Ilustración de Agustina Guerrero
Agachó la cabeza, bajo la voz y se confesó. Hace unas semanas, una mujer convaleciente casi se me disculpó por no desear. Me atenazó la culpa y, a raíz de ese encuentro, empecé a plantearme mi responsabilidad a la hora de propiciar algunas de las falsas y peligrosas expectativas que muchos albergamos en torno al sexo. ¡Vaya depre! Si a la pornografización de nuestra cultura (un hecho) le sumamos la porrada de consejos de manuales y supuestos gurús del sexo ordenando “vive”, “rétate” (la de veces que lo he dicho), “disfruta”… ¡no hay quien esté a la altura! Por descontado, ¡tampoco la que escribe esto!
A nuestra vida carnal le exigimos demasiado: pretendemos que día sí día también nuestra sexualidad de pareja sea una de pura lascivia; la single se da por supuesto que lo es… ¡Ya!
