia ni al mérito. Sigue siendo del orden de las preferencias, es decir de la elección inducida por un ser en detrimento de otro. ¿Por qué enamorarse de una y no de otra? Porque una te hace temblar y en cambio otra te deja fría? Y es posible enamorarse de una basura que te volverá loca de dolor. En el 68 murió el angelismo del deseo y del sentimiento, la idea de que todo lo relacionado con el sexo es maravilloso. Hoy sabemos que el amor conlleva dependencia, abyección y servidumbre tanto como sacrificio y transfiguración. Tenemos que volver a descubrir esta complejidad del amor.

Pascal Bruckner

¿Desear es amar? ¿Se puede amar sin deseo? ¿Desear sin amar? ¿Debemos creer en el gran amor que se inscribe en la temporalidad? ¿O hay que resignarse a vivir en la incertidumbre acerca de los sentimientos propios?...

El amor sería ese modo de relación que nos permitiría comprender mejor al otro, sentirlo interiormente, una especie de poder mental, una manera de borrar la frontera entre el sí mismo y los otros, una manera de hallar una forma de armonía.
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Resulta inasible para la razón. El amor es paranormal. Sólo se lo puede dominar al cabo de un prolongado trabajo sobre una misma...
Contamos con la capacidad de andar, de hablar, de razonar. ¿No contamos con la capacidad innata de amar?
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La fuerza del amor aparece sin que lo advirtamos, como la necesidad de andar en un bebé. Depende también de una opción propia. Pero una vez que está allí, instalada, se aprende a vivir con ella, tal como se aprende de pronto a vivir de pie sobre las dos piernas. Algunas personas caminan con más soltura, más coordinadas que otras... Quizás ocurra lo mismo con el amor. Hay algunos rasgos de carácter que, seguramente, facilitan la vida amorosa.
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No imagino que haya una persona única con la cual se podría lograr una larga vida amorosa. ¡Seguramente hay varias! La teoría platónica de la otra mitad no me convence. Creo que fabricamos, entre dos, la mitad correspondiente.
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Amar es un trabajo. Quiero decir una acción, una voluntad, una atención. Hay que hacer el aprendizaje del corazón en el amor, en la vida, en el tiempo. Como la de la gravedad, las leyes del amor no se pueden cambiar. Si un vaso cae, se quiebra... Si te enamoras, te sentirás atraído por la otra persona... Pero esas fuerzas se pueden utilizar en provecho propio. Los aviones vuelan y los cohetes suben a pesar de la gravitación, que nunca cesa. Con el amor ocurre lo mismo: se puede hacer durar el amor, a pesar del deseo, que se transforma.

Amar también es una decisión. En la vida de pareja hay crisis, depresiones, caprichos, éxitos, euforias... A cada una corresponde trabajar para tener conciencia de esos diferentes estados, decidir si se desea que dure la relación y, si tal es el caso, actuar para superar las tempestades. Esta total libertad para amar, que nuestros antepasados no tuvieron, nos impone, justamente, la construcción de nuestro amor. Nadie lo puede hacer por nosotras.
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El amor es eso que existe entre dos individuos capaces de vivir juntos sin "matarse". Pues la vida en común no es más fácil que la soledad. En muchas parejas, la relación de fuerzas verdaderamente mata la personalidad de una u otra y probablemente el amor. Asesinato simbólico es reducir a cero "el espacio de posibilidades" de alguien. Este respeto del otro es un trabajo.
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El amor no es una empresa fácil... Por lo demás creo que es un error esperarlo todo de él. Me parece que una gran parte de la felicidad no viene del amor. El amor no siempre te hace feliz, también hay otras cosas (otros juegos, otras actividades, otras creaciones...) que pueden reportar felicidad.

Esa idea de "construir" el amor puede resultar peligrosa. A menudo una se equivoca al comprometerse, se proyecta en una persona la imagen ideal que se tiene en la cabeza, se miente una a sí misma, se construye una ilusión. Y no se ama a la otra persona, sino a la idea que se tiene del amor.

Es un peligro, en efecto. Pues siempre se encuentra a una desconocida. Hacen falta años para descubrirla... Recuerdo la frase de Thomas Mann: "Ninguna persona que se conoce a sí misma sigue siendo la que era". Estamos cambiando de continuo, física y espiritualmente. Y no es inocuo vivir con alguien: el otro también te cambia, y tú le cambias. Es una evolución conjunta. Si su influjo es malo, si hace de ti alguien que no te gusta, esto puede ser una razón para prescindir de ella. Si es bueno, se puede intentar la construcción de una vida atractiva.
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Hoy nos cuesta aceptar el fracaso o la ausencia. Somos exigentes. Nos falta un solo objeto y ya estamos contrariados. Vivimos con la esperanza de un amor con cero defectos, de un matrimonio sin fracasos. Nuestra libertad es inmensa y también nuestro afán de felicidad. Entonces las desilusiones nos parecen insoportables.
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La libertad es difícil. Hay que escoger, es decir, renunciar, hay que atreverse a no complacer, a decir no, a no conocer, a superar ese temor a los otros, temor terrible que te arrastra al conformismo. Construir una persona es un trabajo constante. Decía Michel Foucault: "Trabajar es mantenerse en la duda y la inquietud."
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Creo que el que ama es como un equilibrista en la cuerda floja: la empresa parece imposible pero un día llega el equilibrio. Durante toda la vida hay que aprender a vivir y a morir. Aprendamos también a amar.

Alice Ferney

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