dimarts, 3 de juliol del 2012

¿Amor Libre?, ¡Por supuesto! Pero... ¿libre de qué?, M.A.B.


"A toda mujer que te encuentres pídeselo,
que la que no te lo da te lo agradece"

--Frase popular.
Hace tiempo que le prometí a Lito un artículo sobre el tema, y hasta lo comencé a escribir varias veces, pero no me convencía o no lograba terminarlo. Creo que me faltaba (y me sigue faltando) "autoridad moral" para hablar sobre el amor libre. (Sé que no está muy bien visto andar hablando de autoridad en un medio como este, pero Uds. me entienden) Luego se me ocurrió que la ética es quizás una de las pocas cosas de las que no podemos hacer un dogma, porque le negaríamos su carácter de "proceso", y es por eso que me decidí finalmente a esbozar algunas de las ideas que desde entonces me andan dando vueltas por la cabeza.
¿Amor libre? pues claro, ¿y de que otra forma puede ser el amor verdadero si no es en libertad? ¿Quién se atreve a negar la necesidad urgente de que el amor sea "liberado" en una sociedad de marcada tendencia autoritaria, represiva, panóptica y paranoica, que genera individuos que manifiestan estas características cada vez que se relacionan afectivamente? Supongo que nadie, o por lo menos, ningún ácrata que se respete puede negarlo. Porque si estamos jodidos en tantos aspectos de la vida ¿por qué no íbamos a estarlo en el terreno de la percepción y vivencia del amor en nuestras relaciones?

