—¿Qué es el amor? Es la eterna
pregunta. Al inicio de la Humanidad la gente follaba unos con otros,
sin distinciones, esto lo he leído. Todos con todos. Pero un día,
alguien decidió guardar a su pareja, no compartirla. «Es mía»,
dijo. —Respiré hondo sin atreverme a mirar alrededor—. Ahí se
jodió todo. Eso es el amor. Y el amor trajo algo peor: el
matrimonio.
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dimarts, 29 de juliol del 2014
divendres, 3 de gener del 2014
Matrimonio: estado policial, Ana Sharife
Quedar
a tomar café con una amiga casada resulta, cuanto menos, excitante.
El ritual es siempre el mismo. Nos citamos a hurtadillas del marido
en alguna cafetería clandestina, y en el rato que pasamos juntas
nos contamos atropelladamente lo que hemos vivido en ausencia de la
otra. Es como quedar con un preso que ha recibido un breve permiso
penitenciario.
Un
marido o una esposa es un cautivo en nombre de la conservación de
la especie, pero también un reducto tibio de protección, refugio y
paz. Y yo pertenezco a ese grupo de mujeres que mira con envidia a
sus amigas casadas. Con un hombre en casa te evitas las errantes
salidas nocturnas, el me quiere/no me quiere, las rupturas
imprevistas, las noches oscuras sin luna por dentro de la ventana...
dimecres, 20 de febrer del 2013
Por qué los matrimonios abiertos a veces funcionan, Deborah Anapol
El matrimonio abierto no es para cualquiera, pero tampoco la monogamia.
Recientemente, otro blogger en este sitio
escribió un articulo tomando partido por una postura contraria a los
matrimonios abiertos. Si alguien hubiese escrito un articulo similar
acerca de la homosexualidad pienso que la junta editorial hubiese tenido
que dar otra disculpa. Aunque en general hay una pizca de razón en
cualquier punto de vista, es desafortunado que alguien que dice ser un
experto y profesional haya pintado una imagen tan distorsionada del
matrimonio abierto. No hay duda de que ella tuvo buenas intenciones,
pero estaba mal informada, probablemente porque su información proviene
de clientes que están buscando ayuda con la infidelidad y matrimonios
que fracasan. Soy la primera en admitir que las relaciones poliamorosas
tienen su cuota justa de disfunción, pero también existen muchos
matrimonios abiertos sanos y felices.
dijous, 7 de febrer del 2013
Carta de amor de una mujer hermosa, libre y valiente, Amelia Earhart
En la mañana del 7 de febrero de 1931, unas horas antes de contraer matrimonio, Amelia Earhart se sentó a escribir esta carta dirigida a su futuro esposo, George P. Putnam.
Amelia era ya por aquel entonces un mito de la aventura: en 1927 se había convertido en la primera mujer que cruzaba el Atlántico en monoplano.
Creo que esta es la carta de amor más hermosa, libre y valiente que jamás he leído:
Querido GPP,
Creo que debería dejar escritas algunas cosas antes de que nos casemos, aunque ya hayamos hablado muchas veces sobre ellas.
divendres, 16 de juliol del 2010
El matrimonio es inmoral, Rene Chaughi
Texto publicado en la antología El amor libre: la revolución sexual de los anarquistas, Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1973.
Dos seres, un hombre y una mujer, se aman. ¿Acaso pensamos que serán lo suficiente discretos para no pregonar de casa en casa el día y la hora en que...? Pensamos mal. Esta gente no parará hasta que hayan participado a todo el mundo sus propósitos: parientes, amigos, proveedores y vecinos recibirán la confidencia. Hasta entonces no creerán permitida la “cosa”. Y no hablo de los matrimonios de interés, en los que la inmoralidad es flagrante desde un principio; me ocupo del amor, y veo que, lejos de purificarlo y darle una sanción que no ha menester, el matrimonio lo rebaja y lo envilece.
