Penetración
Los católicos intentaron cristianizar el concepto mapuche de nguillatún
traduciéndolo como “rogativa”, y aunque los pueblos sin estado,
vinculados a la Tierra y sus poderes, poco saben de rogar, esta
operación de colonización cultural resultó en gran medida efectiva. Los
nuevos imperialistas, capitalistas, quieren traducir nguillatún
ahora como “compra” o “negociación”. Yo propongo –a propósito de lo que
escuché y presencié el año 2008 e.C. cuando participé de un nguillatún
en el Walmapu- traducir nguillan (raíz de nguillatún)
como dar-recibir, unificados en un solo verbo, tal vez “intercambiar”,
resultando así un concepto coherente con la cultura de la reciprocidad
propia de los pueblos vinculados a la Tierra. El hombre de la
civilización, el wingka, no hace nguillatún, porque la civilización rompe las relaciones de reciprocidad, de comunidad, por eso wingka
se puede traducir como “ladrón”, aquel que toma sin dar nada a cambio,
que explota la Tierra sin retribuirle nada, hasta volverla desierta, que
toma de las relaciones humanas todo lo que “desea” sin retribución.
Pero el deseo no es egoísta como se nos quiere hacer creer.[1] La etimología que hace provenir wingka de güi-inka, “nuevo inca”, no
es contradictoria con esto, tanto el inca como el occidental practican
una cultura que rompe las relaciones de reciprocidad conla Tierra y
entre las personas.
Nguillatún de fluidos entonces. Pero el
Imperio desde hace poco más de tres décadas desplegó una operación
policial para impedir el libre derrame de nuestros fluidos y los afectos
que conllevan. Esta operación se llama “sexo seguro”. Al imperialismo
no le basta con fragmentar el cuerpo dela Tierracon fronteras y aduanas,
prohibir el intercambio de alimentos y semillas no sanitizadas, llenar
las calles de policías por nuestra seguridad, la seguridad ciudadana,
ahora también se nos exige que nuestras relaciones carnales sean seguras
y sanitizadas, y se instalan fronteras y aduanas entre los cuerpos de
los amantes. Lamentablemente, así como se logró convencer a los mapuche
de que el nguillatún era una rogativa, también se logró que la punta de
lanza de la revolución sexual –(post)feministas, queers,
(post)pornógrafas/os- enarbolaran la bandera del sexo seguro. Pero ya
basta, ¡nguillatún de fluidos! ¡Insurrección sensual, ya!