Recuerdo que un día mi
padre me llamó “golfa”. Yo debía tener dieciséis años y me dio durante
una racha por tontear con obreros. Ahora, fíjate tú, me leo un libro y
resulta que ya no soy una guarra, sino que soy poliamorosa. Ética sí,
pero insana.
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| Ilustración de Núria Frago |
Hoy quiero verborrear sobre poliamor. Y empezaré citando a Alicia
Murillo con su “Yo siempre he sido una tía muy moderna, ¡uh! ¡¡Qué
moderna!!”. Poniendo esa voz de señora que se toma un martini y acaba
piripi. ¿Sabéis cuál? Pues esa. Como soy bollera conversa y
conversadora, tengo el pelo largo, poco sexo, muy genitalizado,
denominado vainilla por Miss Camisetas Rotas Mojadas que me miran por
encima del hombro, y básicamente quitando que soy gorda, mi estética es
más o menos “normal”, quizás puedo parecer una aburrida de mierda total.
Me hago cargo. De hecho estáis en lo cierto. Pero en estas líneas
quiero dejar constancia escrita de que, por muy antigua que parezca yo,
lo del poliamor lo practicaba desde que tengo uso de razón. Siempre tuve
mi novio de la ikastola, mi novio de veraneo, mi novio de solfeo, mi
novio del portal…en fin. Ya tú sabes.
Que me pasaba por la
piedra infantil-adolescente imaginaria a todo kiski si me hacía un
mínimo de caso y me atraía por algún motivo. ¡¡Quienfuera!!