Entonces, como es indiscutible la necesidad de liberar al amor de todos sus yugos, llegamos a profesar algunas consignas: ¡Abajo la fidelidad burguesa!, ¡Arriba la libre expresión de todos nuestros sentimientos!... si leyendo a García Calvo, nos radicalizamos un poco más: ¡Abajo la cárcel de la pareja!... ¡Arriba el triángulo, el cuarteto o el quinteto!, y si nos descuidamos podríamos terminar gritando ¡¡Abajo la represión y la bragueta!!, ¡¡¡Abajo las pantaletas!!!
(... abajo el machis...)
-¡Epa, epa!, ¿qué pasó? ¿Cómo que abajo el machismo chico?
- ¡Claro!, si es Amor libre, debe ser también libre de machismo y tus consignas deben ser igualmente válidas para las mujeres...
- Noooo vale, vamos a aclarar las cosas. Yo creo en el "amor libre", pero tampoco ando con putas, ¿qué te pasa?...
Algo como esto, -con mayor o menor descaro- es en lo que podemos caer cuando alguien nos suelta sin más, que el amor libre significa entre otras cosas, libre de machismo. O como dice la sabiduría popular: "lo que es bueno pa'l pavo es bueno pa' la pava" o "lo que es igual no es trampa". Es decir, que si tú puedes ella también, si tú quieres ella también, si a ti te gusta... ¿por qué no? a ella también. (Aún cuando creo que existen diferencias conductuales en la mujer y el hombre, que no provienen de los acondicionamientos culturales de marcada tendencia machista. Pero eso es tema para otro artículo). Lo importante es que para comenzar a salir de la cultura machista, debemos pasar por una pregunta elemental: "¿Estaría dispuesto a aceptar que ella se comportara del mismo modo como yo lo hago?". Y hasta aquí suele llegar nuestra veloz carrera de "amantes liberados". Con este implacable razonamiento se estrella el macho promedio de cualquier ideología o de "ninguna", que había conseguido en el discurso del "amor libre", la perfecta justificación de su comportamiento.
Claro que estoy caricaturizando una percepción y vivencia (no la única) del amor libre. No sé si es la más común, pero abunda por ahí, en personas que les gusta mucho andar hablando del tema. Y creo que estas cosas suceden porque cuando escuchamos la expresión "amor libre", se nos hace agua la boca al imaginar todas las tentadoras posibilidades que nos ofrece esa libertad, dejando a un lado la "naturaleza" misma de lo que puede ser el amor. Pareciera que se piensa poco en qué es el amor, o al menos qué debería ser. Se da por sentado que se sabe lo que es y para qué sirve. Es decir, casi todo el mundo cree que sabe amar y que de paso es un buen amante, por lo tanto cuando escuchamos decir "amor libre", es más común pensar: ¿cómo será eso de "libre", que pensar ¿qué será eso de "amor"?.
Es cierto que existen miles, o cientos de miles de canciones en todos los géneros musicales, poemas de todas las corrientes y contracorrientes, cuentos, novelas, ensayos, disertaciones, libros enteros, propaganda y hasta notas de prensa roja que nos hablan profesan o venden su propia idea del amor. Y de todas ellas, querámoslo o no, se ha venido formando la nuestra. De ese bombardeo informativo y formativo, alienante, persuasivo, obsesivo, socializador y excepcionalmente, con algún contenido emancipador. El caso es que amamos -o por lo menos eso creemos- porque con relativa y subjetiva frecuencia, nos enamoramos, nos relacionamos, nos empatamos, o sin mucho formalismo, de pronto comenzamos a tratar a alguien distinto de como tratamos al resto y decimos sentir algo muy "especial" por esa persona. Luego, copulamos (y a esto lo llamamos "hacer el amor" ¿?) celamos, peleamos, nos contentamos, a ratos sufrimos y a ratos somos felices... y un buen o mal día, según el caso, y al haber constatado de que nuestros sentimientos "cambiaron", ya no son los mismos, le decimos a esa persona "especial" que ya no lo es tanto (o ella nos lo dice a nosotros) y simplemente -lágrimas más, lágrimas menos- terminamos. Para comenzar otra vez al poco tiempo, con otro/a que pasará a ocupar el lugar de el /la anterior. Y así sucesivamente, hasta la resignación, la muerte o el cansancio.
Reconozco que todo esto es patético y reduccionista que la vida no suele ser tan espantosa, ni cíclica, ni tan aburrida, pero mírese como un vistazo muy superficial y trágico a la vida de cualquiera o la propia. Entonces puede ser que surjan algunas preguntas reveladoras y luminosas ¿Coño será que estamos condenados a vivir el amor de esa manera?, ¿será que eso es el amor? o inclusive ¿será que yo sé amar? y si de verdad uno es capaz de plantearse con sinceridad estas preguntas, creo que se puede volver a pensar no ya de una manera tan cómoda y machista, sino de otra manera, en el "amor libre". que sin entrar en honduras creo -a modo de sospecha más que de certeza- que deberá ser algo así como libre de toda la mierda que nos dijeron que venía incluida con el amor y que hace por lo tanto que nos amemos como una mierda; libre por ejemplo, de tan atroz egoísmo, libre de desconfianza, libre del infierno de los celos, es decir, del ¿para dónde vas hoy?, ¿a qué hora vienes?, ¿qué hiciste hoy?, ¿con quién estabas?-disfrazado de interés desinteresado por el otro, pero que si alguna de esas respuestas no llena las expectativas, arderá troya. Libre de lo tuyo y lo mío, libre de tantos miedos, libre, por ejemplo, de percibir y sentir la soledad -hermosa compañera del amor por uno mismo- como un castigo o una desgracia, libre de chantajes emocionales y lágrimas de cocodrilo, libre de golpes y de gritos. En fin, libre de odio, libre de rencor hacia aquel , aquella o todo lo que decimos amar. Sobre todo si recordamos aquel pensamiento. de no me acuerdo quien, que decía "quien no ama a todos no ama a nadie". (Nótese que en ningún caso se resalta libre de compromiso, o de responsabilidad o de cambio o de crecimiento, o de pareja, o de andar sin pareja o de amistad, pues todas esas cosas pueden convivir con el amor. Pero hay otras que definitivamente no).
Libre, en última instancia, de todo aquello que le desfigura el rostro, al punto de llegar a parecer cualquier cosa menos amor. Libre, definitivamente libre para que pueda volver a llamarse amor y no karma, no castigo, no cárcel, no desgracia, porque en definitiva Amor verdadero y Libertad son tan afines, que decir "amor libre" es una redundancia.
P. D. El epígrafe era sólo para fastidiar, si Ud., conoce a algún macho que se la pase pidiéndolo y a alguna hembrita, vanidosa, que aunque no lo dé tan fácil -al menos para sus adentros, agradezca la petición- tal vez no es sino mera coincidencia.

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