El futuro esposo se dirige al padre y a la madre y les pide permiso para acostarse con su hija. Esto es ya de un gusto dudoso. ¿Qué responden los padres? Deseosos de asimilar su hija a esas damas tan necias, ridículas y distinguidas como ricas, quieren conocer el contenido de su portamonedas, su situación en el mundo, su porvenir; en una palabra, saber si es un tonto serio. No hay otra expresión mejor para calificar a este tratante.
Veamos a nuestro joven aceptado. No pensemos que la serie de inmoralidades está cerrada: no hace más que comenzar. Desde luego, cada uno va en busca de su notario, y tienen principio, entre las dos partes, largas y agrias discusiones de comerciante en las que cada uno quiere recibir mucho más de lo que da; dicho de otro modo: en las que cada uno trata de hacer su negocio. La poca inclinación que los dos jóvenes pueden sentir el uno por el otro, los padres parecen empeñarse en desvanecerla, emporcándola y ahogándola bajo sórdidas preocupaciones de lucro. Después vienen las amonestaciones en las que se hace saber, a son de trompetas, que en tal fecha el señor “X” fornicará, por primera vez, con la señorita “Y”.
Dos seres, un hombre y una mujer, se aman. ¿Acaso pensamos que serán lo suficiente discretos para no pregonar de casa en casa el día y la hora en que...? Pensamos mal. Esta gente no parará hasta que hayan participado a todo el mundo sus propósitos: parientes, amigos, proveedores y vecinos recibirán la confidencia. Hasta entonces no creerán permitida la “cosa”. Y no hablo de los matrimonios de interés, en los que la inmoralidad es flagrante desde un principio; me ocupo del amor, y veo que, lejos de purificarlo y darle una sanción que no ha menester, el matrimonio lo rebaja y lo envilece.
El futuro esposo se dirige al padre y a la madre y les pide permiso para acostarse con su hija. Esto es ya de un gusto dudoso. ¿Qué responden los padres? Deseosos de asimilar su hija a esas damas tan necias, ridículas y distinguidas como ricas, quieren conocer el contenido de su portamonedas, su situación en el mundo, su porvenir; en una palabra, saber si es un tonto serio. No hay otra expresión mejor para calificar a este tratante.
Veamos a nuestro joven aceptado. No pensemos que la serie de inmoralidades está cerrada: no hace más que comenzar. Desde luego, cada uno va en busca de su notario, y tienen principio, entre las dos partes, largas y agrias discusiones de comerciante en las que cada uno quiere recibir mucho más de lo que da; dicho de otro modo: en las que cada uno trata de hacer su negocio. La poca inclinación que los dos jóvenes pueden sentir el uno por el otro, los padres parecen empeñarse en desvanecerla, emporcándola y ahogándola bajo sórdidas preocupaciones de lucro. Después vienen las amonestaciones en las que se hace saber, a son de trompetas, que en tal fecha el señor “X” fornicará, por primera vez, con la señorita “Y”.
El marido y el amante, Roberto de las Carreras
Roberto de las Carreras (1873-1963), dandy, polemista, provocador uruguayo, hijo de Ernesto de las Carreras y de Clara García de Zúñiga, fue amigo de Julio Herrera y Reissig, quien compartió muchas de sus ideas y aventuras. Entre sus libros y folletos se cuentan Al lector, Sueño de Oriente, La tragedia del Prado, La crisis del matrimonio, Oración pagana, Psalmo a Venus Cavalieri. Estos fragmentos corresponden a Amor libre: interviews voluptuosos con Roberto de las Carreras, cuya primera parte se publicó en La Rebelión el 25 de agosto de 1902.
Subyugué durante cuatro largos años a una mujer nerviosamente apasionada, un filtro mágico de corrosiva lujuria, una cantárida humana, una berberisca de mis sueños de harén: exotismo viviente en este país en que las mujeres son pacíficas y se destacan por un aire doméstico, por una expresión desesperante de monótona tontería. ¡Ella parece más bien una hija abrasada de los fúlgidos arenales, con sangre de pantera, exacerbados los sentidos por las llamas del Simún!
