Y ya con esto me siento doblemente invisibilizado, doblemente
apolitizado, enajenado políticamente. A partir de ahora, más que nunca,
me reafirmo en las identidades: Hombre, bisexual y feminista. Tres
palabras que despiertan prejuicios y miedos cuando van en la misma
frase mínimo dos de ellas, por lo que ahora más que nunca seré hombre,
bisexual y feminista.
Los feminismos no se pueden definir como un movimiento identitario, en
algún momento fue necesario que el movimiento feminista fuese propio de
las mujeres, pero ahora existen múltiples formas de entender los
feminismos, por lo que no podemos definirlos en sí mismos como un
movimiento identitario, a diferencia del movimiento LGBTI que si es un
movimiento identitario como su nombre indica.
Muchos feminismos utilizan las nociones de “sexo” y “género” de manera
diferente, obviamente, sexo haciendo referencia a si la persona es
“hombre o mujer” (disculpen el binarismo) y el género a todas las
características socioculturales asignadas a ambas categorías,
entendiendo entonces que los hombres y las mujeres estamos generizados
de manera distintas, donde los hombres se encuentran en una posición de
superioridad frente a las mujeres. Pero la gran mayoría estamos de
acuerdo que esos privilegios masculinos no forman parte de la categoría
“sexo” sino de la categoría “género”, y por lo tanto se puede cambiar, y
en ese camino nos encontramos.

