dimarts, 22 de gener de 2013

Lilith: sobre la primera compañera de Adán y sus preferencias sexuales, Susana Moo



La primera mujer de Adán no fue Eva, sino Lilith, una belleza pelirroja que, después de una breve convivencia con Adán en el Edén, le abandonó debido a una incompatibilidad sexual. En la Biblia sólo Isaías nombra a Lilith, y precisamente hace referencia al olvido al que fue relegada:
Lilith mora entre las desoladas ruinas del desierto edomita, donde le acompañan sátiros, búfalos, pelícanos, avestruces, erizos, víboras y cuervos.
Hay expertos que quieren ver otro rastro de la historia de Lilith en el Génesis, donde hay dos versiones de la creación con matices diferentes, una es la de la famosa costilla, y la otra dice:
Creó pues Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó”
Sea o no sea ésta una pista de cómo se contaba la primitiva historia de la creación en el Génesis, lo cierto es que el mito de Lilith fue suprimido de las Sagradas Escrituras debido, posiblemente, al interés político- teológico de seleccionar de los textos antiguos únicamente aquellos que avalasen la fe en un Dios único, y eliminar cualquier vestigio del pasado politeísta. Lilith, con ese tufillo a Diosa matriarcal se convirtió en persona non grata. Para conocerla hemos de acudir al Talmud, a leyendas del folclore judío y a cuentos babilónicos que nos dicen que Dios creó a ambos de la tierra. Para fabricar a Adán empleó polvo, para moldear a Lilith abono. El resultado le agradó y descansó.


Sin embargo, la convivencia entre estas dos novedosas criaturas no funcionaba. Adán sólo quería copular si Lilith le recibía tumbada panza arriba y a ella esa posición no le satisfacía:
- ¿por qué he de yacer siempre debajo de ti?

La controversia postural es símbolo del empeño de un sexo por sobreponerse al otro y, si hacemos caso de esta simbología, la de Adán sería la postura patriarcal por excelencia porque es el varón el que carga con la responsabilidad del acto, el que lleva la voz cantante del ritmo y de la profundidad de los empujes. Además el roce vientre con vientre favorece el contacto epidérmico y visual, y alimenta el romanticismo, fortaleciendo así los imprescindibles lazos que sostienen a la pareja monógama. Si las estadísticas no mienten, es la más practicada -con diferencia- en Occidente.

No obstante, la Biblia no se pronuncia ni a favor ni en contra de postura sexual alguna, aunque algunos teólogos la hayan encontrado más de su gusto. Parece que allá donde los cristianos iban, con sus misiones y conquistas, era la que les gustaba practicar, de ahí que se la llame la postura del misionero.

A Lilith le repateaba hacer el misionero hasta el punto de despreciar el paraíso, independizarse de Adán y rebelarse contra Dios. De modo que pronunció el nombre prohibido y se largó al Mar Rojo, donde se entregó a la gran vida libertina, fornicando elásticamente con todo el que fuera hábil e imaginativo.

Mientras tanto Adán, lloricoso en su jardín de frutales, no asumía el abandono y se chivó a Dios:
-Lilith me ha dejado.

Dios, apiadándose de su hijo, envió a tres matones -los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof- a buscarla. Se personaron en la morada de Lilith con amenazas:
- Regresa de inmediato con tu marido o te ahogamos.
- Imposible -contestó Lilith sin amilanarse- ¿cómo podría volver a ser una mujer decente después de todo esto?

Como Sny, Snsny y Smnglf no podían matarla por haber ella contraído el compromiso anterior con Dios de cuidar de los recién nacidos, le imprimieron el más doloroso de los castigos: 100 de sus hij@s morirían cada día. Este mal fario parece un augurio de todo lo que hubieron de padecer las mujeres sexualmente rebeldes en los siglos posteriores, a las que se les atribuían características de brujas idénticas a las que se le endosaron al mito de Lilith:

Dice la tradición judía que desde entonces Lilith, como venganza, se empeña en asesinar a los bebés recién nacidos y que su presencia se detecta cuando el chiquitín sonríe en sueños, por eso las madres frenan esa alegría con una palmada en la boca. También visita a los hombres que se empalman durmiendo. Lilith aprovecha esas erecciones inconscientes para fornicar y conseguir los fluidos que se escapan en las poluciones involuntarias con las que se preña de demonios y demás criaturas espeluznantes. De ahí que tantas generaciones de virilidades durmieran panza abajo, protegiendo la mercancía seminal.

Hoy los tiempos han cambiado y el hombre moderno poco se parece a aquel Adán regio de costumbres fijas. Hoy ya a los hombres se les ve muy, pero que muy, receptivos a las Lilith contemporáneas cuando en esas plácidas duermevelas, recostados sobre sus espaldas, apetecen de ser poseídos por la mujer que libremente galopa sentada a horcajadas en su vergas turgentes.

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Bibliografía:
Mitos Hebreos. Robert Graves, Alianza editorial.
A La Sombra de Lilith, Carmen Posadas, Sophie Courgeon. Ed. Planeta

republicado del blog de Susana Moo


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