dijous, 27 de setembre de 2012

Manifiesto, Susana Moo


Somos much@s l@s que soñamos con un mundo mejor, más pacífico, más amable, más ecológico, más justo y más ecuánime. Soñamos, pero titubeamos sobre qué hilos habría que mover para ir mejorando la situación que padece la humanidad.

Yo hace tiempo que vengo barruntando que la solución pasa por un cambio radical en lo sexual. Pues bien, hoy, después de tanto estudio y concienzuda reflexión, he visto la Luz y tengo la llave que nos abrirá las puertas hacia ese cambio que tanto ansiamos y que ya viene siendo urgente. Con el plan que paso a exponer siento que he llegado al cenit de mi misión erotómana. Es mi deber transmitir esta Buena Nueva y arengar a la Revolución a los Pueblos del Mundo. Leed con atención y no me tachéis de lunática, tened presente que la historia está llena de torpes que no consiguieron admitir la clarividencia de los más insignes visionarios.


El Gran Cambio lo llevaremos a cabo mediante una estrategia sexual y comenzará con una revolución global en la mentalidad femenina. Ya otras veces las mujeres trataron de alcanzar la paz mediante el control erótico, recordemos las iniciativas al estilo Lisístrata, que forzaron el fin de la guerra castigando a sus hombres sin sexo. Esas señoras, con la mejor de las intenciones, partieron de un error de base, porque el poder femenino no yace en nuestra capacidad de negación de la cópula, sino en el voluntario ejercicio de la misma.

La Nueva Mujer ha de copular mucho y hacerlo bien. Esto es, con alegría, entrega, cariño y desenvoltura pélvica. Hasta aquí nada nuevo, el verdadero boom radica en el campo de acción que se ampliará en proporciones tan elevadas como generosa sea la entrega de nuestras misioneras. Serán muchos, muchísimos, los receptores de nuestra oferta universal y gratuita. Fornicaremos con los guapos y con los feos, con los listos, con los bobos e incluso -¡mal que nos pese! – con los malvados. Hemos de copular con tantos hombres como para que cuando resultemos preñadas haya un buen pelotón que se sientan implicados en la fecundación y, con tanta confusión sobre la paternidad genética, se vaya gestando en ellos una responsabilidad grupal de prole, un saludable concepto de protección global de todos los miembros de nuestra especie. Si continuásemos como venimos haciéndolo, entregándonos a la mísera cifra de dos, tres, cuatro hombres a lo largo de nuestra vida, no conseguiremos más que fortalecer -tanto en nosotras como en ellos- el egocéntrico instinto de posesión, al que se le suma la soberbia de l@s triunfador@s y la envidia en l@s perdedor@s.

La represión sexual generalizada ha fraguado una amargura, una falta de respeto por la vida que ha desembocado en destrucción y odio. Hay que follar más y follar mejor y para ello hemos de rebajar la trascendencia que el patriarcado ha otorgado a la cópula. Se trata de establecer una moral sexual que nos valga como estrategia de nuevos lazos afectivos. Un polvo no requiere de tantos aspavientos y relaciones contractuales, luchemos por una promiscuidad fiestera sin tanto miramiento y escrúpulo. Polvo a polvo minaremos el stablishment que tanto limita nuestra sexualidad espontánea.

Por la envergadura de este cometido, corremos el peligro de que nos resulte un palizón. Para subsanarlo hemos de educarnos, prepararnos física y emocionalmente para desarrollar a tope nuestra capacidad de placer. Y así, beso a beso, orgasmo a orgasmo, conseguiremos que el afán agresivo y competitivo devenga en bondad y generosidad.

Convendría que fuese una manifestación en bloque. Animemos a l@s indecis@s y convenzamos a l@s esquirol@s que se empecinen en la anticualla de “pertenecer a un solo hombre, ser de una sola mujer”. Precisamente para ell@s en la próxima entrada justificaré mis teorías a nivel antropológico y teológico.

¡Bienvenid@s a un futuro más puro!


republicado de erotómana

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