Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Miranda Gray. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Miranda Gray. Mostrar tots els missatges

dijous, 5 de maig del 2011

Luna Roja (fragmento), Miranda Gray


La relación sexual conecta al ser humano con la tierra, al hombre con la mujer, y a la mujer con sus energías creativas, gracias a lo cual ella se transforma en la fuente de inspiración y poder de su compañero. En la historia y la leyenda la mujer suele ser una fuente de visión, meditación, entusiasmo, desafío, energía, fortaleza e inspiración para el hombre y actúa como catalizador en su vida, mientras que el rol de las diosas era el de guiar, dirigir y dar sentido a la vida de los héroes que ellas escogían.

Tanto en la Grecia antigua como en la India las mujeres cultas que demostraban gran habilidad en las artes sexuales gozaban de un mayor prestigio dentro de la corte que es resto de las mujeres, y sus aptitudes para la música y la poesía eran muy apreciadas, así como la percepción que demostraban en las discusiones filosóficas o relacionadas con el arte de la guerra; el acto sexual les proporcionaba placer y hacía emerger sus energías, mientras que a través de esa intereacción los hombres no sólo experimentaban placer sino que además recibían el don de la visión. Estas mujeres enseñaron al hombre el arte del sexo, el verdadero valor del acto en sí mismo.

En el mundo occidental las doctrinas de la iglesia cristiana han tenido gran influencia sobre el acto sexual y su reconocimiento social; la idea del cuerpo, el seco y la sexualidad como expresiones de lo divino, el culto y la espiritualidad pueden resultar difíciles de comprender incluso para las personas de mente más abierta, y en consecuencia durante muchísimo tiempo se culpó al sexo y a la sexualidad de alejar a las personas de lo divino, mientras que la sexualidad femenina en particular fue considerada como la tentación original que apartó a la humanidad del lado de Dios.

dilluns, 14 de juny del 2010

Luna Roja, Miranda Gray


(...)

-Mi nombre es Artemisa, la mujer del Arco Brillante –dijo la joven, y echó la cabeza hacia atrás-. Soy una de las diosas vírgenes.

Eva notó que alrededor del cuello llevaba un cordón de cuero del que pendía una diminuta figura de un falo.

-Se ha escrito mucho acerca de las diosas vírgenes, y también se ha esperado mucho de la virginidad.- Hizo una pausa y luego se inclinó para tocar el vientre de Eva-. Tú eres virgen en el sentido moderno del término, mientras que yo soy virgen tal y como se entendía en la antigüedad. Soy una mujer que sólo se ocupa de sí misma; soy independiente, segura y consciente de mi persona. Celebro la vida a través de mis acciones y estoy completa. Represento la etapa del ciclo menstrual anterior a la liberación del óvulo; no soy fértil y en consecuencia no creo vida. Soy yo misma y mis energías son mías.

Artemisa tocó el falo que llevaba en el cuello y sonrió.

-No soy célibe; disfruto de la sexualidad de mi cuerpo y estoy completa sin tener la necesidad de casarme ni tener hijos.

(...)