¡Conservar una mujer encendida durante cuatro años es un prodigio que no puede comprenderse entre nosotros!
Cierto, no han de enorgullecerse de él los inocentes maridos, para los cuales la luna de miel dura apenas lo que una luna: cuatro semanas; que confunden con ingenuidad nimbada la fidelidad que sus mujeres guardan a la Opinión Pública o al Deber, con una fidelidad de amor por su zafia, palurda y caricaturesca persona.
Subyugué durante cuatro largos años a una mujer nerviosamente apasionada, un filtro mágico de corrosiva lujuria, una cantárida humana, una berberisca de mis sueños de harén: exotismo viviente en este país en que las mujeres son pacíficas y se destacan por un aire doméstico, por una expresión desesperante de monótona tontería. ¡Ella parece más bien una hija abrasada de los fúlgidos arenales, con sangre de pantera, exacerbados los sentidos por las llamas del Simún!
¡Conservar una mujer encendida durante cuatro años es un prodigio que no puede comprenderse entre nosotros!
Cierto, no han de enorgullecerse de él los inocentes maridos, para los cuales la luna de miel dura apenas lo que una luna: cuatro semanas; que confunden con ingenuidad nimbada la fidelidad que sus mujeres guardan a la Opinión Pública o al Deber, con una fidelidad de amor por su zafia, palurda y caricaturesca persona.
No os caséis, Pepita Guerra
Extractado del artículo “¿Amemos? no. ¡Luchemos!” de La Voz de la Mujer Nº 2, enero 31 de 1896, Buenos Aires, reproducido por la Universidad Nacional de Quilmes, 1997. Este periódico, cuya publicación se extendió por nueve números entre 1896/97, fue vocero del feminismo anarquista.
¡Jóvenes, niñas, mujeres en general, de la presente sociedad!
Si no queréis convertiros en prostitutas, en esclavas sin voluntad de pensar ni sentir, ¡no os caséis!
Vosotras, las mujeres, ¿qué somos? (sic) ¡Algo! ¿Qué se nos considera? ¡Nada!
Vosotras, las que pensáis encontrar amor y ternezas en el hogar, sabed que no encontraréis otra cosa que un amo, un señor, un rey, un tirano.
¡Jóvenes, niñas, mujeres en general, de la presente sociedad!
Si no queréis convertiros en prostitutas, en esclavas sin voluntad de pensar ni sentir, ¡no os caséis!
Vosotras, las mujeres, ¿qué somos? (sic) ¡Algo! ¿Qué se nos considera? ¡Nada!
Vosotras, las que pensáis encontrar amor y ternezas en el hogar, sabed que no encontraréis otra cosa que un amo, un señor, un rey, un tirano.
divendres, 25 de setembre del 2009
Amor y pedagogía, Miguel de Unamuno

Porque es de saber, antes de proseguir nuestro relato, que los matrimonios pueden ser inductivos o deductivos. Ocurre, en efecto, con harta frecuencia, que rodando por el mundo se encuentra el hombre con un gentil cuerpecito femenino que con sus aires y andares le hiere las cuerdas del meollo del espinazo, con unos ojos y una boca que se le meten al corazón, se enamora, pierde pie, y una vez en la resaca no halla mejor medio de salir a flote que no sea haciendo suyo el garboso cuerpecito con el contenido espiritual que tenga, si es que le tiene. He aquí un matrimonio inductivo. En otros casos, acontece que al llegar a cierta edad experimenta el hombre un inexplicable vacío, que algo le falta, y sintiendo que no está bien que esté el hombre solo, se echa a buscar viviente vaso en que verter aquella redundancia de vida que por sensación de carencia se le revela. Busca mujer entonces y con ella se casa en matrimonio deductivo. Todo lo cual equivale a decir que, o ya precede la novia a la idea de casarse, conduciéndonos aquélla a ésta, o ya el propósito del casorio nos lleva a la novia.
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