Joder, otro maldito 25 de noviembre. En el que celebramos nuestra resistencia frente a esa violencia doméstica, de género, patriarcal, de mil formas y pelajes, que nos asalta a mujeres y parias sexuales. One more time. Hay tanto que decir, que sólo para recordarnos quiénes somos y qué hacemos, con todo el amor feminista del contramundo, trazo estas líneas empoderantes, subversivas. Espero que luminosas. Para trazar fugas posibles, que nos resitúen dichosas y alejadas de victimismos que jamás abrazaremos. Porque llevábamos décadas predicando en el desierto. Denunciando los malos tratos y recordando las redes de cuidado desde las que preferimos sobrevivir, antes que abocarnos a una destrucción colectiva que anule el amor y el cuidado. Las feministas, hemos preferido reformularnos.
El amor, ese maldito pegamento mágico. En una
sociedad que nos programa a mujeres y a hombres para no entendernos a la
vez que nos obliga a emparejarnos, algo místico tenía que inventarse
para que sigamos perseverando en esta fórmula absurda que tanto nos
vulnerabiliza.

