Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris June Fernández. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris June Fernández. Mostrar tots els missatges

dilluns, 9 de juny del 2014

El amor en tiempos de fuerte actividad sísmica, Mari Kazetari




Nota: Escribo una columna mensual en la revista vasca Argia, en euskera. No suelo traducir mis artículos a castellano, pero sí que me apetece hacer una excepción con este. Si entiendes euskera, te recomiendo que leas el original. Los corchetes son añadidos que me han salido al traducir. La ilustración la hizo mi amiga Inge Rodríguez Madariaga hace unos años, inspirada por un post que escribí sobre los dramas del amor romántico. Luego me la regaló enmarcada y la tengo en mi casa de Bilbao. Cuando me angustio por amor, me gusta mirarla para no perder el norte.

Terremoto
Hoy, 10 de abril, he vivido por primera vez un terremoto en Managua. Mientras escribo estas líneas, sigo sintiendo las réplicas. Son las once de la noche y el terremoto empezó a las cinco de la tarde. Mi hermano pequeño y su madre llegaron ayer a visitarme. Cada temblor abrupto me da un vuelco al corazón y me contrae el cuello, pero sobre todo me angustia que mi hermano se despierte asustado.

En estos momento extraño a mi última amante. Si esto hubiera ocurrido hace unos meses, ahora me relajaría entre sus brazos. Si no pudiera venir a mi barrio, al menos me reconfortaría hablar por teléfono con ella.
Cuando ocurre una catástrofe, echamos de menos a nuestro pilar afectivo, a la persona que mejor nos transmite seguridad y paz. Para mucha gente, esa persona será su madre, su padre, su abuela o su abuelo. Para otras tal vez su mejor amiga o amigo. La madre de mi hermano (expareja de mi padre) acaba de hablar por teléfono con su hermana, y al colgar ha dicho lo siguiente: " Ahora ya estoy tranquila. Cuando hablo con ella siempre siento que todo va a ir bien". En mi caso, suelen ser las personas con las que tengo una relación sexoafectiva las que me proporcionan mayor sosiego. Esto me preocupa, porque me hace dependiente, siempre siento la necesidad de tener pareja.

dimarts, 25 de setembre del 2012

Carne y pescado, June Fernández


Un buen día recibí un sms de una amiga, en el que me decía que es bisexual, que ha decidido salir del armario como bisexual, y que se ha dado cuenta de que hay una bifobia de la leche. La llamé, un poco desconcertada. No con la revelación en sí, sino con la necesidad de comunicarla, y además con esa solemnidad. Yo sabía que ella había tenido sexo con mujeres (aunque todas sus parejas habían sido hombres), y me llamó la atención esa necesidad de reafirmarse. Me explicó que había decidido que es importante reivindicar la identidad “bisexual” (entendida como persona que puede sentirse atraída y amar tanto a mujeres como a hombres), dado que es cuestionada tanto por las personas heterosexuales, como por gays y lesbianas.

Estoy de acuerdo en lo de la bifobia. He escuchado muchas veces por parte de heteros que pueden entender que a alguien le guste la gente de su mismo sexo, pero que lo de darle a la carne y el pescado es vicio. (Sí, sí, así lo ha expresado gente veinteañera).  También he asistido a los prejuicios y cuestionamientos de muchas lesbianas. Las mismas que animan a que todas nos definamos como lesbianas políticas y que llaman a salirse del binarismo y la heteronorma, tachan de heterocuriosas a las que empiezan a plantearse intimar con mujeres.

diumenge, 15 d’abril del 2012

Crisis (de amor), June Fernández


Llevo meses cabreada con Cristina Yang. Es la de la foto, una de las protagonistas de Anatomía de Grey, la aspirante a médica cardiotorácica fría, ambiciosa y perfeccionista que hace lo que haga falta por quedarse con la operación más complicada, que se ríe del romanticismo y de toda forma de sensiblería. Intentaré explicaros por qué estoy cabreada con ella (bueno, con el equipo de guionistas, claro está) sin destriparos la serie. Cristina tuvo primero una relación larga e intensa con el jefe de cardio, Preston Burke, quien la dejó plantada en el altar. Le costó mucho volver a enamorarse, y lo hizo de Owen Hunt (el de la foto), exmédico militar, jefe de Trauma, traumatizado por su paso por Irak. Una vez Owen logró que Cristina no acudiese a la llamada de su nueva jefa de cardio por estar haciendo el amor con él. Ella le dijo lo siguiente:
Le contó que Burke le fue arrancando pedacitos de su corazón sin que ella se diera cuenta, al punto de convertirla en alguien que no era, en alguien que accedió a mentir por él, a arriesgar su carrera y terminar vestida de novia de cuento con las cejas depiladas. Le dijo que ese día, haciendo que ella fallase en el trabajo, Owen le había arrancado un trocito de su corazón. Y sentenció llorando: “Eso nunca, nunca jamás puede volver a ocurrir”. Pues ocurre.

dijous, 22 de desembre del 2011

Sola (3. parte), June Fernández


Hoy es mi cumpleaños, y por primera vez en mi vida adulta, lo paso sin pareja. Me voy a la cama sola, y cuando mañana me despierten (espero) las primeras llamadas de seres queridos, no habrá nadie abrazado a mí con quien comentar la ilusión que me ha hecho esa llamada. No hay cena romántica, ni la curiosidad por saber con qué regalo me sorprenderá mi pareja.

Hoy (bueno, ayer) tenía como una cierta sensación de extrañeza, como que hay algo diferente este año. Y me he dado cuenta de que es eso, que estoy sola. Y no me he puesto triste ni nada. Me apetece empezar este cumpleaños sola, celebrándolo en silencio, tal vez con una copa de vino ahora, con un desayuno rico por la mañana, mientras escucho el recopilatorio de Pink Martini que me he autoregalado.

Estar soltera por primera vez en nueve años está siendo muy satisfactorio. El modelo de amor romántico (que ha regido mis relaciones casi todo el rato) absorbe mucho tiempo y energía, y en mi caso el drama ha estado más presente de lo debido. Me encanta sentirme el centro de mi vida, hacer tantos planes con mis amigas y amigos, disfrutar de la soledad, ligar sin sentimiento de culpa, sentirme libre para hacer viajes largos… Y sobre todo, la paz que da vivir libre de escenitas de celos, de esperar ansiosa una llamada de teléfono, libre de lloreras… Sinceramente, creo que no podría estar trabajando tanto y gestando tantos nuevos proyectos si siguiera en una de esas relaciones tormentosas.