divendres, 20 de juliol de 2012

Lo que no escriben las palabras, Anestesia



¿Te han escrito mis caricias?
solo lo sabes una vez que comprendes
que tu piel puede leer
lo que no escriben las palabras.
Poco me entiendo y menos me expreso;
por eso trataré sobre el origen de estos tiempos;
de lo que me dijeron tus túneles
en un lenguaje inenarrable:
paro de tiempo
(en dos segundos)
montaña rusa,
desaparecen 370 grados del entorno
—en los otros diez, el sentido—
que regresa en una sonrisa.
Callar es muy simple,
lo complicado es delinear letras
sin reteñir lo que me provocas
—eres muchas de mis fantasías en una sola—;
adivíname y muerde la esencia, saboréanos;
recuerdo exactamente el perfume envuelto
en el abrazo de nuestros labios,
esparciéndose,
vistiendo el espacio incomprensible e inexistente
donde se arremolinaron tu aliento y el mío,
el sudor y las viejas ansias
con las nacientes y las persistentes.
Ya sabes cómo y dónde explotan
tu paso por mi camino, el aroma a conquista,
cada intento y cada asalto para atrapar
lo que de ti se desprende en el aire:
quiero besar tus dedos uno por uno,
de a dos; corazón y anular, tu pulgar,
préstame al menos tu labio inferior por un rato;
volveré a tu pecho —no tengas duda—;
¿las estrellas brillan de noche o de día?
Y ahora que puedes detenerme de tajo,
contenerme con un beso mágico;
desnúdate, desnúdanos
mientras adivino:
¿qué dicen tus ojos
mientras los párpados
silencian la voz de tu mirada?

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