"Al comentar el influyente texto de Judith Butler, Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales del sexo, Sigush
señala que “Según las teóricas mujeres que hoy marcan el ritmo del discurso
sobre los géneros, tanto el sexo como el género están enteramente determinados
por la cultura, carecen de toda naturaleza natural y son, por lo tanto,
alterables, transitorios y susceptibles de ser subvertidos”
Sin embargo, parece que la oposición entre naturaleza y
cultura no es el mejor marco dentro del cual inscribir los dilemas actuales de
la encrucijada sexo / género. La verdadera discusión es hasta qué punto los
diversos tipos de inclinaciones / preferencias /identidades sexuales son
flexibles, alterables y dependientes de la elección del sujeto. Pero las
oposiciones entre naturaleza y cultura y entre “es un tema de elección” y “los
seres humanos no pueden evitarlo no hacer nada al respecto”, ya no se
superponen como lo hicieron durante la mayor parte de la historia moderna y
hasta no hace mucho tiempo. En el discurso popular, cultura significa cada vez
más esa parte heredada de la identidad que no puede ni debe ser molestada (sin
riesgo para quien se meta con ella), mientras que los rasgos y atributos
tradicionalmente clasificados como “naturales” (hereditarios, genéticamente
transmitidos) suelen ser considerados como dóciles a la manipulación humana y,
por lo tanto, de libre elección, una elección de la cual, como sucede con toda
elección, la persona se deberá sentir responsable y así lo será ante los ojos
de los demás.

